+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

EL CHINERO

Escarmiento

El escarmiento es una opción cuando no queda otra. La primera es concienciar y educar en valores

 

Grupos de jóvenes en el entorno de Puerta Pilar. - EL PERIÓDICO

El viernes de la semana pasada la Policía Local de Badajoz organizó un operativo en respuesta a las quejas que estaba recibiendo por la concentración de grupos numerosos de menores en distintos rincones y plazas que, según los testigos, no guardan la obligada distancia de seguridad ni cumplen el aforo máximo de reunión, limitado a seis personas. Ello sin contar que algunos no hacen uso correcto de la mascarilla. Esta situación provoca malestar entre quienes los ven y, claro que sí, preocupación, por las consecuencias que su mal comportamiento puede tener en ellos mismos, en su entorno más cercano y en el resto de la población.

La reunión de pandillas de adolescentes en la plaza de Conquistadores, Santa María de la Cabeza, Santa Marta, los soportales de la plaza de San Atón y de Zurbarán, Puerta Pilar, las traseras del Museo Extremeño e Iberoamericano e Arte Contemporáneo (Meiac), República Argentina con avenida de Colón y la plaza de los Alféreces, entre otras ubicaciones, es habitual. Ya no son niños para jugar en los parques -que por otro lado ahora están cerrados-, ni tampoco tienen la edad suficiente ni el bolsillo les da para reunirse en un bar o en una terraza. Siempre con esa edad hemos quedado en la calle. El problema de ahora es cómo. En estos momentos nos preocupa todavía más por la situación que atraviesa Badajoz, con el incremento del número de contagios, que hacen temer la adopción de medidas más restrictivas de las que ya existen.

Ese viernes los agentes de la Policía Local consiguieron identificar a 23 menores del medio centenar que estaban reunidos. Tuvo que ser una actuación complicada. Siete días antes ya lo habían intentado, pero en cuanto los congregados vieron el coche patrulla les faltó tiempo para echar a correr y desaparecer. En el segundo intento lo hicieron con agentes de paisano. Eso no evitó que la mitad de los reunidos lograra zafarse. Con la presencia posterior de uniformados consiguieron identificarlos.

1.500 euros de multa por cabeza. No se dice pronto. Es una cantidad que puede desequilibrar las previsiones de un hogar si tiene que hacer frente a su abono a tocateja. Sorprende la elevada cuantía estipulada por este incumplimiento y que la sanción por no llevar mascarilla sea de 100 euros. Alguna razón habrá. Si la normativa ha establecido un límite en el número de personas que se pueden reunir se debe a que es la única forma de intentar controlar los contactos y reducirlos en caso de contagio.

Dicen algunos que con una multa de tal calibre se está castigando a los padres, que son quienes van a abonarla, y hay quien piensa que más educativa sería una condena a trabajar en favor de la sociedad, que es la afectada por sus malos hábitos. Así es. Son los padres los que cargamos con la sanción, porque son menores, y sus fallos son responsabilidad de sus tutores, a quienes nos compete su educación. Si nuestros hijos, aún niños, no saben comportarse y no son capaces de respetar unas normas básicas cuyo incumplimiento reporta tantísimo riesgo, es culpa de quienes no sabemos inculcárselas. Si llega la multa a casa, alguna forma habrá de que recaiga sobre su esfuerzo y les sirva de aprendizaje. Para los adolescentes está siendo especialmente difícil esta etapa que ha cambiado todas sus rutinas. Los niños más pequeños están teniendo un comportamiento ejemplar en los colegios y también ellos en los institutos. Saben lo que se les está pidiendo. Si en la calle no lo hacen es porque no quieren. La vigilancia policial es imprescindible. Pero de qué vale si se dispersan cuando se acerca un coche patrulla y vuelven a juntarse en cuanto se aleja. Tampoco puede haber un policía en cada plaza. El escarmiento es una opción cuando no queda otra. La primera: concienciar y educar en valores. Que sean conscientes de que son parte de la sociedad en la que viven: que deben proteger, como ella los protege a ellos.