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LA JOVEN CACEREÑA INTENTA AHORA ABRIRSE CAMINO EN EL MUNDO ARTÍSTICO CON SU OBJETIVO

Fotografía contra el bullying

Marta Hoyos (23 años) sufrió acoso escolar durante la infancia y la adolescencia y encontró en la imagen la forma de quitarse sus miedos. Ya olvidó esa etapa pero la fotografía seguirá en su vida para siempre

 

Serie: ’Sentidos infectados’, de su exposición ‘Cronófagos’. - MARTA HOYOS

La artista: La cacereña Marta Hoyos posa durante la entrevista para este diario. - FRANCIS VILLEGAS

Sira Rumbo Ortega
11/07/2019

De niña le encantaba jugar con las cámaras de foto y de video que tenía su padre en casa. Es un aficionado de la imagen al que gustaba grabar los rincones y recuerdos de todos los viajes, para componer después las películas de aquellas historias en familia.

Pero a Marta Hoyos (Cáceres, 23 años) aquella afición le caló dentro y le ayudó a recomponerse de sus momentos más difíciles. Sufrió acoso escolar desde que estaba en Primaria, se sentía invisible en un aula plagada de niños. Y la insultaban porque no era como los demás. «Cuando te dicen tantas veces que no vales para nada acabas creyéndotelo», recuerda. Nunca fue capaz de contárselo a sus padres y se refugió en la fotografía, que le ayudó a descubrir que ella «no era el monstruo que todos decían que era».

Es de las que piensa que al acoso escolar hay que darle voz, pero le cuesta hablar de ello, a pesar de que es una etapa que superó y que intenta olvidar. Cree que hay que normalizar este problema y concienciar de que existe porque la mayor parte de las veces se esconde, se vuelve invisible, como era ella para el resto de sus compañeros de clase. «Conozco a personas adultas que lo han vivido y lo han negado, a personas que lo han hecho y que también lo niegan y a docentes que niegan el acoso en sus aulas», afirma. El bulliyng terminó cuando sus padres la cambiaron de colegio. Después estudió Bachillerato artístico en Madrid.

A través de la imagen empezó a conocerse a sí misma. Comenzó haciendo autorretratos de las partes de su cuerpo. Era su forma de atreverse a mirarse, como cuando uno se pone delante de un espejo y asume todos sus defectos. Y poco a poco descubrió que además, con su objetivo, podía expresar lo que sentía, así que comenzó a utilizarlo a modo de terapia. Al final este arte se ha convertido en su vía de escape en todos los ámbitos de su vida, ya que en su etapa adulta le ha ayudado también a superar sus miedos e inseguridades. Hacía incluso autorretratos de desnudos: «Un desnudo refleja mucho la invulnerabilidad, es una forma directa e impactante de transmitir lo que uno lleva dentro», añade.

Ha estudiado un módulo de grado superior de Iluminación, Captación y Tratamiento de la Imagen en Madrid, donde ahora trata de abrirse camino como fotógrafa profesional. En el último mes ha expuesto en la capital de España la obra ‘Cronófagos’, con la que quiere reflejar las situaciones que devoran nuestro tiempo, como la ansiedad, la tristeza, la depresión,… «Son conceptos que no se suelen tocar en la fotografía ni suelen gustar tanto porque siempre es más bonito tener un paisaje en el salón que una imagen que desprenda sensación de malestar», agrega.

El blanco y negro de su historia ha ido dejando paso al color y por eso su obra ha dado también un vuelco radical. Ahora quiere centrar su objetivo en la temática social y en la realización de retratos para seguir contando historias, pero con otros de protagonistas.