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«Antes a la coja se le decía coja y al bizco se le decía bizco y no pasaba nada»

 

«Antes a la coja se le decía coja y al bizco se le decía bizco y no pasaba nada» -

Las parodias de Antonia y Omaita les han valido para retratar con ironía el mundo en que vivimos. Son humoristas, pero no a cualquiera precio; ellos no quieren traspasar barreras sino hacer reír a la gente, eso sí, reconociendo que ahora España tiene la piel muy fina. El próximo domingo (ocho de la tarde) estarán en el Palacio de Congresos, pero antes César Cadaval, la mitad de Los Morancos, repasa en esta entrevista sus 40 años de trayectoria.

-¿Cuarenta años no es nada?

-Cuarenta años no es nada, pero a la vez son muchos. Muchos años y con la satisfacción de que seguimos ahí, haciendo disfrutar al público. Creo que estamos en un momento buenísimo por cómo nos conectamos con la gente, cómo nosotros mismos disfrutamos del espectáculo y muy contentos por estar 40 años haciendo feliz a la gente.

-Comenzaron a trabajar juntos en 1979 y en 1983 hicieron su debut televisivo de la mano de Chicho Ibáñez Serrador en ‘Un, dos, tres’... ¿Qué recuerdos le trae ese programa que forma parte de la historia de la tele?

-A ese programa nos llevó Eugenio, el humorista, que hizo que Chicho Ibáñez Serrador fuera a vernos a Los Canasteros, una sala de Madrid; y es él quién nos invitó a que acudiéramos al ‘Un, dos, tres’; pero cuando realmente nos hicimos populares fue en 1985, en un programa de fin de año que presentaba Concha Velasco. Fue cuando cantando flamenco en inglés, toda España pensó que éramos americanos de verdad, cuando éramos de Triana. Recuerdo aquel impacto, porque en aquella época solo había Televisión Española y el UHF. Prácticamente se veía un canal y esa noche nos vieron 20 millones de personas. Al día siguiente era impresionante cómo nos miraba la gente por la calle. Nos cambió la vida.

-Ese programa se llamaba ‘Viva 85’ y en él lanzaron la frase ‘puta madreggg’, pronunciada con acento gringo, que se convirtió en todo un clásico...

-Así es. No nos conocía nadie, cantábamos flamenco en inglés y al final de cada bulería decíamos ‘puta madreggg’, y a la gente aquello le sentó bien. Los tacos era lo primero que aprendían los americanos cuando venían a España.

-¿Cree que la gente sigue pegada a la pequeña pantalla a fin de año?

-Hoy como hay tantísimos adelantos y ha cambiado todo tanto con las redes sociales, creo que somos fieles a las campanadas, pero existe mucha diversidad de canales para que puedas elegir lo que quieras. No es como antes, que era la noche de mucha gente, la de tomar las uvas y quedarte en casa con la familia o viendo un programa en la tele. Se ha perdido un poco por la oferta que hay, porque tenemos de todo, podemos ver una película o lo que nos apetezca en cada momento.

-Precisamente, hoy se triunfa con vídeos virales. Han cambiado los formatos y se han adaptado a ellos...

-El éxito que nos ha llegado a través de internet y las redes sociales es porque nos hemos adaptado a los tiempos. Estamos recogiendo a un público jovencísimo que no conocía nuestras parodias. Hemos llegado a tener vídeos de 14 millones de visualizaciones y eso, quieras o no, cambia la visión que la gente tenía de Los Morancos. No obstante, donde realmente nos sentimos a gusto y lo pasamos muy bien, es en el directo, en el teatro, disfrutando con el público.

-En ese directo están ahora con la gira ‘Los Morancos X 40 +’ ¿qué ofrecen en este espectáculo?

-Hemos recogido los 40 años, un poquito de todo, con sketchs de toda la vida; hacemos muy partícipe al público. Lo que hacen Omaíta y Antonia es prepararles el cumpleaños a Jorge y a César, y a partir de ahí no digo nada más para que los que vayan al teatro disfruten con las sorpresas que se van a encontrar. Es un espectáculo con el que hemos estado a tope durante seis meses en Madrid, con más de 60.000 personas.

-Este domingo actúan en Cáceres...

-Teníamos muchas ganas de volver. Cáceres es una ciudad que nos encanta. Creo que es una ciudad desconocida, una ciudad preciosa, una ciudad muy estudiantil. Tiene unos monumentos y unas calles preciosas. Y nos gusta ir a Cáceres, nos encanta.

-¿Por qué el nombre Los Morancos?

-Pues mire porque hace muchos años empezamos con un sketch de moros y un hermano nuestro, Juan, empezó con los moros, los morancos, los morancos... Y al principio nos presentamos como Los Morancos de Triana, pero como era muy largo para las carteleras, lo dejamos en Los Morancos. Fíjese, Los Morancos, qué nombre más raro, pero se quedó, se quedó, y ahí está.

-Rebobinemos. Hable de la infancia...

