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Patrimonio natural

El drago que Nati cuidó 24 años en su patio echa raíces junto a la Mérida romana

La vecina trajo el ejemplar desde Tenerife y lo ha donado para incorporarlo a los jardines de la República Argentina

El ejemplar, criado durante 24 años por Nati tras traerlo desde Tenerife, luce ya en su nueva ubicación junto al conjunto monumental romano.

El ejemplar, criado durante 24 años por Nati tras traerlo desde Tenerife, luce ya en su nueva ubicación junto al conjunto monumental romano. / Ayuntamiento de Mérida

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

De un macetero en el patio de una vivienda emeritense a crecer junto a algunos de los principales vestigios de la antigua Augusta Emerita. Nati trajo este drago desde Tenerife hace 24 años y lo ha cuidado desde entonces, hasta que ella y su familia han decidido donarlo a la ciudad. El ejemplar ya ha sido plantado en los jardines de la República Argentina, entre la Casa del Anfiteatro y el Anfiteatro Romano.

El drago (Dracaena draco) es una de las especies más representativas de la vegetación canaria. Se caracteriza por su crecimiento lento, su copa con forma de paraguas y su extraordinaria longevidad, ya que puede vivir varios cientos de años. Es una planta de hoja perenne que suele alcanzar entre cinco y diez metros, aunque los ejemplares más antiguos pueden superar esa altura, y posee una característica savia rojiza conocida popularmente como “sangre de drago”.

El ejemplar, criado durante 24 años por Nati tras traerlo desde Tenerife, luce ya en su nueva ubicación junto al conjunto monumental romano.

Operarios municipales trasladan y plantan el drago donado por una familia emeritense en los jardines de la República Argentina. / Ayuntamiento de Mérida

Nota diferente al paisaje vegetal

Su llegada aporta una nota diferente al paisaje vegetal emeritense, dominado habitualmente por árboles adaptados al clima mediterráneo y a los intensos veranos, como plátanos de sombra, pinos, olivos, naranjos, palmeras o jacarandas. Frente a estas especies frecuentes en parques, plazas y avenidas, el drago introduce una silueta singular y exótica que, con el paso de los años, puede convertirse en uno de los ejemplares más reconocibles de esta zona verde.

Con esta donación, la capital extremeña suma una nueva especie a su patrimonio natural en un enclave de valor histórico y paisajístico. La ciudad confía ahora en que el árbol se adapte favorablemente a su nueva ubicación y continúe creciendo durante muchos años, convertido en una singular conexión vegetal entre las islas Canarias y el pasado romano emeritense.

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