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Dispositivos contra los paros cardíacos // Mil euros para evitar muertes

Cáceres ya tiene unos 40 desfibriladores pero necesita más en espacios concurridos

Facultades, colegios, centros comerciales y oficinas de la Administración ya los están incorporando. El Colegio de Médicos los recomienda «porque salvan vidas», y ofrece los cursos necesarios para su manejo

 

Asistentes a un curso para aprender el uso de un desfibrilador semiautomático. - EL PERIÓDICO

Un desfibrilador - EL PERIÓDICO

Cada año se producen en España alrededor de 24.500 paradas cardíacas fuera de los hospitales (una cada veinte minutos). Además, se registran más de 68.000 infartos de miocardio agudos, y en tres de cada diez casos el paciente fallece antes de llegar a un centro sanitario. Estos problemas generan cuatro veces mayor número de muertes que los accidentes de tráfico. Cifras inquietantes que sin embargo tienen ya una solución eficaz para un elevado porcentaje de casos. Los desfibriladores pueden restablecer el ritmo adecuado del corazón en los primeros minutos. La capital cacereña cuenta de momento con unos 40 repartidos por distintos espacios públicos o privados de alta concurrencia. El Colegio de Médicos aconseja que todos los lugares donde existan concentraciones de público se doten de estos dispositivos, «porque salvan vidas».

Así lo explica Carlos Arjona, presidente del Colegio de Médicos de Cáceres. «Antes eran aparatos manuales de manejo complicado que requerían personal sanitario, pero los desfibriladores semiautomáticos (DEA) pueden ser utilizados por cualquier persona que haya recibido un pequeño curso. El propio dispositivo va recordando los pasos, por eso son un recurso cada vez más conocido y su número va en aumento», subraya Carlos Arjona. Sin embargo, aún no hay suficientes equipos en la capital cacereña, todavía existen muchos centros tanto públicos como privados que deberían disponer de ellos por la frecuencia de personas que registran a diario.

Las paradas cardíacas han ocupado las páginas destacadas de la actualidad cacereña a raíz de las maniobras de reanimación practicadas por dos estudiantes del Norba Caesarina a otro alumno de 16 años, al que salvaron la vida cuando el pasado 8 de enero se le paró el corazón en plena clase, en el instituto Norba Caesarina. El joven tuvo suerte, sus compañeros tenían conocimientos en primeros auxilios, pero no es lo habitual. A raíz de este suceso, la Asociación Nacional de Profesores Estatales (ANPE) ha recordado la necesidad de dotar de desfibriladores semiautomáticos a los centros docentes, un compromiso adquirido por la Junta de Extremadura en 2017.

«Estos dispositivos llevan su propia batería, no hay que conectarlos. Lo único que hará una persona que haya recibido el curso de manejo de desfibriladores, regulado por la comunidad autónoma, será colocar los electrodos en el pecho del paciente y el mismo aparato realizará un electrocardiograma muy básico pero suficiente que determinará si es necesaria una descarga. En ese caso, el mismo dispositivo indicará que se separe todo el mundo y la realizará. Si no fuese precisa, no la hará. Todo se indica al detalle», explica el presidente del Colegio de Médicos.

Esta rápida intervención puede revertir el ritmo del corazón y normalizarlo. «Si se hace en los primeros 3 minutos las posibilidades de supervivencia son del 75%, si se hace a los 5 minutos, son del 50%, de modo que cuanto antes se use el desfibrilador más probabilidades existen», matiza Carlos Arjona, recordando que donde existe un dispositivo, muy posiblemente habrá quien sepa usarlo, hasta que lleguen los servicios médicos.

Consejo de los facultativos / El Colegio de Médicos anima a grandes superficies, espacios deportivos, empresas de cierto tamaño y en general a todos los lugares con afluencia de personas que se doten de un desfibrilador. «Pueden contactar con nosotros porque en el Colegio de Médicos tenemos personas capacitadas para impartirlos, merece la pena dedicar unas horas y aprender a manejarlos», recomienda Arjona.

Nada más cierto. El desfibrilador externo semiautomático (DEA) diagnostica por sí solo y trata la parada cardiorrespiratoria cuando es debida a la fibrilación ventricular o a una taquicardia ventricular sin pulso. La desfibrilación consiste en emitir un impulso de corriente continua al corazón, despolarizando simultáneamente todas las células miocárdicas, de modo que se puede restablecer un ritmo cardíaco efectivo. Hay que recordar que la fibrilación ventricular es la causa más frecuente de muerte súbita, de ahí la importancia de estos dispositivos que pueden ser utilizados por personal no sanitario. Su efectividad resulta máxima en el momento inicial. No obstante, son ineficaces en ciertos accidentes del corazón como la parada cardiaca con asistolia y la actividad eléctrica sin pulso.

Una de las personas que más saben de este tema es Juan Cambero, director de la empresa cacereña IberCardio, Proyectos Integrales en Cardioprotección y Emergencias, única firma de la ciudad especializada en la venta de esta tecnología que salva vidas, y que además imparte formación para manejar los equipos. Son cursos de ocho horas regulados por la Junta de Extremadura donde se aprenden técnicas básicas de reanimación cardiopulmonar y a actuar en general ante situaciones de emergencia. Esta firma imparte unos 70 al año.

Juan Cambero afirma que los desfibriladores cada vez tienen más presencia en espacios que registran una afluencia continua de personas. «Los hay en entidades públicas y privadas, el último en incorporarlo ha sido el gimnasio Enzo de Cáceres, y próximamente se entregarán dos dispositivos a los colegios María Auxiliadora y Cervantes», precisa. En la Universidad Laboral tienen hasta cuatro desfibriladores, pero no es el ejemplo más común. Muchos espacios aún deben dotarse de estos recursos, no están cardioprotegidos pese a la cantidad de personas que registran o su tipo de actividad. «Por ejemplo, no hay desfibriladores en la mayoría de los centros deportivos ni en los hoteles. Los colegios poco a poco se van incorporando al listado. En general existe una concienciación creciente», subraya.

Cada vez hay más facilidades para adquirir estos equipos. El precio no es elevado teniendo en cuenta su eficacia. «Un desfibrilador semiautomático cuesta unos 1.000 euros. Las baterías duran unos siete años (190 euros) y los electrodos deben renovarse cada dos años (50 euros)», detalla Juan Cambero. IberCardio regala por ejemplo los electrodos de por vida, y también facilita la realización de una campaña a través de la asociación Isovital, para que las entidades pueden financiar la adquisición de un dispositivo mediante la venta de pulseras.