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la atalaya

San Francisco (I)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
02/12/2019

Es posible que ustedes hayan podido ver la película, más bien documental, titulado Las Cajas Españolas. La ha ofrecido hace muy poco TVE 2. Pues bien, fuera de estar subvencionada en parte por la Junta de Extremadura, lo que tiene un interés relativo, resulta interesante y curioso porque tiene apariencia de película en blanco negro, como si fuera un documento de época, a pesar de usar muy pocos minutos de cinta antigua. Casi todo es nuevo. Pero lo que me lleva a escribir de ese estupendo trabajo es su tema: el salvamento de los cuadros del Museo del Prado y, de modo más amplio, el del Tesoro Artístico español durante nuestra guerra civil. El asunto no solo tiene mucha trascendencia, fuera de alabar la personalidad de quienes llevaron a cabo esa labor desde el Madrid asediado, posee muchas implicaciones históricas que, sin embargo, han sido menos tratadas de lo que se merecían y se soslayan en alguna exposición y en ciertas publicaciones posteriores.

Me explico. La Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico se creó a los pocos días de comenzado el golpe militar, el 25 de julio de 1936. Tenía como fin recoger y conservar todas las obras de cualquier tipo, también históricas y bibliográficas, que pudieran correr peligro por causa de «las anómalas circunstancias presentes». Todavía las acciones militares generalizadas apenas eran un hecho. El organismo en cuestión pasó por varias reorganizaciones. En Madrid se habilitaron varios depósitos de obras de arte –todavía los combates no habían llegado allí- y uno de ellos fue la enorme iglesia de San Francisco el Grande. Cualquiera que conozca la topografía de la capital de España sabe que ese templo se sitúa junto a la cornisa que, desde la estación del Príncipe Pío, va siguiendo, en alto, la ribera del Manzanares, algo más abajo del Palacio Real. Cuando la capital fue cercada la línea de combate quedó a unos pocos cientos de metros del edificio y lo que se creía un lugar seguro se convirtió en un emplazamiento muy amenazado, fácilmente alcanzable por los disparos de la artillería facciosa. El monumento y su riquísimo contenido de obras de arte. Un proyectil perdido podría haber significado un desastre colosal.