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SANTI SENSO

«He venido a parir a la tierra que me parió»

‘Parir. Volver al vientre’ está enmarcada dentro del lenguaje de ‘Actos Íntimos’ del actor y sin guion ya que «la honestidad no se puede ensayar»

 

Santi Senso en la promoción de su obra. - Cecida a El Periódico

CELIA GÁLVEZ NÚÑEZ . CÁCERES
29/10/2018

«Nunca jamás me he ido de Extremadura», asegura Santi Senso, actor cacereño que estrenó el sábado su última obra pero no de su puño y letra, ya que a pesar de ser su propio autor y productor dentro de sus ‘Actos Íntimos’ no sigue guión alguno. Aunque tampoco es improvisación. Dice y hace lo que le nace, «la honestidad no se puede ensayar», relata. Aún más en este caso, en su obra ‘Parir. Volver al vientre’, que se estrenó en mayo en Madrid y quería traer a la tierra que le parió, a la ciudad que le vio crecer, para devolverle todo lo que ésta le ha dado.

Así lo hizo el sábado en el Maltravieso Capitol junto a un elenco de mujeres, entre ellas varias cacereñas, que han narrado sus experiencias en el parto. Este es su último proyecto en el que relata lo que le sale de dentro sobre sus ganas de sentir cómo nace un hijo de su cuerpo. Calificó como acto de generosidad el contenido de la obra. Ya que sin ser mujer, ni tampoco quererlo ser, desea por todos los medios parir. Senso se siente bien como hombre, pero en este teatro ha querido narrar la frustración que asume ya que no podrá traer al mundo a un ser que geste en su vientre, aunque no quiere quitarse ese deseo de poder hacerlo, porque es «hermoso», apunta. En la obra el actor inventó un nuevo concepto, «metaparto» o parirse a sí mismo».

Santi añade que muchos hombres acudieron a él tras el estreno en la capital y le confesaron querer parir o amamantar a sus hijos, pero por vergüenza no lo hicieron público. También explica que es un sentimiento que lleva dentro desde que era niño cuando cuidaba de su hermano Víctor, del hijo de su expareja o de los niños de unos amigos de sus padres. Siempre ha sentido ese «fuerte» deseo pero por miedo a ser juzgado o porque le tacharan de «loco» nunca lo contó. Fue 25 años después, en México, cuando desaparecieron sus prejucios, los «pocos que me quedaban», bromea. Trascendieron las ganas que tenía de cuidar a niños y floreció su auténtico deseo, poder parir.

Allí «nació, murió y volvió a la vida», subraya. Acogido por la familia indígena de los Otomi, donde le dijeron que tenía alma de mujer y practicaron la ceremonia ‘temazcal’, desde que finalizó este acto supo que quería parir y no en el sentido de ser padre, ya que puede tener hijos de muchas maneras, sino «sentir el desgarro, el dolor, del amor que provoca el parto, de dar vida» y parió emocionalmente en escena.