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Tribuna

Premios Max en Mérida: ¿Quién pagó realmente la función? (I)

La Fundación SGAE, organizadora de los galardones, recibe el respaldo económico y logístico de varias instituciones públicas y colaboradoras

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José Manuel Villafaina

José Manuel Villafaina

Mérida

Los Premios Max desembarcaron por primera vez en el Teatro Romano de Mérida con una gala visualmente atractiva, ágil y sostenida, con sus aciertos y desaciertos, en buena medida por el talento de artistas extremeños. Sin embargo, una vez apagados los focos y retiradas las alfombras rojas, quedaba en el aire una pregunta que algunos observadores del teatro extremeño formulaban en voz baja: ¿quién pagó realmente la función?

La cuestión no es menor. Los Premios Max son una iniciativa de la Fundación SGAE, entidad financiada fundamentalmente mediante los derechos generados por los propios autores. Así lo recordaba públicamente, con su habitual ironía y lucidez, el dramaturgo Manuel Martínez Mediero en declaraciones el pasado 5 de junio: «Estos premios los pagamos los autores, aquí no hay dinero bobo».

Al mismo tiempo, es sabido que la gala contó con el respaldo económico y logístico de la Junta de Extremadura, el Ayuntamiento de Mérida, el Consorcio de la Ciudad Monumental, RTVE, el Ministerio de Cultura y diversas entidades colaboradoras. Todo ello figura en la información oficial difundida con motivo del evento. Lo que resulta más difícil encontrar es el desglose concreto de las aportaciones realizadas por cada institución y la valoración del retorno obtenido por cada una de ellas. Y es ahí donde la cuestión deja de ser teatral para convertirse en un asunto de transparencia pública.

Se trata, simplemente, de conocer cuánto costó la gala, qué recursos aportó cada administración y qué beneficios culturales, económicos o promocionales obtuvo a cambio. Los ciudadanos tienen derecho a conocer el destino de los fondos públicos y los propios autores a saber qué papel desempeñan sus aportaciones en la financiación de unos premios que llevan su nombre. Al fin y al cabo, los focos iluminan el escenario. Pero también deberían iluminar las cuentas.

Conviene recordar, además, una realidad elemental: el Teatro Romano de Mérida no necesita prestigio prestado. El prestigio lo aporta Mérida y lo encarna uno de los conjuntos patrimoniales más extraordinarios de España. Celebrar allí los Premios Max no engrandece al monumento; más bien sucede lo contrario. Es el monumento quien confiere singularidad, relevancia y proyección a unos galardones cuya influencia pública ya no parece tan indiscutible como en otras etapas.

Por ello, resulta legítimo preguntarse si existe una correspondencia equilibrada entre lo que Extremadura aporta y lo que recibe a cambio. Esa cuestión merece, cuando menos, una explicación transparente. A mi juicio, sería la propia SGAE quien debería asumir el coste del alquiler de un espacio tan excepcional como el Teatro Romano, precisamente por el valor simbólico, histórico y cultural que incorpora a la ceremonia.

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