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Proyecto Marxe

Los arqueólogos de Mérida que buscan la Galicia sumergida

El Instituto de Arqueología de Mérida coordina una investigación que reconstruirá la ocupación humana y los cambios del paisaje en la ría de Arousa durante los últimos 8.000 años

Imagen aérea de la ría de Arousa.

Imagen aérea de la ría de Arousa. / IÑAKI ABELLA

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Mérida

La investigación parte de Mérida, pero su escenario se encuentra a cientos de kilómetros. El Instituto de Arqueología de Mérida (IAM), centro mixto del CSIC y la Junta de Extremadura, coordina un proyecto que pretende averiguar cómo vivieron las comunidades prehistóricas en la ría de Arousa y de qué manera se adaptaron a un paisaje sometido durante milenios a profundas transformaciones.

Bajo el nombre de Marxe, la iniciativa reúne al IAM, la Universidad de Extremadura (UEx) y la Universidade de Santiago de Compostela (USC). El equipo interdisciplinar lleva más de 15 años trabajando en la zona y abordará ahora una investigación que se prolongará hasta 2029, financiada por el Plan Estatal de Proyectos de Generación de Conocimiento del Ministerio de Ciencia.

Del Neolítico a la Edad de Bronce

El objetivo es reconstruir la ocupación de las islas y márgenes de la ría entre el Neolítico y la Edad del Bronce, desde el sexto hasta el segundo milenio antes de nuestra era, y relacionarla con los cambios ambientales y geográficos registrados durante el Holoceno.

«Pretendemos comprender cómo las sociedades del Neolítico y de la Edad del Bronce ocuparon las zonas costeras e insulares de la ría de Arousa, y cómo estas comunidades modificaron el medio y se adaptaron a los cambios», explica en declaraciones a Europa Press Elías López-Romero, investigador del IAM-CSIC en Mérida, coordinador del proyecto y corresponsable de su vertiente arqueológica.

Los arqueólogos de Mérida que buscan la Galicia sumergida

Los arqueólogos de Mérida que buscan la Galicia sumergida / El Periódico

Un paisaje hoy sumergido

El litoral que conocieron aquellas poblaciones no era como el actual. La evolución del nivel del mar, la erosión y la acumulación de sedimentos transformaron progresivamente la costa. Para reconstruir ese escenario, el proyecto Marxe combinará el estudio de los vestigios humanos con el análisis geomorfológico del terreno.

Los investigadores elaborarán un inventario actualizado de yacimientos y depósitos sedimentarios, efectuarán prospecciones y analizarán materiales mediante técnicas físico-químicas. También utilizarán escáneres láser 3D, fotogrametría digital, drones, sensores LiDAR y sistemas para vigilar la erosión costera. Las dataciones por radiocarbono y luminiscencia permitirán precisar cuándo se produjeron las ocupaciones y cómo se formaron los distintos suelos.

Cinco enclaves

Las investigaciones se concentrarán en cinco enclaves: la isla de Sálvora, el complejo intermareal Umia-O Grove, la isla de Arousa y los islotes Guidoiro Areoso y Pedregoso, la isla de Cortegada y el municipio de Boiro. En ellos se conservan monumentos megalíticos, cistas funerarias, concheros prehistóricos, paleosuelos y otros testimonios capaces de revelar cómo era la vida junto al mar. Estas zonas, apunta Manuela Costa Casais, de la USC y responsable del subproyecto 2, «albergan evidencias de ocupación, monumentos megalíticos, cistas funerarias, concheros prehistóricos, paleosuelos y depósitos edafo-sedimentarios que permiten reconstruir la evolución del paisaje litoral en relación con la ocupación humana».

Aunque Galicia posee el litoral más extenso de España, María Eugenia Polo, investigadora de la UEx y corresponsable del subproyecto arqueológico, recuerda que la prehistoria de sus islas, islotes y espacios intermareales todavía ha sido poco estudiada, pese a que estos lugares conservan algunos de los registros arqueológicos y ambientales más valiosos del noroeste peninsular.

La investigación tiene además una dimensión urgente. El ascenso del nivel del mar, la erosión y los episodios meteorológicos extremos amenazan varios de esos yacimientos. El proyecto coordinado desde Mérida tratará así no solo de reconstruir ocho milenios de relación entre las personas y el litoral, sino también de documentar un patrimonio que el cambio climático podría hacer desaparecer.

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