En la novela de Isabel Allende Eva Luna el personaje de La Madrina, una sirvienta negra que queda a cargo de la protagonista, le explicaba cuando era niña que “es mejor ser varón, porque hasta el más mísero tiene su propia mujer a quien mandar”. De una forma literaria se explica así la posición de sometimiento a la que hemos estado sometidas las mujeres a lo largo de la historia. Esto sigue pasando. Y también lo hace en el ámbito laboral.

Si vamos a la cúspide del poder, 17 países del mundo están dirigidos por mujeres. Es decir, de los 196 Estados reconocidos por la ONU, solo el 9% tienen a una mujer en la jefatura de sus gobiernos. La última en tomar posesión ha sido Xiomara Castro, presidenta de Honduras, en el pasado mes de enero.

Esta realidad es un espejo en el que se refleja el mundo laboral, si bien la desigualdad numérica no sea tan acuciante y dependa de múltiples condicionantes. Lo que sí, para empezar, podemos encontrar dos vertientes: que los sectores más feminizados están peor remunerados y que las trabajadoras cobran menos y tienen más impedimentos para progresar en su carrera profesional que sus compañeros. 

Y esto no es una afirmación gratuita. De acuerdo al Instituto Europeo de Igualdad de Género, la evidencia empírica confirma la existencia del techo de cristal. En todos los Estados miembros de la UE se puede encontrar desigualdad. 

Algunos de los datos que se subrayan y evidencian este desequilibrio son, por ejemplo, que el número de hombres en puestos directivos es dos veces superior al de mujeres; ellas están subrepresentadas en cargos gerenciales en la mayoría de los sectores económicos y solo cuando no son supervisoras esto mejora, aunque representan aún menos de la mitad, un 41%. En esta misma línea, cuando son supervisoras, tienen más probabilidades de hacerlo solo con otras mujeres, trabajadores jóvenes o empleados con contratos no estables. Además, por lo general, las mujeres señalan más efectos indirectos negativos entre el trabajo y la vida familiar que los hombres. 

Lo que los datos siguen demostrando se agrava además en la percepción social que todavía se tiene de las mujeres en la cima. Así, según la encuesta del Special Eurobarometer sobre la igualdad de género de 2017, el 35% de los encuestados afirmó que los hombres son más ambiciosos que las mujeres. En algunos países, esta cifra superaba el 50%. 

¿Son los hombres más ambiciosos que las mujeres? ¿O es que a ellas no se les permite serlo? O quizás lo que ocurra es que la ambición se percibe de manera positiva en masculino y negativa en femenino.

A pesar de todo esto, a continuación tenemos cinco ejemplos de mujeres extremeñas ambiciosas, en el mejor sentido de la palabra, y dispuestas a resquebrajar todos los techos de cristal que se les pongan por delante. 

Ellas son: Teodora Castro Hernández, exsecretaria de CCOO y psicopedagoga; Adela Villanueva Parejo, fundadora y CEO de Alkelio; Ana Blasco Fraile, fundadora de WOM Viajes; Guadalupe del Arco Delicado, ingeniera civil y secretaria de Asincex; y Dorotea Izquierdo Sánchez, ingeniera informática, gerente de INDRA y presidenta de Woman Space. 

ALGUNOS CONCEPTOS

Techo de cristal

Expresión que se utiliza para ilustrar las barreras invisibles que impiden a las mujeres progresar hasta puestos directivos o de mayor responsabilidad y liderazgo en entornos en los que compiten con hombres (mundo laboral, político, asociativo, etc.). El techo de cristal existe a causa de los prejuicios misóginos y los mecanismos sexistas que esos entornos reproducen y que, por defecto, no las tienen en cuenta, a pesar de su cualificación o capacidad. Es una expresión atribuida a Marilyn Lorde (1978).

Suelo pegajoso

Complementario al concepto techo de cristal, el suelo pegajoso se refiere al hecho de que las mujeres perciben como propias las responsabilidades domésticas y de cuidado, lo que les impide desarrollar todo su potencial. Interiorizar esta presión social las empuja a realizar dobles jornadas laborales (fuera y dentro de casa), sufriendo el síndrome de la supermujer (superwoman), o bien a renunciar al mercado laboral y a la participación social en todos los ámbitos.

Acantilado de cristal

Fenómeno que explica por qué las mujeres están sobrerrepresentadas en las posiciones de liderazgo en tiempos de crisis, en situaciones en que tienen mayores probablidades de fracasar, ya que su sacrificio se considera un coste menor para el colectivo que si lo sufre un hombre (Ryan y Haslam, 2005). Para las mujeres el coste de oportunidad de retirarse es más elevado, porque es posible que no tengan otra. Un ejemplo es el mandato de Theresa May como primera ministra ante la incertidumbre del Brexit.