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Patrimonio

El Mercado de Calatrava: historia y despertar de Mérida

Dejará atrás su vieja función comercial para convertirse en el Museo de Historia y Arqueología de Mérida, un espacio llamado a contar la evolución de la ciudad desde sus orígenes hasta la actualidad. El Periódico Extremadura ofrece en este reportaje un recorrido sobre la evolución de un lugar mítico

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

El Mercado de Calatrava fue durante años una de esas piezas de Mérida que no necesitaban presentarse. Era mercado, sí, pero también rutina, conversación, olor a género fresco, comercio de proximidad y trato cercano. Un edificio ligado al día a día de varias generaciones de emeritenses que ahora encara una segunda existencia muy distinta, pero igual de simbólica: dejará atrás su vieja función comercial para convertirse en el Museo de Historia y Arqueología de Mérida, un espacio llamado a contar la evolución de la ciudad desde sus orígenes hasta la actualidad.

La transformación del antiguo mercado ya está en marcha. Las obras han sido adjudicadas a Ferrovial Construcción S.A. por un importe de 3,5 millones de euros y cuentan con financiación europea a través del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, mediante una asignación directa al Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España. El proyecto arquitectónico corresponde a Ángel Hernández Espada, que del mismo modo asume la dirección de obra.

Un recorrido por 21 siglos

La idea va mucho más allá de rehabilitar un Inmueble. El futuro museo plantea un recorrido por 21 siglos de historia de Mérida a través de maquetas, piezas originales y recursos que permitirán entender la evolución urbanística de la localidad y los grandiosos acontecimientos que la han ido moldeando. Será, en palabras del propio proyecto municipal, un espacio pensado tanto para visitantes como para emeritenses, una puerta de entrada al relato completo de un municipio que convive con Roma a diario, pero que necesita explicar todo lo que vino después.

Uno de los aspectos más llamativos de la reforma será la recuperación del edificio como espacio ciudadano. El diseño plantea el mercado como una nueva plaza pública cubierta, con la recuperación del acceso principal desde la calle Santa Eulalia y una concepción abierta, accesible y sostenible. La intervención busca que el edificio no sea solo un museo al uso, sino un lugar de paso, encuentro y actividad, capaz de devolver vida a un entorno céntrico que durante años ha esperado una nueva oportunidad.

La futura musealización correrá a cargo del Consorcio de la Ciudad Monumental, que será también el encargado de gestionar el espacio cultural una vez finalicen las obras. La previsión marcada por las informaciones oficiales sitúa el final de la construcción a finales de 2026, tras lo cual llegará la fase museográfica que dará contenido definitivo al recorrido.

La ciudad no pierde un mercado: gana un espacio para contarse

El cambio tiene una carga emocional evidente. Los mercados no son simples edificaciones: son archivos de voces. En sus puestos se compraba, se fiaba, se preguntaba por la familia, se comentaba la actualidad y se medía el pulso económico de la ciudad. Por eso la conversión del Calatrava en museo no borra su pasado, sino que lo incorpora a una nueva etapa. La capital extremeña no pierde un mercado vacío; gana un espacio para contarse a sí misma.

El proyecto llega, además, en un momento en el que Mérida busca reforzar su condición de ciudad patrimonial sin quedar atrapada solo en la postal romana. El futuro Museo de Historia y Arqueología aspira a ordenar el relato urbano, a explicar cómo Augusta Emerita se transformó a lo largo de los siglos y cómo cada época dejó una huella visible o subterránea en sus calles.

El consistorio ha defendido que el nuevo museo actuará como un tractor económico para la zona, tanto por su capacidad para atraer visitantes como por su efecto sobre el comercio, la hostelería y los recorridos culturales del centro. La ubicación del Mercado de Calatrava, cercana a la calle Santa Eulalia y conectada con el corazón urbano de Mérida, convierte el proyecto en una pieza estratégica para redistribuir flujos turísticos y recuperar actividad en un enclave con enorme potencial.

La obra también se inscribe en una tendencia cada vez más presente en ciudades históricas: reutilizar inmuebles con memoria para darles funciones culturales contemporáneas. No se trata de levantar nuevos iconos, sino de rescatar estructuras que ya forman parte de la vida de la localidad y devolverlas al uso público.

Cuando abra sus puertas, el antiguo Mercado de Calatrava ya no venderá frutas, pescado o carne, pero seguirá haciendo algo muy parecido a lo que hizo siempre: reunir a la gente. Antes lo hacía alrededor de los puestos. Ahora lo hará alrededor de la historia. Y en una ciudad como la capital extremeña, donde el pasado nunca está del todo enterrado, esa nueva vida puede ser una de las grandes noticias culturales de la década.

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