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el chinero

El concejal 14

 

El concejal Alejandro Vélez, en el pleno del jueves. - S. GARCÍA

Ascensión Martínez Romasanta
27/10/2019

El concejal 14 es el voto que el PP y Ciudadanos de Badajoz necesitaron para poder repartirse la alcaldía de Badajoz. Un solo apoyo, el fundamental para sumar mayoría absoluta y, a cambio, su liberación y otros dos sueldos más para desertores del PP, reconocidos y orgullosos franquistas, a quienes las últimas elecciones habían dejado con una mano delante y otra detrás. Ahora, en su tarjeta de presentación son el asesor y el auxiliar administrativo de un grupo municipal tricéfalo. Se les veía venir, como también al candidato, un desconocido en la esfera política local, no así en otros municipios de la región, donde se había presentado en nombre de un partido nazi y había protagonizado sonadas protestas contra los inmigrantes. Al que es ahora concejal 14 su partido no le puso pegas para encabezar la lista en Badajoz a pesar de estar condenado por agredir a un vecino. Sé de una a la que echaron de sus siglas por robar una crema facial. Badajoz cae lejos de Madrid.

El concejal 14 ni siquiera exigió estampar su rúbrica junto a la de los otros dos partidos con los que forma gobierno, porque le bastó el compromiso de los tres sueldos y alguna delegación municipal con la que justificar la jornada laboral en el palacio consistorial. Presume de que se le tiene en cuenta y que sus compañeros de gobierno lo tratan como tal, pero en el último pleno se quedó descolgado cuando el PSOE criticó el estado de abandono de una plaza, donde el concejal 14 solo ve que falta una manita de mantenimiento, cuando hasta el PP y Ciudadanos reconocieron que había deficiencias que tienen que subsanarse. Un detalle sin importancia que da qué pensar.

Y es que el concejal 14 va por libre y libremente se mueve en las redes, cuando niega derechos a los ciudadanos pacenses que profesan la religión musulmana o cuando cuestiona que se celebre el origen islámico de la ciudad en favor de la conmemoración cristiana. Cuando decide iniciar por su cuenta una campaña de concienciación ciudadana sobre la limpieza sin el beneplácito previo de sus socios de gobierno que tuvieron que pararle los pies. O cuando, tras comprobar el efecto que provoca en las filas de enfrente, decide llevar al ayuntamiento una moción para condenar y reprobar al PSOE «su historia criminal». Sus manifestaciones ya eran conocidas, pues cada vez que en el pleno se ha hablado del franquismo, ese ha sido su discurso: arremeter contra los socialistas. Esta vez pasó de la reacción a la acción, componiendo una iniciativa sin precedentes en otros foros municipales. La posición del PSOE, que del concejal 14 ya no le sorprende nada, fue culpar al PP y a Cs por permitir que semejante ignominia llegase a debatirse y no impedir que se incluyese en el orden del día, como ellos pidieron.

El alcalde sostiene que no está entre sus funciones decidir el contenido de las mociones, que reflejan el derecho de participación que tiene todo partido político. En la oposición cuestionan esta reflexión pues no es posible que no haya límites. Ellos mismos han sufrido cómo sus mociones se retrasan mes a mes a las puertas del salón de plenos, mientras que ha faltado tiempo para que la iniciativa del concejal 14 se incluya en la primera sesión ordinaria a la vista. El PP no ha sido capaz de frenar el disparatado engranaje que mueve al concejal 14 y en lugar de oponerse a sus exabruptos se ha mantenido en la abstención, con la que ha querido expresar que no entra en el debate; aunque los socialistas lo han interpretado como una afrenta. Entre unos y otros el concejal 14 ha obtenido lo que pretendía: protagonismo. Es así como sus asesores se ganan el sueldo.