-En Triana, en El Tardón, muy familiar, muy bonita, volvería a repetirla. Y creo que Jorge diría lo mismo. Hemos vivido muy felices, con gente muy normal, muy llana, gente buena, de barrio, y lo hemos pasado extraordinariamente. Y fíjese, nuestra calle era muy peculiar, porque en el 8 vivía la Pantoja, en el 20 Lole y Manuel; vivía Chiquetete, El Poeta, que era otro guitarrista... Era una calle de muchos artistas.

-¿Cómo fue la juventud?

-Con 15 años empecé a trabajar con Los Morancos y de la juventud nos perdimos muchas cosas porque teníamos que ir a trabajar, pero bueno, no me arrepiento porque lo que hacíamos nos gustaba. Ha sido un camino muy largo, han sido épocas, épocas y épocas, y gracias a Dios nos ha ido bien. Después de 40 años seguimos ahí, y además con el reconocimiento del público, que vamos por la calle y cualquier persona nos para y nos dice: «Nos habéis sacado de la depresión, nos hacéis felices». Creo que nosotros somos como los ginecólogos, trabajamos para que otros se diviertan.

-¿Qué les dijeron en casa cuando decidieron ser humoristas?

-Pues mire, mi padre, que fue importantísimo en nuestra carrera, que de joven había estado vinculado al espectáculo junto a Antonio Machín, terminó trabajando en un banco. Cuando se jubiló en el banco fue cuando nosotros empezamos; entonces era un sí pero no, un ‘hay que estudiar, hay que estudiar’, pero como que nosotros fuimos ganando, poquito a poco, poquito a poco, y a él la verdad, le recordábamos su época. Sabe usted que los principios son duros y lo cierto es que nuestro padre fue fundamental.

-Habla de su padre al que precisamente le gustaban mucho los vaqueros. Cuando murió se dijeron: «Con lo que le gustaba a mi padre los vaqueros, ¿por qué no lo vamos a enterrar en vaqueros?»

-La verdad que mi casa es un poco así, nos reímos un poco de todo, dentro de la pena que teníamos. Y aquello fue pues algo así por los nervios, o yo que sé, pero que nos reímos mucho. Mi hermano lo cambió cuatro o cinco veces, bueno aquello fue... Dentro de lo que es enterrar a un padre, que teníamos muchísima pena, pero decíamos: ‘Así no lo podemos poner, no, así sí’. Aquello de la pena que teníamos fue un cachondeo.

-¿Hay que estudiar para ser un buen humorista?

-¿Que si hay que estudiar mucho? Bueno, es que nosotros somos autodidactas. Claro que el tiempo te va dando quizá eso, el ir aprendiendo más cosas, el tiempo te va haciendo. Estudiar, no. Hay que trabajar; creo que el trabajo al final da resultados y nosotros, dentro de que en el escenario somos muy anárquicos porque hacemos lo que nos da la gana, detrás hay un trabajo previo, que es lo que no se ve. Y que nosotros nos lo hemos tomado muy en serio siempre, hemos sido muy formales a la hora de no fallar en ningún sitio, a la hora de estar siempre al pie del cañón. Y eso, lo que le comentaba antes de la juventud, de querer estar con los amigos y no poder estar, de perderte una boda, una feria, una Semana Santa... Siempre hemos estado ahí y eso al final da sus frutos, y por eso creo que Los Morancos seguimos ahí.

-¿Vale todo en el humor. Ahora cuentas un chiste y puedes acabar en la cárcel. Tenemos la piel muy fina?

-Lola Flores decía que para tener sentido del humor había que reírse de uno mismo. Creo que era verdad. Te puedes reír de todo, pero hay cosas y momentos en los que hay que tener sensibilidad. Hay parodias que pueden hacer daño y el humor no está para hacer daño; está para que la gente lo pase bien y disfrute. Claro que de todo se puede hacer humor, pero la sensibilidad es una parte muy importante cuando a una persona le puede molestar. Y yo, con la cantidad de cristianos que hay en España, ¿para qué me voy a meter con los curas y con la Iglesia?, si es que hay mucha gente que no le gusta que yo haga eso. ¿O por qué me voy a meter con los gays, si hay a gente que le molesta? Hay que hacer las cosas con cariño. Claro que todo es parodiable y de todo se puede hacer humor. Respeto todo lo que se haga, pero hay momentos en que no.

-Claro, porque hay parodias que han hecho grandes cómicos de este país que ahora serían impensables...

-Recuerdo al maestro Arévalo, que siempre contaba chistes de tartamudos, de gays, de catetos, de todo... Y hoy en día hay que tener una sensibilidad porque se enfada todo el mundo. Antes podías decir la palabra enano tranquilamente, y ahora dices enano y te sale la Asociación de Enanos diciendo «que no son enanos, que son bajitos». Ahora hablas y hay que medirse, y la verdad es que es una pena, porque tampoco se dice con mala idea. Siempre se han dicho las cosas en plan natural. Y mire, me he visto últimamente la serie ‘Arde Madrid’, que recrea la vida de Ava Gardner en Madrid, y a la coja se le dice coja y al bizco se le dice bizco, y no pasaba nada. Hoy en día hay que tener mucha sensibilidad. Porque no se dice con maldad, se dice: «mira el cojo, mira el bizco este», pero ha sido la expresión de España, del día a día, de tu pueblo, de tu ciudad, de tu barrio. Siempre había muchos motes, todo el mundo tenía un mote y no ha pasado nada con eso.

