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la atalaya

Relieves (I)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
02/09/2019

Aunque pretendamos aferrarnos a los recuerdos, para intentar hacernos la ilusión de que nada cambia y nunca llegará lo inevitable, lo cierto es que todo está en perenne movimiento, como las nubes, y las formas se modifican continuamente. Eso pasa en casi todas las circunstancias de la vida de todo hombre -si siguiese la absurda moda diría y mujer- y, también, con las ciudades. En ciertas épocas lo hacen menos, porque la economía se retrae, y, en otras, desbordan actividad constructiva -y destructiva- y, claro, los edificios ligados a los recuerdos de la gente desaparecen y otros nuevos, no siempre mejores, los sustituyen. Y la línea de su cielo se modifica. En Badajoz esto es tan evidente que, mirando desde el Fuerte de San Cristóbal -ese éxito de empresa- pueden identificarse a la perfección las épocas urbanas de la ciudad.

Desde el altozano amurallado de la Alcazaba al falo acristalado de Caja Badajoz, pasando por la Giralda -nacionalismo folclórico- y por la Torre Simago -desarrollismo torpe-. Pero no solo varía esa línea, también lo hace la del suelo: el relieve. No siempre de modo tan perceptible, pero no por eso menos evidente. Casi todas las ciudades históricas, o sea, todas las nuestras, han variado tanto que si hoy nos levantásemos en el siglo X, en el XIII o en el XIX mismo nos resultaría difícil identificar sus paisajes «de toda la vida» o que, ingenuamente, pretendemos que siempre fueron así. Un caso muy evidente lo tenemos en Toledo, por poner un ejemplo muy conocido, cuyo relieve, a pesar de lo abrupto, ha variado de un modo sorprendente, en verticalidad y en extensión. El peñón donde se alza era menos amplio y aparecía más destacado sobre la llanura circundante. Y, por supuesto, esto ocurrió en la población que hoy llamamos Badajoz y antes Batalyaws. El relieve de nuestra ciudad ha hecho desaparecer, dentro del Casco Histórico, accidentes físicos -montículos- e, incluso, cursos de agua, que servían antaño de límite al caserío y a su expansión urbana. Me voy a referir en las siguientes columnas a alguno de ellos, porque creo que eso hará comprender, a los interesados, algunos detalles del paleourbanismo que afectan a la actualidad y son casi imperceptibles hoy.