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el chinero

La infanta demérita

 

Rótulo del Hospital Infanta Cristina, aún sin cambiar. - S. GARCÍA

Recuerdo la polémica surgida con el nombre del Palacio de Congresos de Badajoz. La Junta, dueña del local, quiso dedicárselo al que fuese alcalde socialista de la ciudad Manuel Rojas, pese a haber sido defenestrado por su propio partido. El ayuntamiento, gobernado por el PP, no estaba de acuerdo.El alcalde, Miguel Celdrán, ni siquiera fue a la inauguración para mostrar su contrariedad. Por aquel entonces hubo quien, al margen de los partidos, defendió que su nombre debía ser Palacio de Congresos de Badajoz, sin más apellidos. Pero quien mandaba mandaba y no había más criterio que el suyo.

De nuevo ahora nos enfangamos en una polémica por la denominación de una infraestructura pública, en este caso sanitaria y de referencia regional: el Hospital Infanta Cristina de Badajoz. Quien ostenta este nombre no hizo méritos propios que la hiciesen merecedora de tal título, salvo el privilegio de cuna de pertenecer a la familia Real, un derecho por el que nunca tuvo que luchar. Al contrario, lo desmereció cuando tuvo la oportunidad de demostrar que era digna representante de un país que mantenía su estatus a cambio de nada.

En la pasada legislatura, cuando en la Junta estaba el PP, el diputado de IU Víctor Casco propuso en la Asamblea el cambio de nombre, pero se consideró prematuro. Menuda visión de futuro. La Casa Real ha sido siempre intocable, hasta que ha habido sentencias firmes. La que atañe a la infanta Cristina data de junio y es del Tribunal Supremo, que confirma a la hija del rey emérito como responsable civil a título lucrativo de los delitos de malversación de caudales públicos y de fraude a la Administración, por los que fue condenado su marido, en prisión en unas instalaciones a medida de los ladrones de guante blanco y sangre azul, azul consorte.

Es verdad que el hospital Infanta Cristina seguirá siendo el Infanta. La Infanta, he llegado a escuchar. El nombre se mantendrá en la memoria de las generaciones que así lo han conocido, como sigue existiendo la torre de Simago o el Pryca. Pero ya no será un reconocimiento a alguien que no hizo nada para merecerlo. Es verdad que esta región tiene problemas más urgentes en su sanidad que cambiar la nomenclatura de un hospital. Pero no tiene por qué equipararse. Es compatible modificar el nombre con poner solución a las listas de espera o a las obras sin terminar. Tomar esta decisión ahora no significa que quien lo firma no tenga capacidad para hacer nada más.

Se decide ahora y ya llega tarde. Se cambia por una denominación aséptica: Hospital Universitario de Badajoz, que lo identifica con el lugar donde se ubica y su labor docente, sin más referencias. Así no habrá que volver a dar marcha atrás a ocurrencias precipitadas, como la de llamarlo como Virgen de la Soledad, que ya da nombre a una sala de velatorios en El Nevero, una plaza, una calle, un colegio y una ermita. Como decía alguno, a un hospital se va para encomendarse a los médicos, no a la Virgen. El SES ha prometido que el cambio de denominación no conllevará gasto, pues todo el material con el membrete ya grabado se sustituirá cuando cumpla su vida útil.

Que nadie se lleve las manos a la cabeza. Ya lo hizo el actual presidente de la diputación pacense cuando cambió el color corporativo de azul a rojo. Y el PP de Monago cuando, en plena crisis económica, modificó la identidad corporativa de la Junta de Extremadura, que pasó a ser Gobierno de Extremadura, Gobex. Fue una de las primeras medidas que adoptó al llegar. Debía ser muy urgente y a saber cuánto costó.