Paseando por las calles de nuestra ciudad vemos el resultado final de un largo proceso de producción. Los coches, pese a lo que muchos creen, son solo la punta del iceberg del trabajo que realizan los fabricantes. Sean eléctricos, o no, en su cadena convergen centenares de elementos esenciales para la lucha contra el cambio climático. Desde la procedencia del litio de las baterías, hasta el modo en el que las reciclan. Todo debe estar enfocado en la optimización y reducción de emisiones globales. Una visión que BMW impone a cada uno de sus procesos, fábricas y modelos. Desde sufamilia pionera iDrivehasta los más prestacionales, emocionantes y divertidos M.

El objetivo de la firma alemana es crear una economía circular que reduzca hasta en un 80% las emisiones derivadas de la producción de vehículos en 2030. Este plan subraya que de nada sirve conducir un flamante BMW iX si sus materiales, su confección y los dispositivos que incorpora suponen una agresión al planeta y a los derechos humanos. Por ese motivo es tan importante la producción como el suministro, el uso y el reciclaje durante la vida de un vehículo.

Además, no se conforman con sus filas, también exigen esa transparencia, eficiencia y respeto a sus proveedores, siempre y cuando sea posible. Dentro del grupo BMW encontramos más de 30 plantas, de las que salen unos 8.000 coches al día y en las que trabajan más de 77.000 personas. Esta red se extiende desde San Luis Potosi (México) hasta Shenyang (China), pasando por las fábricas impulsadas por energías sostenibles de Leipzig (eólica), Steyr (biomasa) o Múnich (Hidroeléctrica), entre otras.

¿Qué contamina más de un coche?

Las ciudades europeas se han puesto de acuerdo para limitar el tráfico a los vehículos más contaminantes, que suelen ser los más viejos. Sin embargo, la pintura es uno de los elementos más nocivos, para el planeta y los humanos, en las líneas de fabricación de los coches. Los materiales utilizados, las partículas nocivas de los líquidos, los excedentes de calor y agua del proceso y un sinfín de motivos más por los que BMW ha puesto el foco en “limpiar” la pintura de sus coches.

El primer paso que ha realizado BMW es el de apostar por pinturas mate y anticorrosivas hechas de biomasa, como sustituto al petróleo crudo o nafta habitual. Este producto, utilizado en Leipzig y Rosslyn es químicamente idéntico a la pintura utilizada anteriormente, pero con una base de residuos orgánicos que evitan la emisión de CO2, tanto del transporte como del procesamiento del líquido. Esta elección supone, según la certificación TÜV, el ahorro de CO2 asciende a más de 15.000 toneladas de emisiones de CO2 de aquí a 2030 y un 40% menos de emisiones.

Además, BMW también ha introducido mejoras en otros apartados de la producción. El proceso de secado, por ejemplo, tiene lugar gracias a la combustión de hidrógeno y no de gas natural como sucedía antes. No solo eso, el compromiso de la firma bávara engloba la protección a sus trabajadores, de ahí que las partículas VOC (Compuestos Orgánicos Volátiles), partículas emitidas durante el proceso de pintura que son peligrosas para las personas, se hayan reducido en un 70%.