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Entrevista | En primera persona

Rubentonces: "Me veo en Mérida haciendo una parodia de 'La vida de Brian' vestido de romano"

El extremeño que triunfa en las redes sociales

Rubentonces: "Me veo en Mérida haciendo una parodia de 'La vida de Brian' vestido de romano"

Alberto Manzano Cortés

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

Rubentonces, nombre artístico de Rubén González Morales, nació el 17 de mayo de 1992 en Puebla de Sancho Pérez (Badajoz) y se ha hecho un hueco en las redes sociales contando lo de siempre de una forma distinta, con humor y con rapidez. De una ocurrencia o una anécdota puede salir un vídeo que acabe viendo medio país. Sus publicaciones acumulan millones de visualizaciones, pero al otro lado de la pantalla aparece alguien cercano, sencillo y con los pies en el suelo, un humilde entre los grandes. Atiende a este periódico en su casa de Madrid, entre la rutina familiar y el trabajo, y habla sin disfraz de Extremadura, de lo que se echa de menos cuando se vive fuera, de la paternidad, de la inteligencia artificial, de Raquel, su chica, de los recuerdos de su pueblo y de lo que significa grabar con su padre. Entre bromas y respuestas, deja claro que detrás del personaje hay una vida normal, oficio y una mirada muy suya.

P. ¿Cómo se ve Extremadura desde Madrid?

R. Con nostalgia. Extremadura se lleva muy presente cuando se vive fuera, sobre todo porque allí siguen estando mi familia y mis amigos. En Madrid también tengo un buen círculo, pero la tranquilidad, la forma de vivir y hasta cómo se come son cosas que se añoran especialmente. Es una tierra que, cuando la miras desde lejos, valoras todavía más.

P. ¿Qué significa estar de buen humor?

R. Ahora mismo lo echo de menos. El trabajo, el niño y el ritmo del día a día te van absorbiendo demasiado. Estar de buen humor parece algo sencillo, pero no siempre sale solo. Por eso lo valoro tanto. Casi al nivel de Extremadura.

Rubentonces atiende a este periódico desde su casa de Madrid, con Extremadura, el humor y la familia siempre presentes.

Rubentonces atiende a este periódico desde su casa de Madrid, con Extremadura, el humor y la familia siempre presentes. / Alberto Manzano

P. Si tuviera que hacer una parodia de Donald Trump, ¿por dónde empezaría?

R. Es que Donald Trump ya tiene mucho de parodia en sí mismo. Hay personajes públicos que llegan tan marcados, con tantos gestos, frases y formas de comportarse, que no hace falta llevarlos demasiado lejos. En esos casos, el humor está casi en observarlos bien y exagerar solamente un poco lo que ya muestran.

P. ¿Cómo le ha cambiado la vida la paternidad?

R. La paternidad te cambia la vida por completo. Todo lo que estabas haciendo se para un poco y tienes que estar al cien por cien pendiente del peque. En plena entrevista puedo estar hablando y, al mismo tiempo, tener un ojo puesto en él porque anda por ahí con cualquier cosa en la mano. Cambian los horarios, cambia la cabeza y cambia la manera de organizarse. Pero también te cambia la forma de mirar la vida.

P. ¿Le gustaría grabar algún vídeo en el Teatro Romano de Mérida?

R. Sí, claro, me encantaría. Me veo perfectamente vestido de romano haciendo alguna parodia. Además, el Teatro Romano tiene una acústica increíble, cosas de los romanos de antiguamente. Creo que allí podrían salir vídeos chulos. Una escena de La vida de Brian o algo del César llevado a los tiempos actuales encajaría muy bien en un lugar así, mezclando historia, humor y actualidad.

Rubentonces mira al Teatro Romano de Mérida para llevar su humor vestido de romano.

Rubentonces mira al Teatro Romano de Mérida para llevar su humor vestido de romano. / Alberto Manzano

P. En una profesión tan ligada a las redes, ¿cree que esto tiene punto final o es una carrera que obliga a reinventarse?

R. No creo que sea infinita tal y como la conocemos ahora. Todo está cambiando mucho, sobre todo con la inteligencia artificial. No lo veo como un punto final, sino como una evolución. Si quieres vivir de esto durante bastante tiempo, tienes que currártelo y actualizarse junto a la tecnología. Ahora mismo no me veo con 50 años poniéndome una peluca para hacer vídeos, así que seguramente tocará reinventarse de alguna manera.

Inteligencia artificial

P. ¿Le preocupa la inteligencia artificial como creador de contenido?

R. Está claro que la inteligencia artificial no te va a quitar el trabajo por sí sola, pero quien sepa utilizarla sí puede quitártelo. En mi caso es más complicado, porque lo mío tiene mucho de interpretación, humor y personalidad, pero nunca se puede decir nunca. Ya hay gente perdiendo trabajos porque una IA hace ciertas cosas más rápido, no se cansa y puede estar funcionando las 24 horas. Por eso creo que la clave es adaptarse y aprender a convivir con esa tecnología.

P. Raquel, su chica, también forma parte de su vida y de su piel. ¿Qué hay detrás de esos tatuajes hechos por ella?

R. Raquel es el amor de mi vida. Y detrás de esos tatuajes hay mucho más que un dibujo. Hay arte, pulso y numerosas horas de trabajo. Es un sector muy difícil, porque hay gente con muchísimo talento, pero ella trabaja estupendamente, sobre todo con la línea fina, y para eso hace falta casi un pulso de cirujano. A mí me ha tatuado ella y creo que solo lo hará ella.

P. Cuando mira hacia sus raíces, ¿qué recuerdos conserva de su pueblo?

R. Tengo un montón de recuerdos bonitos con mis amigos, sobre todo de cuando grabábamos vídeos con una cámara digital pequeñita. En un pueblo de unas 3.500 personas tampoco había tantas cosas que hacer, así que nos poníamos a hacer el tonto y a grabar. Me encantaría recuperar esas imágenes para volver a verlas. Además guardo recuerdos muy bonitos de pequeño, como una discoteca de verano que se llamaba La Joker, donde iba con mi hermana y me lo pasaba muy bien.

P. Ahora comparte cámara con su padre. ¿Qué valor tienen esos vídeos familiares?

R. Para mí tienen un valor enorme. Grabar con mi padre no es solo hacer una broma o sacar un vídeo. Es saber que, cuando pase el tiempo, tendré esos momentos guardados para volver a ellos y recordar lo bien que lo pasábamos juntos. Más allá de las fotos, quedan esas escenas compartidas, esa complicidad y unos recuerdos que con los años tendrán todavía más valor.

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