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«Quizá se necesita una Semana Santa más abierta y lúdica para los jóvenes»

 

«Quizá se necesita una Semana Santa más abierta y lúdica para los jóvenes» - R. C.

RODRIGO CABEZAS
17/03/2019

Si hay un almendralejense que ha conoce gran parte de la historia de la Semana Santa de su localidad ese es, sin lugar a dudas, Pedro Nieto Sánchez (Almendralejo, 1940), elegido Cofrade de Honor por el Consejo de Hermandades para este año. Enamorado de su tierra y de sus gentes, fue uno de los fundadores de la Real Cofradía de la Oración en el Huerto y el Beso de Judas que durante este 2019 cumple 50 años. Su pasión por la Semana Santa nació antes, pero su devoción se ha fraguado durante este medio siglo en el que ha sido nazareno, directivo, presidente del consejo de hermandades y voluntario para cualquier cosa relacionada con la Semana Santa de la ciudad. Ahora, a sus 79 años, padre de cuatro hijos y con nueve nietos, le llega un merecido reconocimiento para alguien como él que ha mirado por la fiesta para el beneficio de todos.

Toda una vida casi de cofrade y de pasión por la Semana Santa de Almendralejo.

Pues sí, como cofrade desde 1969, pero prácticamente ligado a esta pasión desde que Felipe García, el sacerdote que tuve en el Instituto Laboral, me daba clases de religión antes de que llegara Don Jesús. Ya nos empezó a meter el gusanillo con la marcha en San Antonio y en el Santo Entierro. Luego, a finales de 1968, nos reunimos unos cuantos vecinos del barrio de San Roque y de otros barrios como Paco Muñoz, que fue el primer Hermano Mayor. Y el 17 de enero, se fundó lo que hoy es la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto y el Beso de Judas.

--¿Fue difícil levantar una cofradía desde cero?

--Claro que lo fue. Recuerdo que ya en aquellos meses encargamos a una empresa de Olot (Gerona) el paso de la Oración en el Huerto. Nos costó 30.000 pesetas y la pusimos a plazo de doce meses. Aquello fue una revolución en el barrio. Compramos cientos de metros de lienzo blanco y se hicieron las túnicas en tiempo récord. Aquel Martes Santo de 1969, ya estábamos saliendo en la procesión. Cuevas, de la Hermandad del Gran Poder, fue nuestro primer gran asesor. Y desde entonces, ya mantenemos nuestros colores.

--¿Qué diferencia ve entre las procesiones de hoy y las de antes en Semana Santa?

--Puede que exista una diferencia espiritual, de compromiso. Antes, cuando nosotros éramos jóvenes, no había tanto ocio ni distracciones lúdicas. En aquellos años, la procesión era un acontecimiento único. El primer año, recuerdo, avisamos a todos los bares del itinerario que por favor no cerraran ni apagaran las luces. En ese sentido, fue una revolución lo que hicimos. Algunos de la junta de gobierno, cuando pasaban a la altura del bar, se salían, se quitaban el capirote, tomaban una caña de un trago y se metían (risas...). Aquello, lejos de chocar, no se tomó a mal.

--Y llegaron los caramelos.

--Bueno, en realidad ya estaban. Nosotros lo que hicimos es mantener para siempre esa tradición. Yo, de hecho, hace unos siete años que no me visto de nazareno, pero siempre voy con las autoridades y mis bolsillos llenos de caramelos para dárselo a los niños en la procesión. Eso nunca falla.

--Fue uña y carne con don Jesús en la parroquia de San Roque. ¿Qué ha significado para usted?

--Don Jesús ha sido amigo de la familia, confidente y alguien único para mí. Pasamos mucho tiempo juntos, trabajando el uno por el otro y para todos. Recuerdo que le conocí cuando entró en el Instituto Laboral y siempre me fue de gran ayuda. Sin ir más lejos, Don Jesús me ha casado con mi mujer Josefa, ha bautizado a mis cuatro hijos y ha casado a mis cuatro hijos. Lo ha sido todo para mí. Cuando murió, mi teléfono fue el primero en sonar para comunicarme la noticia. Era alguien más que especial.

--¿Qué le diría a las nuevas generaciones que no lo conocieron y ven su escultura en la avenida de la Paz?

--Pues que fue un hombre repleto de bondad. Tenía algo especial con la chavalería. Su forma de ser, de transmitir, de comportarse con los demás. Llegaba a todos repleto de bondad y eso le permitía convencer a todos los niños para que le ayudaran a hacer obras sociales. Para eso, era único.

--¿Qué le falta a la Semana Santa de Almendralejo?

--Pues no sé por qué todavía no ha sido declarada como Fiesta de Interés Turístico Regional. Aquí se han cumplido todos los parámetros para ello y existe la devoción suficiente en toda la población para tener ese rango y que oficialmente tuviera ese reconocimiento.

--¿Cree que a los jóvenes le falta algo de fe?

--Yo pienso que la fe siempre ha existido en todos. La gran diferencia es que antes se obligaba a tenerla y ahora no. Antes se inculcaba desde muchas instituciones y la familia y ahora no. En ese sentido, los tiempos han cambiado mucho y eso repercute en la manera de vivir la Semana Santa. Como he dicho anteriormente, hay mucha oferta de ocio que les lleva a otros lugares.

--Y en ese sentido, ¿debería hacer algo la Semana Santa local para cambiarlo?

--Por supuesto. Debería ajustarse a los tiempos para llegar más a la juventud. Para tratar de convencerla y entretenerla. Quizá es necesario un sentido de la Semana Santa más abierto y lúdico en los actos. Pero no solo para la Semana Santa, sino para cualquier acto religioso. Yo voy a misa todos los domingos y cada vez estamos menos. Eso es una realidad que no podemos obviar.

--No me ha dicho cómo se siente por ser el cofrade de honor.

--Pues no voy a negar que siento una gran alegría. Me encantó cuando el pasado año nombraron a Joaquín Sánchez-Grande como cofrade de honor. Me emocioné tanto que no pude resistirme y subí al altar a darle un gran abrazo. Cuando en esta ocasión me lo comunicó Benito Rama, me hizo bastante ilusión. En esta cofradía las hemos pasado muy canutas para llegar donde estamos 50 años después. Y alabo a todos aquellos que siguen preocupándose por la Semana Santa y que, sin embargo, no son nombrados en ningún lado.