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El capitel

La Feria de Mérida sin noria sigue siendo Feria

La ausencia de una de las atracciones más reconocibles del recinto despierta recuerdos de aquellos años en los que bastaba con decir "nos vemos en la noria" para encontrarse

Tres niñas contemplan las atracciones del ferial con la noria al fondo, una de las imágenes más reconocibles de años anteriores.

Tres niñas contemplan las atracciones del ferial con la noria al fondo, una de las imágenes más reconocibles de años anteriores. / El Periódico Extremadura

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Mario Hernández

Mario Hernández

Mérida

Muchas veces pensamos que hay cosas que deben estar siempre, aunque nadie haya firmado ningún decreto que lo garantice. En Mérida, una de ellas es la noria en la Feria, La damos por hecha con la misma tranquilidad con la que damos por sentado que el Puente Romano está donde tiene que estar.

Por eso este año, cuando uno entra en el recinto ferial y levanta la mirada, hay algo que falta. No es una tragedia, naturalmente, ni vamos a suspender la Feria, ni convocar un pleno extraordinario para exigir una noria. La Feria seguirá siendo la Feria, con sus luces, música, casetas, atracciones, churros, algodón de azúcar y niños intentando convencer a sus padres de que necesitan urgentemente subir a una atracción que cuesta lo mismo que una cena para cuatro.

Un punto de encuentro que no necesitaba ubicación

Durante años, la noria fue como un faro que servía para orientarse cuando quedábamos con los amigos y todavía no llevábamos un teléfono móvil pegado a la mano. "Nos vemos en la noria" era suficiente, no era necesario mandar ubicación.

También era una manera de mirar Mérida desde arriba, aunque durante unos minutos algunos descubriéramos que aquello de las alturas no era exactamente lo nuestro. Siempre había alguien que subía diciendo que no tenía miedo y que, cuando la cabina se quedaba quieta arriba, empezaba a mirar hacia abajo con una expresión que no necesitaba demasiadas explicaciones. El amigo valiente dejaba de serlo y el que tenía vértigo encontraba de repente una enorme sabiduría en haberse quedado abajo.

La noria era también una referencia para los padres, "cuando termines, vienes a la noria" era una instrucción bastante más sencilla que las que damos ahora, cuando necesitamos localizar a alguien mediante mensajes, llamadas y ubicaciones compartidas. Uno sabía dónde estaba la noria porque era imposible no verla. Hoy quizá tengamos mejores sistemas de orientación, pero ninguno tenía aquella elegancia de levantar la cabeza y localizar el punto de encuentro.

La noria, durante una de las ediciones anteriores de la Feria de Mérida, iluminando el recinto en plena noche.

La noria, durante una de las ediciones anteriores de la Feria de Mérida, iluminando el recinto en plena noche. / El Periódico Extremadura

Por eso se echa de menos, aunque tampoco hay que dramatizar. Una Feria sin noria no deja de ser una Feria. Las fiestas cambian y nosotros también, y lo que para nosotros era imprescindible puede que para nuestros hijos no signifique absolutamente nada.

Dentro de unos años serán ellos quienes nos expliquen que aquellas ferias modernas eran mucho mejores y que no entendemos nada porque somos mayores, y probablemente nosotros responderemos lo mismo que nos decían nuestros padres cuando hablábamos de nuestras propias nostalgias con aquel "pues antes sí que era una Feria".

Cada generación tiene su propia Feria

Cada generación tiene su Feria y, sobre todo, su manera de recordarla. Nosotros recordamos aquellas tardes y noches en las que parecía que el recinto no tenía final, las luces, los puestos, las atracciones y aquella noria que estaba siempre allí. También recordamos a quienes nos acompañaban, a los que entonces estaban y ahora no están, a los amigos con los que compartíamos aquellas noches y a los padres que nos llevaban cuando éramos pequeños.

Ahí está probablemente la verdadera razón por la que echamos de menos una noria, porque cuando desaparece una de esas pequeñas cosas que parecían eternas descubrimos que también se marcha un pedacito de la época en la que nosotros éramos quienes subíamos, quienes corríamos de una atracción a otra y quienes pensábamos que seis días de Feria eran casi unas vacaciones.

La noria de la Feria de Mérida, uno de los grandes referentes visuales del recinto durante décadas.

La noria de la Feria de Mérida, uno de los grandes referentes visuales del recinto durante décadas. / El Periódico Extremadura

La Feria, sin embargo, seguirá. Habrá luces, música, casetas, atracciones, familias y amigos reencontrándose después de meses. Los niños pedirán dinero, los padres harán cuentas y alguien pronunciará, como todos los años, aquella frase que nunca debería pronunciarse en una Feria: "nos tomamos una y nos vamos", cuando todos sabemos que no era una, ni nos íbamos.

Y quizá ahí esté la verdadera garantía de que la Feria seguirá siendo la Feria. Porque mientras sigamos encontrándonos, riéndonos, gastando más de lo previsto y prometiendo que mañana nos acostamos temprano, la fiesta seguirá funcionando.

Cuando desaparece algo que parecía eterno

Así que no pasa nada porque este año no haya noria. Habrá quien la busque al entrar, quien recuerde dónde estaba e, incluso, asegure que "aquella sí que era una noria", porque la nostalgia tiene también esa costumbre de mejorar con los años aquello que recordamos.

Y dentro de unos años, cuando alguien nos diga que la Feria de entonces era mejor, seguramente estaremos de acuerdo. Porque para entonces habremos olvidado cuánto costaban los cacharritos, lo tarde que volvíamos a casa y el calor que hacía. Recordaremos las luces, los amigos, las noches largas y, si acaso, aquella noria que un día desapareció.

Eso sí, si algún día vuelve, no habrá ninguna duda, diremos que por fin han arreglado la Feria., aunque ya encontraremos otra cosa de la que quejarnos, que tampoco vamos a perder nuestras tradiciones por una noria.

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