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«Cada día pasaba algo, un mitin, un asesinato o una manifestación»

 

«Cada día pasaba algo, un mitin, un asesinato o una manifestación» - ANTONIO MARTÍN

Gema Guerra Benito Gema Guerra Benito
23/09/2019

No puede evitarlo. Robert Royal (Alabama, 1940) es un perfeccionista. Revisa con un nivel de bolsillo que los marcos de las fotografías estén simétricamente alineados. Apenas es perceptible, pero no le convence la altura de la de Tierno Galván puño en alto. La descuelga y se toma sus minutos para corregir la imperfección. «Ahora sí», se dice y comprueba que luzca al mismo nivel de la de Felipe González. Señala al socialista. «De él tengo más fotos que de ninguno». Ya tranquilo, vuelve a recorrer las instantáneas que ha visto más que nadie. Son sus cincuenta elegidas pero su archivo es infinito. Y valioso. En sus negativos el estadounidense guarda los años decisivos de España. El fotógrafo es fedatario de una época clave para la historia del país, la Transición, y este mes comparte su trabajo en Cáceres.

Una selección de sus capturas, además de una decena de imágenes inéditas tomadas en Extremadura, se puede visitar en la primera planta de la antigua escuela de Magisterio. La de Royal inaugura una nueva etapa en el edificio de la Universidad de Extremadura. La exposición está comisariada por el profesor de Historia Antonio Pantoja. Entre las piezas se cuelan Francisco Franco en la Feria de Abril en los 70, un jovencísimo José María Aznar, Santiago Carrillo o Juan Carlos I el día de su proclamación como rey. Él supo llegar adonde otros no llegaron y supo ver lo que otros no vieron. Ahora, tras cuarenta años dedicado a la fotografía, se toma un respiro y charla con EL PERIÓDICO EXTREMADURA en su visita a la capital.

Royal se expresa con soltura, en estos años parece haberse contagiado de la gracia española de la que tanto presume. Precisamente ese desparpajo fue el que le consiguió su puesto como corresponsal gráfico. Aunque él lo que quería es ser actor. Y a España viajó para buscar su hueco en los escenarios. «Me movió la aventura», sostiene. «Estudié literatura y teatro y hablaban mucho de Cervantes, García Lorca, Buñuel y Dalí. Aprendí español en el instituto y viví en Miami, lo sigo hablando como cuando hablaba con 18 años. Un día en un casting y en una conversación con otro actor que no tenía trabajo, me dijo, si sabes montar a caballo hay trabajo en España y dije ahí está», relata.

Llegó al país en los sesenta. Sus círculos, relacionados con el arte y la cultura, distaban de lo que era el Franquismo aunque él reconoce la política «no le llamaba la atención». «Yo notaba cosas, pero no entraba en eso, una vez un presentador de la televisión me pidió que fuera a su casa a hablar inglés con su hija y veía que era una familia muy conservadora, pero yo siempre he sido religioso, protestante, no me sorprendía una familia así, que estaba muy metida en sus creencias», confiesa.

A la fotografía le dedicaba un tiempo como hobbie. Reconoce que «siempre» ha vivido pegado a la cámara. «Cuando estaba en la mili hacía fotos de los coroneles y cuando estaba intentando trabajar en el teatro hacía books de mis compañeros. Siempre he tenido esa visión de la imagen, de la composición y seguí usando esto en España». Así mientras buscaba su hueco en la interpretación se ganaba un sueldo con las agencias americanas.

Asegura que en esa época era más natural y todo estaba menos medido. «Trabajando como extra yo tenía cerca a actores famosos. Entonces la gente no importaba, ahora tu sacas la cámara y viene su representante de prensa. Tú entonces veías a tu lado a un actor grande y le preguntabas: ¿Te hago una foto? Y posaba. En cualquier caso, no llega a definirse como «fotógrafo artístico». «Yo hago fotos de mis hijos, de mis nietos o de mi jardín».

Las primeras instantáneas que vendió a los Estados Unidos fueron las de la manifestación ‘por los 25 años de paz en la Gran Vía’. «Llamé a una agencia norteamericana y les pregunté que si les interesaba y me dijeron que sí y les mandé las fotos, las de los actores también las vendía pero a una agencia de cotilleos en Londres», recuerda. Desde entonces se forjó una relación profesional que le hizo ganarse un nombre en el país. No eran muchos. «Había pocos fotógrafos, los que había eran para revistas y para Efe y el Nodo y eran totalmente empleados del Estado».

Anécdotas también guarda muchas, pero elige rememorar su portada de Adolfo Suárez para la revista ‘Time’. «No tardaron ni dos días en contactarlo después de que lo nombraran presidente y me llamaron». También recuerda que en plena sesión con Aznar se fue la luz o cómo perdió la oportunidad de retratar al padre del Rey Juan Carlos. «Estuve haciendo fotos de un personaje en Marbella y me invitó a tomar una copa en su yate y no aparecí». Eso sí, presume de haber cubierto todos los viajes que hizo el Rey emérito. Entre sus memorias se cuela también José Couso y se le quiebra la voz. «Era muy pequeño, tenía una cámara enorme y se movía como ahí como un futbolista».

Si hay algo que le quedó grabado de aquella época es que no tuvo pausa. «Cada día había una noticia nueva, desde la muerte de Franco hasta el año 82 siempre pasaba algo, una manifestación, un asesinato o un mitin». «Tanto mitin». Ahora, después de tanto tiempo, no puede quedarse con una sola foto. «Me gustan los recuerdos de todas». No se arrepiente de ninguna. «He podido conocer a gente con una misión mala en la vida pero no a gente mala», concluye.