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EL CHINERO

Goñi

Son estos bandazos y esta improvisación los que hacen preguntarse al ciudadano en manos de quién estamos

 

El taburete y el micrófono de Carlos Goñi, en el teatro López de Ayala. - EL PERIÓDICO

Periodista - Ascensión Martínez Romasanta
17/01/2021

Gafado hasta el final, aunque ojalá sea un punto y aparte. El concierto de Revólver en el teatro López de Ayala de Badajoz, el único que iba a celebrar su vocalista, Carlos Goñi, en Extremadura dentro de su gira con motivo del 30 aniversario de la banda, estaba previsto en marzo del 2020. Mes fatídico que todos recordaremos por siempre y jamás. Tuvo que suspenderse, claro. Se pospuso. No todo estaba perdido. Sus incondicionales pudieron apuntar una nueva fecha: el 9 de enero del 2021.
A medida que se acercaba el día, no todo estaba de su lado, porque la crisis ha vuelto a remontar y con más fuerza que en la primera ola. Los datos de contagios en Extremadura, y en Badajoz de manera particular, han alcanzado niveles extremadamente preocupantes. Cinco días antes de la fecha del concierto, la organización decidió adelantar la hora: a las 19.00 en lugar de a las 21.00 horas, pues el toque de queda está marcado a las diez de la noche y había que dar tiempo al público para que arribase a sus hogares. Cuatro días antes la Junta tomó medidas más estrictas en los municipios más afectados, entre ellos Badajoz, donde cerró la hostelería y el comercio, salvo las actividades no esenciales. El López de Ayala no se dio por aludido y ninguna autoridad dijo nada. El concierto seguía adelante, anunciándose en los medios de comunicación, como un oasis en el desierto de las agendas culturales. Todo estaba listo para dar la bienvenida a Goñi y corear ‘El Dorado’ y ‘El roce de tu piel’.
Pero he ahí que el concierto no pasó inadvertido a quienes han sufrido de lleno en sus negocios las medidas restrictivas de la Junta para intentar frenar los contagios. El show parecía estar en boca de todos. El mismo viernes, un día antes de la cita con Revólver, la asociación de comerciantes de la calle Menacho convocó una manifestación para quejarse de la repercusión del cierre decretado en sus negocios. No acudieron muchos, pero entre los que estuvieron hubo alguno que puso el grito en el cielo porque a ellos los cerrasen mientras el López seguía abierto y se permitía que una multitud, más de 300 personas, pudiesen disfrutar de un espectáculo. No serían tantos. El aforo estaba limitado al 50% y se vendieron 235 entradas.
Somos así. Cuando nos sobreviene una desgracia, nos consuela que sea mal de muchos y nos molesta que los haya menos desgraciados. He llegado a ver un espontáneo en las redes sociales denunciando a voz en grito que al día siguiente se autorizase el concierto de Goñi mientras cientos de autónomos tienen que cerrar la actividad que les da de comer en beneficio de la salud comunitaria. El mismo denunciante volvió a colocar otro vídeo que se autograbó delante del teatro López de Ayala, en la plaza de Minayo, cuando se enteró de que el concierto se suspendía «por fin». Qué alivio, le faltó decir.
Claro que se suspendió. Menuda presión. La autoridad sanitaria decidió que la cita con Goñi podría ser un elemento de riesgo por la movilidad de 200 personas que tenían que ir y venir del teatro. Era comprensible. No lo era tanto que lo decidiese tres horas antes del concierto. El promotor supo la decisión de la Junta a las cuatro de la tarde, cuando Goñi y todo su equipo ya estaban en Badajoz, tras recorrer varios cientos de kilómetros en pleno temporal y con todo dispuesto para ofrecer lo mejor de si a su público. El propio Goñi lanzó un mensaje en las redes desde el escenario del López relatando cómo se sentía: decepcionado. Su trabajo y el de su gente merecen un respeto. La Junta podría haber decidido la suspensión del concierto con mayor antelación, cuando cerró bares y comercios, y no esperar al último momento cediendo a la presión de las redes, que antes no había tenido en cuenta, se supone que atendiendo a criterios serios y fundamentados. Son estos bandazos y esta improvisación los que hacen preguntarse al ciudadano en manos de quién está.