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Tras la ventana

 

M. JESUS AlmeidaM. JESUS Almeida 14/10/2009

El piso debía llevar mucho tiempo vacío, por eso la ventana iluminada captó enseguida mi atención. Era finales de agosto y una noche de calor. Dentro una joven tenía la cabeza inclinada bajo la luz de un flexo. Estudiaba. Me pareció mayor para el acceso a la universidad y deduje que estaría preparando oposiciones. No soy fisgona, pero la chica morena, noche tras noche, nítidamente enmarcada en la ventana abierta, atraía mi mirada. Sus brazos se alzaban, una y otra vez, para tirar del pelo hacia atrás y sujetarlo con la pinza. Inconsciente movimiento de concentración. También desaparecía para al poco volver con una jarra, podía ser agua, pero para mí que era café.

No permanecía mucho tiempo observando, tan sólo mientras me preparaba para meterme en la cama y leer un rato antes de dormir, y pensar en la chica que estudiaba mientras tomaba sorbos de café para mantenerse despierta. Hizo que recordara mis tiempos de estudiante, cuando también era la noche el tiempo elegido para preparar los exámenes, y había una jarrita de café sobre la mesa, y me tomaba unas pastillas que se llamaban captagon vitaminado que vendían sin receta en las farmacias y que mi madre me compraba porque nunca supo que tenían más de otra cosa que de vitaminas.

No fui una estudiante modelo, por eso los atracones nocturnos de última hora, pero la chica de la ventana no, ella era constante, y alguna mañana de fin de semana, si no me tocaba trabajar, la volvía a ver sentada en su silla, dejando entrar el aire, la cabeza agachada y los brazos subiendo y bajando, en el casi constante rehacer de su recogido.

Pasaron las pruebas de selectividad y allí seguía. Tenía razón. Preparaba oposiciones. Se jugaba el trabajo para toda una vida, la seguridad que otorga un sueldo a final de mes.

Una noche no hubo luz. Me inquieté ¿Habría abandonado?

Días después reapareció. Hacía más fresco. La ventana estaba cerrada y la persiana algo baja, pero adivinaba a la joven detrás, la cabeza inclinada bajo la luz del flexo. Seguro que había aprobado el primer examen.

Le deseé suerte y ya no volví a mirar.