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el chinero

El paciente inversor

 

Maqueta de la futura sede de Fundación CB. - S. GARCÍA

En mayo del 2018 comenzaban las obras de cimentación del nuevo hotel de las Tres Campanas, que aún se está levantando en la calle Duque de San Germán en un solar expedito. Ocho años transcurrieron desde que el promotor, privado, presentó el proyecto en el Ayuntamiento de Badajoz. Bendito él que no perdió las ganas ni la paciencia, porque motivos no le faltaban. Pobre del inversor que se lance al vacío con prisas y sin protección. En todo este tiempo, David Guerrero, que es quien firma la osadía, pocas veces se ha atrevido a poner fecha a la apertura del hotel, que será de los denominados «con encanto». Encanto no le falta a quien con calma no se atreve a aventurar cuándo podrá amortizar su inversión. Para poder acometer el proyecto, hubo que aprobar una modificación estructural del Plan Especial del Casco Histórico, pues se aumentaron las plantas del inmueble por Duque de San Germán y la edificabilidad, lo que requirió no solo la tramitación en el ayuntamiento sino la autorización de la Junta.

Con la maquinaria anquilosada del urbanismo había topado. Ya se sabe que cuando se trata de modificar los planes urbanísticos, los pasos se tienen que respetar para atar la legalidad y asegurar que los cambios pretendidos no contienen visos especulativos. Pero también es cierto que la estricta normativa puede acabar con la paciencia de cualquiera.

Salvando las distancias, que seguramente para los expertos en la materia son muchas, el parecido es más que razonable con el edificio de la nueva sede social en el Casco Antiguo de la Fundación CB, que tanto vecinos como gobernantes han recibido con los brazos abiertos y el corazón henchido porque supondrá un auténtico espaldarazo a la recuperación de una de las áreas más degradadas. En mayo se cumplirá un año desde que fue presentado el proyecto, que resultó de un concurso de ideas amparado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Extremadura, firmado además por arquitectos de experiencia contrastada. Los responsables de la entidad avanzaron que su intención era que las obras empezasen antes de que terminase el año pasado. No habían calculado bien dónde se habían metido. A muchos se nos escapa cómo es posible que firmado por quienes está rubricado el proyecto y avalado por quienes lo avalan, posteriormente se diesen cuenta de que no se adapta a lo que viene recogido en el Plan Especial de Casco Histórico para la parcela donde se va a edificar y hayan planificado una altura más y mayor edificabilidad. Ahora resulta que el citado plan especial se tiene que modificar, con los trámites que ello conlleva. En la Fundación CB se llevan las manos a la cabeza. No es posible que este asunto que solo trae beneficios pueda demorarse más. Sus patronos, que son los que deciden, han dado un ultimatum al ayuntamiento y amenazan con retirarse si no obtienen la licencia de obras antes del 30 de junio y el alcalde, que se ve entre la espada y la pared, no ha podido más que transmitir un mensaje de optimismo y garantizar que los técnicos resolverán cuanto antes los escollos encontrados en el camino.

Pero hay quien ha levantado la voz para defender que la normativa debe aplicarse de igual manera para todos: instituciones y vecinos anónimos. También las facilidades para modificarla. Quizá esté ahí el quid de la cuestión: que no se pongan tantas trabas a quien quiere invertir en un espacio que está pidiendo a gritos que alguien lo conquiste con buenas ideas y generosidad, sea del tamaño que sea su contribución. Que el sentido común y la sensatez primen sobre los requisitos inamovibles e incólumes. Por todos y para todos.