Música y patrimonio
La magia de hacer sonar el primer teclado de la historia en el Museo Romano de Mérida
Alberto Ruiz convierte la demostración del 'hydraulis' en una experiencia cercana y participativa que acerca al público a los sonidos de la antigua Roma

A. M.

Primero ha sido el agua. Después, el aire. Y finalmente, la música. Más de dos mil años han desaparecido por unos instantes este miércoles cuando Alberto Ruiz ha colocado las manos sobre el 'hydraulis' y sus tubos han comenzado a sonar en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Sin electricidad, cables ni tecnología moderna. Solo un ingenio nacido en la Antigüedad y un intérprete dispuesto a devolverle la voz. "Es el primer teclado de la historia", resumía Ruiz antes de comenzar una demostración que ha tenido mucho más de viaje en el tiempo que de simple concierto.
No es un piano y tampoco encaja exactamente en lo que hoy entendemos por órgano. "Ni siquiera se podría clasificar como un órgano", precisa Ruiz. El 'hydraulis', nacido en el siglo III antes de Cristo, utilizó soluciones que siglos después aparecerían en otros instrumentos de teclado. Pero la explicación técnica pronto ha dado paso al espectáculo. Su pasión al pulsar las teclas, la naturalidad con la que conversa y su capacidad para involucrar a los asistentes han convertido cada interpretación en una experiencia compartida. El público escucha, pregunta y termina entendiendo qué ocurre dentro de aquella sorprendente máquina musical.

Más de 2.000 años después, el ‘hydraulis’, considerado el primer teclado de la historia, vuelve a sonar ante el público del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. / Alberto Manzano
Agua y aire convertidos en música
El secreto está en una combinación tan sencilla de explicar como difícil de imaginar hace más de dos milenios. "Tiene la particularidad de un uso muy bien combinado del aire con el agua", cuenta el músico. El sistema permite mantener la presión necesaria para que el aire llegue hasta los tubos y nazca el sonido. "Esa combinación, ese sándwich, es el que produce el sonido". Y cuando llega, tiene una personalidad inconfundible. "Lo que se alimenta son tubos, son flautas, por lo tanto es un sonido flautado". Dependiendo de los registros utilizados, el volumen aumenta e incluso pueden conseguirse distintos efectos armónicos.
Alberto Ruiz ha preparado cuatro o cinco composiciones, varias de ellas reconstruidas y adaptadas a partir de restos de música antigua. También ha incluido una pieza contemporánea creada expresamente para acercarse al lenguaje musical de aquella época. "Es una composición actual, pero nos traslada a aquella época", explica. No resulta sencillo. El teclado del 'hydraulis' tiene menos posibilidades que uno moderno y obliga a modificar tonos y estructuras. Muchas piezas pensadas originalmente para ser cantadas o interpretadas con instrumentos de viento han tenido que adaptarse para volver a sonar entre sus teclas.
La solemnidad de Roma también ha dejado espacio para la sonrisa. ¿Podría tocarse Mozart? ¿David Bisbal? ¿Un cumpleaños feliz? "¿Por qué no?", responde Ruiz. El instrumento presenta limitaciones porque dispone de una secuencia concreta de tonos y semitonos y muy pocas alteraciones, pero siempre queda la posibilidad de adaptar la pieza. "Tendrías que hacer una adaptación", apunta. Con la música antigua, sin embargo, el instrumento juega en casa. "Como esta música es eminentemente modal puede tocarse prácticamente todo lo de la época".

Más de 2.000 años después, el ‘hydraulis’, considerado el primer teclado de la historia, vuelve a sonar ante el público del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. / Alberto Manzano
Mérida, un escenario difícil de superar
La reproducción pertenece a la Diputación de Palencia y fue construida para la Villa Romana La Olmeda dentro de un proyecto desarrollado en 2022. Cuenta con cuatro hileras de tubos y 18 notas diatónicas y es plenamente funcional. Ruiz ya ha llevado su sonido a otros lugares, incluso a Lyon, pero reconoce que hacerlo en Augusta Emerita tiene otra dimensión. "Venir a Mérida a tocar en el Museo de Arte Romano es lo máximo que se puede hacer", asegura. Rodeado de esculturas, inscripciones y piezas originales, el 'hydraulis' ha recuperado algo que ninguna vitrina puede conservar, el sonido de aquella sociedad.
La música acompañaba ceremonias religiosas, desfiles, banquetes y espectáculos en teatros, circos y anfiteatros, y este miércoles una parte de ese universo ha regresado al MNAR. La demostración se enmarca en la exposición MVSICA et CHORAE. Música y Danza en la Antigüedad, organizada por el museo junto al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, un guiño especialmente oportuno en una ciudad donde cada verano el mundo clásico vuelve a ocupar los escenarios y a mezclarse con la vida contemporánea. El museo ha programado tres pases, a las 11.30, 13.30 y 18.00 horas, y durante unos minutos no ha hecho falta imaginar cómo podía sonar Roma. Han bastado agua, aire, unos tubos y las manos de Alberto Ruiz para escucharla de nuevo.

Más de 2.000 años después, el ‘hydraulis’, considerado el primer teclado de la historia, vuelve a sonar ante el público del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. / Alberto Manzano