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El capitel

Eulalia renueva temporada en el Mérida

La equipación incorpora por primera vez la imagen de la Patrona, un símbolo que une al club con la historia y las tradiciones de la capital extremeña

Detalle del pequeño emblema de Santa Eulalia incorporado a la equipación del Mérida para esta temporada.

Detalle del pequeño emblema de Santa Eulalia incorporado a la equipación del Mérida para esta temporada. / Cedida a El Periódico Extremadura

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Mario Hernández

Mario Hernández

Mérida

Hay que fijarse un poco para descubrirla. Está en la parte posterior de la nueva camiseta del Mérida, justo en la cerviz. Es pequeña, discreta, apenas un holograma con la imagen de nuestra Patrona que no está ahí por casualidad porque, una temporada más, Eulalia vuelve a acompañar al Mérida.

Puede parecer un detalle menor pero en Mérida sabemos que las cosas importantes no siempre necesitan ocupar mucho espacio. A veces basta una imagen para despertar una historia entera, una memoria que hemos ido heredando de nuestros padres y abuelos y que es parte de nuestra manera de entender la ciudad.

Por eso tiene tanto sentido que Eulalia aparezca en la nueva equipación. El Mérida no es solamente un equipo de fútbol, es parte de nuestra identidad y, como ocurre con todo aquello que sentimos como propio, termina llevando consigo historias y tradiciones que nos han acompañado durante generaciones.

La imagen de Santa Eulalia aparece en la parte posterior de la camiseta del Mérida, justo bajo el cuello.

La imagen de Santa Eulalia aparece en la parte posterior de la camiseta del Mérida, justo bajo el cuello. / Cedida a El Periódico Extremadura

Eulalia es alcaldesa perpetua de Mérida sin campañas electorales, sin partidos, sin siglas y sin confrontación; sin necesidad de levantar la voz -ya lo hizo en su tiempo-. Lo es por nacimiento, por historia y por el cariño que durante siglos le han profesado generaciones.

Quizá por eso Eulalia continúa siendo un punto de encuentro en una ciudad en la que, aunque pensemos diferente y defendamos posiciones que a veces pueden estar muy alejadas, su nombre consigue situarnos en un territorio común.

Para algunos representa la Fe; para otros, tradición, historia o la memoria de la ciudad en la que nacieron. Lo importante es que, de una forma u otra, Eulalia forma parte de nuestra historia colectiva.

Una tradición que también viste de blanquinegro

También el Mérida la ha incorporado a su propia historia. Cada diciembre sus jugadores pasan por la basílica para rendirle homenaje, algo que ya se ha convertido en una tradición en el equipo. En los ascensos, en las permanencias sufridas y en aquellas victorias que permanecen durante años en la memoria de la afición, siempre aparece de una manera u otra el recuerdo de la Mártir.

Porque Eulalia está mucho más allá del fútbol. Está en los caramelos que durante tantos años llevaron su nombre y que hoy son un recuerdo de nuestra infancia -aunque de vez en cuando los saboreemos- ; en la plaza que cada diciembre reúne a miles de personas y en las dos calles que llevan su nombre, una de ellas siguiendo el trazado del antiguo Cardo Máximo. Está en las peregrinaciones de quienes llegan hasta Mérida buscando sus pasos.

Y también en aquellas estampas que nuestros abuelos guardaban en sus carteras, gastadas por el paso de los años, junto a fotografías familiares y pequeños recuerdos porque era parte de su casa y de su historia.

Vídeo | Apertura de la Puerta Santa de la Basílica de Mérida por el Año Jubilar Eulaliense

Jorge Armestar

Quizá por eso resulta tan especial encontrarla en una camiseta de fútbol. Porque esa pequeña imagen reúne dos mundos que en Mérida llevan mucho tiempo caminando juntos, la ciudad y su equipo, el presente y la memoria, lo que somos y todo aquello que nos ha traído hasta aquí.

Cuando el Mérida salga al césped del Romano esta temporada llevará sus colores, su escudo el esfuerzo de quienes defienden la camiseta y, también, un pequeño pedazo de la ciudad. En esa imagen de Eulalia estará la Mérida de quienes acudían al fútbol hace décadas y la de quienes ahora llevan a sus hijos para que aprendan a querer unos colores que terminarán formando parte de sus propios recuerdos.

Porque abonarse al Mérida también consiste en heredar historias, recordar un gol, un ascenso, una permanencia agónica o incluso una derrota que, con los años, termina convirtiéndose en una anécdota más para contar.

Una pequeña imagen para una historia que permanece

La camiseta cambiará, los jugadores y entrenadores pasarán y las temporadas quedarán atrás. Pero mientras el Mérida siga saliendo al césped del Romano, habrá algo que permanecerá acompañándolo, una pequeña imagen en la parte posterior de la camiseta, una vieja historia que sigue viva, nuestra Eulalia.

Y quizá esa sea la mejor manera de comenzar una nueva temporada en la que, además de once jugadores sobre el césped, llevará consigo a toda una ciudad. Porque mientras exista un Mérida sobre el terreno de juego, nuestra ciudad siempre jugará con una más, Eulalia.

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