Considera Arroyo de la Luz, a donde llegó en 2008, su “segunda casa”. Allí Flavia Lima (Sao Paulo, 1982) ha formado su familia y sueña con llevar a lo más alto al club que entrena y juega, el Voleibol Arroyo.

-Usted nació en la patria del fútbol, ¿cómo se interesó por el voleibol?

-Definitivamente puedo decir que el fútbol es una de mis pasiones. En realidad empecé en el deporte jugando fútbol sala ya que todos los domingos mi papá jugaba con los amigos y yo siempre le acompañaba. Pero una triste realidad es que el fútbol femenino tiene poco o casi nada de apoyo y progresión en Brasil, entonces empiezo a jugar balonmano en la escuela y en una competición un entrenador de voleibol se fijó en mí y me invitó a entrenar. Desde entonces me centré en el voleibol. 

-¿Cuál fue su primera impresión cuando llegó a Arroyo de la Luz?

-Cuando llegué a Arroyo no hablaba ni una sola palabra de español, venía personalmente en mi peor momento, justo después de la muerte de mi papá, y la manera tan cálida, tan cercana, con la que todos me intentaban ayudar era increíble. Soy de una gran ciudad, de la locura y del caos, pero igual que a mi papá siempre me ha encantado la tranquilidad del campo y la cercanía con la gente, así que yo estoy muy contenta con lo que he encontrado aquí. 

-¿Qué retos se plantea en su carrera deportiva? ¿Sigue siendo el dinero un obstáculo para el deporte femenino?

-A corto plazo lo que buscamos es seguir luchando por dejar Arroyo en lo más alto siempre, pero como todos sabemos en estos últimos años con el tema covid estamos teniéndolo complicado por temas económicos y por supuesto también estamos sufriendo por las niñas de la cantera que básicamente han perdido un año sin voleibol. Así que primero buscamos dar estabilidad una vez más al club, rescatar la pasión por el voleibol y por su pueblo. A largo plazo está claro que espero lograr mi ascenso como entrenadora también y poder disputar una Superliga con Arroyo pero ahora en el papel de entrenadora. Somos un club humilde que existe primero por las ayudas y luego por las empresas locales. Está claro que estamos muy agradecidos, pero la ayuda para el deporte femenino nunca es igual que la del masculino. Es muy triste que logres objetivos y que tus sueños sean destruidos por falta de apoyos económicos.

-Dice en su perfil de Twitter que “Dios y familia por encima de todo”, ¿cómo le ha ayudado la religión en su vida?

-Yo soy católica y la religión para los sudamericanos la verdad que es algo muy diferente de lo que se ve en Europa. Para nosotros por encima de todo está la fe, eso me ayuda en mi día a día. Mis padres siempre fueron muy creyentes y son mis mejores ejemplos de cómo tratar a otros, de ayudar a quien lo necesita y de cómo perdonar.