+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Disidencias

Diciembreagonías

 

Juan Manuel Cardoso (periodista)
17/12/2013

El diciembreagonías pertenece, indistintamente, a dos grupos de población: los que odian la Navidad como si fuesen el mismísimo diablo o los que la adoran como si les fuera la vida en ello. En ambos casos, diciembre es su mes. Los primeros, aprovecharán cualquier oportunidad para decirte que la Navidad es una mierda, que todos nos volvemos hipócritas, que eso de ser buenos por decreto es una gilipollez y que en ella, más que nosotros, tiene más interés como fiesta El Corte Inglés. A los segundos, les falta el tiempo para adornar la casa con todo tipo de abalorios, van repartiendo felicitaciones con despiadada alegría y se apuntan a cualquier celebración donde serán, con toda probabilidad, el alma de la fiesta. Unos y otros creen que los demás son víctimas: del consumo o del espíritu, del sistema o del ambiente, de la irracionalidad o de la tradición.

Es llegar diciembre y te preguntan qué vas a hacer en el puente, si te ha tocado el Gordo, qué tal la Navidad, bien o en familia, dónde comerás las uvas y qué te han traído los Reyes. Pero con matices, claro. Los primeros, odian el puente por improductivo aunque siempre lo reservan para un viajecito o una casa rural, odian las loterías pero compran uno o varios décimos no sea que toque y, encima, hagan el ridículo y se les atraganta la Navidad aunque exigen sus correspondientes vacaciones. Los segundos, en el puente se van de puente o montan el belén (y el árbol, la corona en la puerta y el espumillón encima de los cuadros), escuchan por la radio el sorteo, creen en las cenas de empresa, se visten de Papá Noel, ven ¡Qué bello es vivir! , van a la Misa del Gallo, desayunan polvorones, se comen las uvas con puntualidad exquisita, se tragan los saltos de esquí de año nuevo desde una estación inhóspita en algún lugar perdido de Austria y le ponen aperitivo a los Reyes y sus camellos.

El diciembreagonías cree que necesitas ser salvado, bien para la causa atea, agnóstica, laica, perrofláutica o mediopensionista, bien para melosa vida social entre hermosas luces de colores y melodiosos villancicos de voces angelicales. Sin embargo, no temo más al diciembreagonías que cuando, pasada Navidad, no ve el momento de dejar de desearme feliz año. Esa necesidad de prologar diciembre hasta convertirse en veranoagonías demuestra que Badajoz es una ciudad donde hay gente pa tó.