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La atalaya

Cruzadas (VI)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
03/06/2019

La aparición del trabuco, esa máquina de guerra enorme citada en la documentación relativa a la Tercera Cruzada, tiene unos orígenes confusos. Quizás se empleó antes o existía con unas dimensiones más reducidas. Las crónicas medievales francesas e inglesas, las primeras en describirlo, no resultan demasiado explícitas, Parece que fueron los árabes –¡vaya por Dios!– quienes primero la emplearon. Lo cierto es que de pronto, como una explosión, comenzaron a aparecer grandes artilugios de madera en las operaciones de asedio y cambiaron decisivamente los modos de la poliorcética. Las torres de los recintos hubieron de hacerse macizas, mucho más sólidas y robustas. No es que se inventaran ahí, ya existían en las murallas de Bizancio, sino que hasta entonces se prefirieron otras más pequeñas de dimensiones y, a veces, huecas, más baratas de edificar y más endebles. La difusión –no invención– de las octogonales se debió, precisamente, a la aparición del trabuco. La nuestra de la Atalaya es un ejemplo muy característico. La Redonda y, con seguridad, la Desmochada de Cáceres, también. Edificios así permitían resistir un impacto de proyectil de trabuco y colocar uno, algo más reducido, encima para usarlo como contrabatería. La planta de la citada Redonda cacereña se explica muy bien por ese motivo. Y, de paso, permite apreciar por qué las plantas publicadas de ella –algunas en trabajos recientes y de intención científica– están falseadas. Pero no quiero ir tan deprisa.

Uno de los primeros lugares donde se reflejó la presencia del nuevo ingenio fue Constantinopla. Al ampliar la esquina noroeste del antiguo recinto se le añadieron varias torres abarlongadas, muy potentes y de fábrica pesada, lo que demuestra la difusión alcanzada por los avances técnicos de las Cruzadas. Y no crean que se quedaron limitados al Oriente del Mediterráneo. Ni hablar. Llegaron muy pronto a estas tierras del Occidente y parecen haberse empleado aquí antes que en ningún otro lugar. En concreto, en el castillo de Salvatierra, término de Calzada de Calatrava, el año anterior a la gran campaña almohade que concluyó con la famosa batalla de las Navas. Hubo mucha conexión, por cierto, entre almoahdes y ayyubíes.