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LOS JÓVENES QUE #SEQUEDAN EN CÁCERES

Una cacereña que ‘sí’ estudia y ‘sí’ trabaja

Amalia Harinero Sánchez, de 27 años, se forma en Educación Infantil y al salir de clase se pone el uniforme para trabajar en una tienda de 24 horas

 

Amalia Harinero Sánchez 8 La cacereña en su puesto de trabajo. - ARTURO HARA

CELIA GÁLVEZ NÚÑEZ
08/04/2019

No está segura de si se va a quedar en Cáceres porque tiene ganas de conocer mundo y es «muy curiosa», cuenta Amalia Harinero Sánchez. Lo que sí sabe es que en un futuro quiere vivir aquí.

La cacereña de 27 años trabaja en un establecimiento, situado en la avenida de Alemania, que abre durante 24 horas, y lo hace mientras estudia Educación Infantil. «Era la única manera de compaginar los estudios con tener un empleo». Los fines de semana y al salir de clase, se pone el uniforme para empezar su jornada laboral. «Los viernes salgo a las 19.30 horas y entro a las 20.00». Estudia y tabaja al mismo tiempo para pagarse la carrera, aunque sus buenos resultados a fin de curso le hacen tener beca para el año siguiente.

Cuando era niña vivía en San Blas e iba al colegio Diocesano junto a sus tres hermanos, que con ella son cuatrillizos. Después fue a El Brocense, donde estudió Bachillerato y preparó la selectividad. Aunque finalmente optó por realizar un módulo superior de Educación Infantil. Sin embargo, no le convenció demasiado y lo abandonó. Se inició en el mundo laboral con 19 años, en un supermercado, hasta que con 21 se marchó a Sevilla. «Una oferta de trabajo le llegó al día siguiente de ponerlo en Infojobs y me fui aunque siempre con la idea de estudiar Psicología o Educación Social», relata.

Allí estuvo trabajando entre los barrios de Triana y Los Remedios durante cuatro años. Repitió la prueba de acceso a la universidad en Andalucía con el fin de sacar nota. Y así lo hizo. Pero justo después regresó a Cáceres. Una vez en su ciudad se decantó por matricularse en Educación Infantil. «Tenía dos años de paro, era el momento de empezar a estudiar en Cáceres». Sin embargo, no tardó demasiado en encontrar el empleo que ahora desempeña, junto con otros 15 jóvenes que forman la plantilla.

«La vida es cómoda y económica, está todo muy a mano». Insiste en que «el patrimonio histórico es muy bonito» pero anota que «podría reforzarse más y sacarle partido a todo lo que tenemos». Lo mismo piensa de la juventud. «¿Cómo le vas a pedir a una mente brillante quedarse si no puede explotar aquí lo que tiene?». Por otro lado, no duda en animar a que las nuevas generaciones «hagan despertar la ciudad». Cuando la cacereña termine el grado universitario opositará. «Si tengo la oportunidad de quedarme aquí no dudaré en hacerlo».