Con sus investigaciones y su trabajo, Elena Pinilla (Badajoz, 1978) está haciendo grandes cosas partiendo de los componentes más diminutos del universo.

-¿Cuál es la naturaleza de la luz? Explique en qué consiste la nanofotónica

-La luz es una forma de energía que podemos percibir a través de nuestros ojos en su espectro visible, esto hace que nos resulte algo muy familiar. Sin embargo, su naturaleza intrigó a grandes genios de la ciencia como Isaac Newton o Albert Einstein. Hoy en día sabemos que la luz tiene lo que llamamos una naturaleza dual, se comporta como onda y partícula de manera complementaria y esto, que parece algo simple, abre la puerta a un sinfín de fenómenos complejos con aplicaciones en todas las áreas de la ciencia. La nanofotónica es el área de la física en la que estudiamos cómo interactúa la luz con la materia a escala nanométrica. A esta escala -100.000 veces más pequeña que un cabello- podemos fabricar superficies que modifiquen el comportamiento natural de la luz o circuitos integrados donde podamos sustituir los electrones que circulan por los microchips de nuestros ordenadores o teléfonos móviles por fotones y así pasar de tener circuitos electrónicos a circuitos fotónicos, mucho más eficientes y rápidos y más respetuosos con el medio ambiente. Mi investigación se basa en la incorporación de nuevos materiales en dispositivos nanofotónicos de silicio para mejorar sus prestaciones o darles funcionalidades nuevas.

-¿Soñaba de niña con su profesión actual?

-Desde pequeña siempre tuve la curiosidad de saber cómo estaban hechas las cosas, así que abría todo para mirar por dentro. Enseguida me di cuenta de que no solo me gustaba ver, sino entender cómo funcionaban y tuve claro pronto que alguna carrera científica estudiaría.

-¿Cree que faltan referentes femeninos en su campo?

-Por supuesto. Podría nombrarte de carrerilla numerosas investigadoras españolas mundialmente reconocidas en distintos campos de la ciencia y sin embargo seguimos viviendo la organización de congresos, ciclos de conferencias, jornadas científicas... donde los ponentes son solo hombres. No faltan referentes, es que no nos invitan. Si esto pasa aún en nuestra propia profesión es muy difícil trasladar al público general que la carrera científica es una profesión que la puede ejercer igual de bien tanto hombres como mujeres. Queda mucho trabajo por hacer.

-¿Qué obstáculos ha encontrado como mujer para desarrollar su carrera? 

-El mayor obstáculo para mí ha sido la maternidad. Es más difícil irte de viaje o al extranjero -algo obligatorio en investigación- y dejar a tus hijos a cargo de tu pareja sin que esto te penalice socialmente. Esto nos pasa a las madres, pero no a los padres. Luego está el machismo más sutil, como el que tengamos que justificarnos más y mejor a la hora de defender nuestras ideas, o que tengamos que trabajar más para llegar a puestos de liderazgo.