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EL VALOR DE LAS RELIQUIAS

San Julián el Romano renueva sus aposentos

Técnicos de la Junta restauran el altar relicario de la Catedral de Badajoz que acoge los restos del mártir del siglo IV, cuyo cuerpo intacto está siendo limpiado para devolverlo a su lugar

 

Manuel Ruiz junto a la urna donde se guardan los restos del mártir. - S. GARCÍA

El altar restaurado. - S. GARCÍA

Entre los muchos recovecos históricos que atesora la Catedral de Badajoz están los vestigios de santos venerados como objetos de culto. Situada entre la capilla de los Fonseca y la puerta del Cordero se encuentra la capilla de las Reliquias, que también se llamó de los Zúñiga, o de las ‘campanitas’, y que en la actualidad es la de Fátima, por estar consagrada desde 1952 a esta advocación de la Virgen con motivo de la visita de la imagen a la ciudad. Desde entonces, el altar que presidía esta capilla se trasladó al lateral izquierdo, donde hoy se conserva.

Se trata del altar relicario de San Julián el Romano, que desde el siglo XVII cobija en la Catedral de San Juan el cuerpo intacto del mártir del siglo IV, donado en su testamento en 1678 por don Luis Ortiz de León, que fue enterrado en esta misma capilla. El altar con todas sus piezas acaba de ser restaurado por técnicos de la Junta de Extremadura en Cáceres, donde permaneció un mes, pero las reliquias que debe albergar aún no ocupan su lugar, porque están siendo limpiadas en la misma catedral.

Toda catedral tiene sus reliquias traídas desde Roma. Su función es que debajo del altar donde se consagra en la eucaristía está la piedra de ara, donde va una reliquia. Esa es una de las razones, además del culto a los mártires y santos. En la capilla de Fátima hay tres retablos: el de la Virgen, del siglo XX, el de las Reliquias del XVII y el de San Julián el Romano del mismo siglo.

Manuel Ruiz, fabriquero de la catedral, cuenta como curiosidad del retablo de San Julián «que no tiene ni una sola punta», de manera que se desmonta de arriba hacia abajo y se monta de abajo hacia arriba. Las piezas se encajan y se enganchan con pestillos.

Además de carcomido, se encontraba muy deteriorado por el paso del tiempo e incluso algunas partes se estaban desprendiendo. También se ha restaurado la imagen de la Inmaculada, situada en una hornacina en la parte superior. Aprovechando la restauración, se ha saneado la pared sobre la que se encuentra. El retablo costó en su época 8.000 reales y la restauración, 29.850 euros. Tiene dos cuerpos: en la parte inferior y central se guardan las reliquias de San Julián en una urna y a ambos lados hay dos columnas de capitel corintio donde estaban las de San Bernardo y Santa Teresa, que ya no existen. El segundo cuerpo de remate es donde está la Inmaculada.

Junto al chantre don Luis Ortiz de León, en esta capilla están enterrados el canónigo Francisco Gómez de Lamadrid y Pedro de Oro de Lamadrid, que también fue chantre, ambos sobrinos del obispo don Diego Gómez de Lamadrid. «Estamos en una capilla que por su valor histórico, teológico y religioso merece la pena ser conservada y cuidada», defiende el fabriquero.