-¿Puede hablar de sus dos grandes personajes, Antonia y Omaita?

-Pues sí, hombre, Antonia y Omaita son nuestros personajes principales, los que han sido creados por nosotros. Y creo que todos llevamos un 15% de Omaita dentro de nuestros cuerpos, porque a través de Omaita somos capaces de decir muchas cosas que a lo mejor Jorge y César no es que no las digan, porque las podrían decir también, pero a través de los personajes vamos hablando mucho del día a día. Hay mucha gente que se identifica, hombre siempre teniendo en cuenta la exageración que hace el personaje, pero en todos sitios hay una Omaita, una madre y una hija, una que es más ordinaria. Han sido personajes con los que hemos acertado, igual que Martes y Trece crearon a Encarna, igual que Tip y Col el vaso de agua, el Dúo Sacapuntas con el 22, 22, 22... En fin, todo el mundo ha tenido un personaje y aunque nosotros hemos hecho muchos personajes, los nuestros han sido Antonia y Omaita y la familia entera, el Paco, el Gabriel, la Jeny, la Beu, la Wendolin... A la gente les ha caído bien.

-Les ha caido bien la familia y el grito de guerra: ¡Yo-su-aaaaaa!

-El Yo-su-aaaaaa se ha hecho muy famoso. La verdad es que muchas veces, cuando pasamos por la calle, nos paran al grito de ‘Yo-su-aaaaaa’, y eso es una satisfacción para nosotros, porque son cosas que haces y que calan. Comprendo que el que se llame Yosua estará más ‘joío’ (carcajadas) y dirá: «Estos cabrones me han ‘formao’ un tacazo».

-En el formato aparece el plato del puchero, la mesa camilla, la Nancy de tómbola, vestida de legionario sobre el televisor.. ¿Siguen siendo estos símbolos de la España de hoy?

-Bueno, yo creo que España ha cambiado mucho en ese sentido. El decorado es el de una España más tradicional, de esa época, pero seguir recordándola es bonito. Pienso que hay gente que tiene su casa, a lo mejor puesta con Ikea, pero tiene un detalle de esos años. Estamos en otro momento de la vida, y gracias a Dios. Antes, como le contaba, teníamos muy poco donde elegir, ahora hay mucho y bueno. Gracias a Dios todo el mundo tiene un coche, todo el mundo se sale de vacaciones, en eso avanzamos muchísimo en España. Y es una alegría. Pero esos personajes mantienen su esencia, y además adaptándose a los tiempos. Todos recordamos a Omaita hablando con el frigorífico porque el frigorífico hablaba. La verdad que te ríes con esas cosas, me imagino que cualquier persona de esa época le pasará lo mismo. Creo que en España la gente tiene mucha gracia, el día a día, que es lo que nosotros hacemos, captar el día a día de la calle, de un médico, de una Seguridad Social, de una tienda, de un supermercado. Hay mucho humor en España y nos tomamos las cosas muy bien. Y eso es lo que la gente ve en nosotros, que somos muy de pueblo, muy naturales y muy de adaptarnos a los tiempos.

-¿Qué opinan de Vox?

-Yo, me va a perdonar, pero de política no opino. Solamente opino que lo que quiero hacer es feliz a la gente. Respecto a la política tenemos una cosa clara, que no vamos a hablar nunca de política.

-Aunque han parodiado a Susana Díaz: ‘Yo estaba acomodá, en la Junta bien colocá’, ‘también de los ERE ella se libró’ o ‘con Abascal os vais a cagar’...

-Una cosa es la parodia que hay en la calle, lo que dice la gente y lo que habla la gente, y otra es que tú opines de política. Y nosotros de política no queremos opinar nada, porque yo creo que nos debemos al público, a todo el público, de derechas, de izquierdas, de centro... y eso es lo que queremos nosotros, hacer felices a los demás, aunque después parodiemos a los políticos.

-Sí, también lo hicieron con el escándalo de los masters y este estribillo pegadizo: ‘Por si no te enteraste, hay revuelo en el Congreso, porque algunos tienen masters sin haber hecho la ESO’...

-(Se ríe). Pues sí, la verdad que sí, hemos hecho de todo un poco, hasta con el tema de Rosalía también, y ahí está, y a la gente le gusta y lo pincha en Youtube.

-O con el ‘Despacito’ de Luis Fonsi a cuenta de Iñaki Urdangarín: ‘Es delito si el que roba algo es un pobrecito, a ese se lo cargan en un momentito y va pa la cárcel pero rapidito. No es delito si el que roba algo tiene algún carguito, entonces la cosa va más despacito y se va olvidando más poquito a poquito’...

-(Cadaval prefiere, para terminar, no meterse en fregados y sale como puede). Han gustado y por eso estamos agradecidos a la gente, que siempre está al levantarse el telón.