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Se colocarán paneles informativos para explicar los restos que se han dejado a la vista

Culmina la obra de la barbacana y la puerta del Capitel a falta de remates

El trabajo arqueológico ha documentado silos del antiguo poblado del siglo VIII antes de Cristo. También han aparecido estructuras y piezas cerámicas de una industria anterior a la cárcel real

 

La obra aún sigue vallada, pendiente de que sea recepcionada por el ayuntamiento. - S. GARCÍA

A. M. ROMASANTA lcb@elperiodico,com BADAJOZ
10/04/2019

Una fase más en la rehabilitación de la Alcazaba de Badajoz culmina y aporta datos a la historia de la ciudad. Las obras de rehabilitación de la barbacana en la plaza de San José y la puerta renacentista que da acceso a la del Capitel, que comenzaron con polémica por el derribo de un antemuro, han concluido. El ayuntamiento aún no las ha recepcionado a falta de remates que tienen que ver con adecuar este espacio para la tareas de mantenimiento y limpieza, facilitando la entrada al yacimiento arqueológico que se ha dejado al descubierto, pues está vallado, sin posibilidad de acceso, así como defectos en el enfoscado.

La obra comenzó en septiembre con tres meses de plazo, pero la dirección facultativa pidió una ampliación hasta finales de febrero para solventar los imprevistos. A primeros de febrero terminó la intervención arqueológica. La intención del ayuntamiento es colocar unos paneles para que el ciudadano entienda los restos que se han dejado a la vista.

El objetivo del proyecto ha sido primero sanear los muros castigados a los largo de los años con la adhesión de edificaciones desde la época cristiana tras la Reconquista y que afectaron a los lienzos islámicos. Sobre todo los derribos que se hicieron en los años ochenta del siglo pasado fueron en su detrimento porque le quitaron los apoyos y el resultado, que se vio al inicio de la intervención, fue una amalgama de estructuras adosadas. Con esta obra se han saneado las estructuras originales de época islámica, que es el muro grande de la antepuerta, que está inclinada, que cierra por la fachada de la puerta renancentista. Existían muchas grietas, brechas y algunas adhesiones de estructuras que no tenían coherencia ni cimentación y estaban a punto de derribarse.

Una vez eliminadas las patologías vieron que había construcciones que tenían entidad porque contaban la historia de este entorno en diferentes épocas, según explica la arqueóloga, Nuria Sánchez. Por eso, además de dejar el lienzo completo de época islámica, aparte de recuperar el adarve que es el paso de guardia por encima del muro con los arranques del peto, que se ha conservado totalmente, se ha decidido integrar las pequeñas hornacinas u oquedades que hacían las veces de muebles en las viviendas para guardar utensilios domésticos. Son muestras de la ocupación de los siglos XVII a XIX. La primera pudo ser la casa mesón de Antonio Morales Contreras, que desde el 1.500 tuvo una posada que lindaba con la puerta del Capitel y la cárcel real.

Respecto a la cárcel real, los trabajos de demolición se realizaron en 1933 y en esta obra solo se han descubierto dos pequeñas cimentaciones adosadas al antemuro, que no han quedado a la vista porque no tenían entidad alguna, aunque están protegidas. Sí se ha dejado visible una estructura que en la época de la cárcel se reutilizó como pozo negro o cloaca (como demuestran los rellenos de basura y desechos) y que podría ser de una fase anterior, posiblemente como parte de un complejo industrial artesanal pequeño, una almazara o un molino. Lo que se puede ver en el subsuelo es un depósito y un pozo excavado en la roca. Según la arqueóloga, pensaron que era interesante conservar estos restos y sobre todo que se viera que el antemuro en esta zona desapareció en esta época. En el siglo XV se hizo brecha para edificar estas instalaciones. Como el que se construyó a finales de 1960 no tenía cimentación, se produjeron las grietas. La arqueóloga apunta que fue tan «brutal» la afección que sufrió este entorno en el siglo XX y se arrasó de tal manera que se han encontrado pocos restos materiales. Sí han aparecido de la primera fase, la referida a una edificación artesanal, cangilones de noria, además de piezas cerámicas, muchas de ellas completas, de los siglos XVI y XVII, que han sido entregadas en el Museo Arqueológico Provincial.

Como tema interesante a destacar por la arqueóloga, han podido documentar algunos contextos de época protohistórica, del antiguo poblado del siglo VIII antes de Cristo. Se han descubierto silos, como los que se han sacado ya en otras áreas de la Alcazaba y con estos nuevos datos se va delimitando aquel antiguo poblado que ocupó el cerro de la Muela.