+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Cien años del Gran Teatro

  •  Un grupo de empresarios cacereños crearon en 1903 la sociedad que fundaría el actual teatro


  •  

    Aspecto actual del Gran Teatro cacereño. - Foto:F. VILLEGAS

    DAVID PÉREZDAVID PÉREZ 20/03/2003

    Productor teatral

    En la ciudad de Cáceres á veinte de marzo de mil novecientos tres, siendo las ocho en punto de la noche...

    De esta manera da comienzo la primera página del acta de constitución de la sociedad denominada Gran Teatro de Cáceres, cuya primera junta directiva estuvo formada por Máximo Turrón, Miguel Muñoz Mayoralgo, Juan Muñoz Chaves, Víctor García Becerra, José López Montenegro, Daniel Bejarano, Juan Jacobo de la Ribera y Tomás Pérez, este último bisabuelo del que firma este artículo.

    Escrito con letras de las de antes, de mojar en tintero y no apretar mucho, está redactado un documento que nos pertenece a todos por ser parte de nuestra historia; una historia que habla de nuestros bisabuelos y de sus inquietudes que habla del Cáceres de antes.

    El Gran Teatro empezó a gestarse a la par que la primavera de 1903, cuando un grupo de empresarios, viendo la necesidad de crear un espacio para la cultura, formaron sociedad con el fin de conseguir los medios y el local apropiado donde levantar un teatro.

    Tras leer detenidamente las distintas caligrafías que conforman el libro de actas, lo primero que llama la atención son las diferentes ubicaciones que se valoraron antes de decidirse por la actual situación del teatro. Es curioso pensar que por algo más de 1.500 pesetas de las de antes, nuestro querido edificio pudo construirse en la Posada de Camino Llano o en la casa número 2, 4 y 6 de la calle Margallo (propiedad entonces de don Pedro de la Peña). Al final y por una pequeña diferencia de votos, la sociedad se decantó por el local que ahora conocemos, local que costó 30.500 pesetas.

    Veintiséis años de negociaciones y gestiones fueron necesarios para que el 4 de noviembre de 1929, el Gran Teatro, bajo la dirección de la SAGE (Sociedad Anónima General del Espectáculo), nombre con el que se le conoció durante mucho tiempo, abriera sus puertas. La Sociedad Gran Teatro alquiló a la SAGE por un precio anual de 30.250 pesetas la explotación comercial del teatro. Nuestro teatro, centro cultural de Cáceres, tampoco quedó al margen de los acontecimientos de 1936. En tan renombrada fecha, y según consta en acta, la "presidencia ´cedió´ el Gran Teatro al Glorioso Movimiento que dirigía el Generalísimo Franco, como sede de operaciones ". Fue el 21 de julio de 1939 cuando el Excmo. Coronel Gobernador Militar de la Plaza y Provincia de Cáceres procede a la devolución del edificio ".

    Es en esta misma fecha cuando el arrendamiento del teatro pasa a don Juan Pérez García (hijo de uno de los fundadores, don Tomás Pérez) quien se encontró con un teatro, como se hace constar en el acta correspondiente, sin butacas y con bastantes desperfectos en instalaciones, aparatos y edificio, debido a la desinteresada cesión que se hizo al ´Glorioso Ejército´ .

    Costó varios años regularizar la situación del teatro y dejar atrás años de ocupación militar pero mereció la pena el esfuerzo.

    Con más ilusión que medios, la programación del teatro se regularizó y fue con sus casi mil butacas, un claro referente cultural en las programaciones de toda España. Por aquel entonces, por sus tablas pasaron figuras tan renombradas como Estrellita Castro, Pastora Imperio, Rafael Farina, Antonio Machín, Tony Leblanc, Manolo Escobar, Lola Flores, Los Ozores, Conchita Piquer, Juanito Valderrama, etcétera. Hace cien años ser empresario de teatro significaba tener más corazón que cabeza. En una época donde era inimaginable contar con subvenciones para programación y mucho menos para infraestructuras, donde la taquilla lo era el todo, vaya mi más sincero reconocimiento a empresarios, artistas, directores, dramaturgos, coreógrafos, figurantes, técnicos, tramoyas y maquinistas.

    Por otros cien años de buena salud, pero sin guerras.