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LA DELEGACIÓN SAHARAUI LES INDICÓ QUE EL NIÑO EN ACOGIDA PODRÍA TENER «PROBLEMAS DE ADAPTACIÓN»

«Al saber que somos gays nos dijeron: Os aconsejamos no acoger a niños saharauis»

Juan Mari Bravo y Javier Fondón, una pareja homosexual, lamenta las trabas que la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui les pone para acoger a un niño este verano. El colectivo dice que no les niega el acogimiento, solo les pone sobre aviso de la forma de pensar árabe

 

Juan Mari y Javier: La pareja posa para El Periódico Extremadura, ayer en Cáceres. - FRANCIS VILLEGAS

Juan Mari Bravo Carrión, de 19 años, y Francisco Javier Fondón Bermejo, de 21, se conocieron en Cáceres hace un año. Desde entonces viven juntos, están prometidos y trabajan en la Multitienda El Lobo, en la localidad cacereña de Jerte. Hace un tiempo que soñaban con la idea de acoger a un niño saharaui este verano. Una vecina, madre de una amiga de la pareja, acogió a una niña y fue para ella una experiencia tan gratificante que los dos jóvenes se animaron y decidieron contactar con la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Hervás para iniciar los trámites.

Localizaron entonces a su presidenta, Ana Álvarez; lo hicieron el jueves pasado. «Ella en principio nos explicó que tuviéramos cuidado con no darle carne de cerdo al niño, ni darle todo lo que pidiese sino lo que necesitase», explica Juan Mari Bravo. «Yo le advertí, no obstante, que nosotros somos homosexuales y que si habría algún tipo de problema por ello. No, ¡qué problema va a haber si estamos en el siglo XXI!», asegura Bravo que le contestó la responsable del colectivo. «Lo digo por el problema de adaptación que pueda tener un niño musulmán con una pareja homosexual», le insistió el joven. «Ana me indicó que no pasaba nada, que tenía dos niños acogidos y que uno de ellos sintió recelo de un familiar de ella que era gay, pero que se sentó con el niño, se lo explicó y ahora tienen muy buena relación».

Todo parecía ir rodado hasta que al día siguiente Juan Mari le preguntó a Ana si había remitido la documentación y el correo electrónico a la organización. Ana le contestó: «No lo he mandado aún, tengo que comentarte una cosa». Seguidamente Juan Mari recibió, vía whatsapp, el siguiente mensaje de Ana: «Buenos días, hemos estado comentando con la delegación saharaui y nos dicen que os traslademos las gracias por vuestra solidaridad, pero que creen que debido a la cultura de los niños os aconsejan no acoger, pues creen que podríais tener problemas de adaptación». Y añadía: «Gracias por vuestro interés y ojalá ellos logren algún día que las personas estemos por encima de nuestra condición, sea cuál sea».

Los jóvenes no entendían lo que estaba pasando y uno de ellos, Javier, no dudó en hacer público su caso a través del foro de Facebook Fotodenuncia Cáceres. Fue tanta la repercusión que la Federación Saharaui en Extremadura contactó con ellos y les pidió disculpas. «Es un acto discriminatorio», señala Juan Mari. «Con esto nos han hecho daño. Son muchas las trabas con las que nos encontramos y ya hemos decidido no solicitar el acogimiento. Al principio nos lo pusieron todo super bonito para luego llevarnos esta decepción», añade el joven.

Juan Mari subraya que su pareja sufrió bullying durante su estancia en la Escuela Virgen de Guadalupe de Badajoz. Javier asiente con la cabeza: «Todo esto me ha removido, me ha hecho volver a recordar todo el rechazo que sufrí. En aquella ocasión Fundación Triángulo medió, me pagaron un psicólogo, si no llega a ser por ellos no sé qué hubiera sido de mí», relata con lágrimas en los ojos. Su testimonio resulta escalofriante. «Ahora la delegación saharaui necesita 30 familias para que acojan a niños este verano, ¿por qué nos lo deniegan, por ser gays?. Solo pedimos que jamás se niegue nada a una pareja homosexual. Si pensaran en los niños no pasarían cosas como esta. Los niños no tienen culpa de nada, solo necesitan ser acogidos», remarca Javier. «Son ganas de hacer sufrir a la gente y nosotros estamos sufriendo por intentar ser solidarios», concluye.

El presidente de la Fundación Triángulo, José María Núñez, mostró ayer, por su parte, su respeto a la pareja y también a la asociación. No entró en la polémica y prefirió esperar a tener toda la información y a una reunión a tres bandas: con los chicos, con Triángulo y con la asociación saharaui. Dijo, eso sí, que conocía un caso de pareja homosexual que reside fuera de Extremadura y que llevaba tres años consecutivos acogiendo al mismo niño cada verano en casa.

La respuesta

Entretanto, Juan Mari y Javier fueron ayer a Cruz Roja para trata de acoger a un niño español este verano mientras la respuesta a la polémica llegaba de la mano de José Ramón Herrero, vicepresidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Hervás, que también es alcalde de Valdastillas. Aseguró que no hay problemas en que la pareja solicite el acogimiento, «pero solo les hemos dicho que sean conscientes de que es un sitio musulmán y de las creencias que ellos tienen. Yo soy alcalde, he oficiado bodas civiles de chicos gays y no tengo problema, pero es que son los responsables de los campos de refugiados de Tinduf y los padres los que tienen la última palabra. Se les puso sobre aviso, pero no hemos denegado nada». Eso sí, Herrero admite que «Ana, la presidenta, les puso todo color de rosa al principio y ese es el único error que ha podido cometer. Les hemos sido sinceros, y no es porque no admitamos que ellos sean homosexuales, sino porque la sociedad musulmana tiene otras creencias. Les hemos animado a que rellenen el expediente, pero les tenemos que decir lo que puede ocurrir», apunta Herrero.

El vicepresidente insiste en que la asociación es «mera tramitadora» de la documentación, que luego pasa a la Dirección General de Infancia y Familia de la Junta. «Piden si la familia de acogida tiene antecedentes penales, se les solicita un compromiso de no adopción y que el niño no pierda su arraigo cultural». En ningún caso en esas condiciones aparece una exclusión al colectivo LGTBI. Una vez recabados los datos, se envían a la Delegación Saharaui en Extremadura, que los remite a los responsables de los campamentos de Tinduf, ellos y las propias familias son quienes deciden: «Son los padres los que tienen que aceptar si quieren o no que sus hijos sean acogidos y en qué tipo de familia». Herrero asegura que se dio un caso de lesbianas que acogieron en Extremadura, pero al año siguiente, por este motivo, los padres decidieron no volver a enviar al niño.

Herrero confirmó que necesitan 30 familias de acogimiento, que deben pagar los gastos de avión, 400 o 500 euros, más la manutención de los chavales, que suelen venir a partir de los 7 u 8 años. Cuando las niñas tienen edad fértil ya no las quieren enviar. Otra cultura, un debate abierto.