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LOS ALUMNOS CACEREÑOS PARTICIPAN EN CLASES QUE AUMENTAN SU SALUD ÓSEA Y CARDIOVASCULAR

Hipoxia, el mejor plan de pensiones

La Facultad de Ciencias del Deporte realiza un proyecto de referencia a nivel mundial que trata de demostrar científicamente cómo el ejercicio a 2.500 metros simulados sobre el nivel del mar mejora la calidad de vida y previene enfermedades en mayores de 65 años

 

Alumnos, profesores y docentes 8 Foto de familia de algunos participantes del programa en Ciencias del Deporte. Al fondo, las cabinas de hipoxia. - ALBERTO MANZANO

ALBERTO MANZANO
26/10/2019

El ejercicio físico es bueno para el cuerpo y la mente a cualquier edad, pero sobre todo en las personas mayores. Reduce el riesgo de enfermedades crónicas y protege contra el deterioro cognitivo. Con las debidas precauciones, mover el cuerpo es una garantía. El mejor plan de pensiones que uno puede firmar para ayudarle a sentir que no está envejeciendo se llama hipoxia. Así pretende acreditarlo el proyecto ‘El entrenamiento de la fuerza en hipoxia para mejorar la salud ósea y cardiovascular en mayores’ que lleva a cabo la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Extremadura y que ya es una referencia a nivel mundial.

Su investigador principal, el profesor titular Rafael Timón Andrada, explica que la salud ósea y cardiovascular se deteriora con la edad. «El desarrollo físico, y más concretamente el que potencia la fuerza muscular, ha demostrado que es una herramienta fundamental para hacer frente a la aparición de estas patologías». Timón se vale para ello de la utilización de la hipoxia normobárica combinada con este adiestramiento, que podría tener un efecto favorable en la prevención de enfermedades y la calidad de vida.

En el Aula Rolando Bravo de Ciencias del Deporte se celebra una de las clases, dividida en dos grupos y dirigida a mayores de 65 años sin patologías que les impidan hacer actividad física regular. Un grupo realiza en dos cabinas de plástico sus maniobras en hipoxia. En el interior hay una altura simulada de 2.500 metros sobre el nivel del mar. El otro grupo ejercita, fuera de los compartimentos, el mismo tipo de disciplina de fuerza en condiciones de normoxia, es decir, con la disponibilidad habitual de oxígeno que hay en Cáceres.

Dentro de las cabinas se entrena en hipoxia normobárica, que hace disminuir la fracción inspirada de aire por el cuerpo, puesto que la permanente en altura real, en la que existe una falta de disponibilidad constante, tiene efectos negativos para la salud cardiovascular. Los beneficiarios del plan están durante una hora, tres días por semana (lunes, miércoles y viernes) ejecutando en esos parámetros disminuidos de ventilación trabajos de pectoral, dorsal, bíceps, tríceps, glúteos, cuádriceps, cintura pélvica... un meneo de todo el esqueleto para el aumento de su fuerza muscular.

Más beneficios

El resto de alumnos también se aplica en la misma tabla, pero en condiciones de oxígeno normales. Lo que la investigación trata de demostrar es que el ensayo en hipoxia tendrá resultados mucho más beneficiosos. Los participantes acudirán durante cuatro meses a esta iniciativa. La programación se extiende tres años. Ahora, en el primero, se centran en gomas elásticas, kettlebells (pesas rusas), y progresivamente irán aumentando la intensidad en cada una de las series. El segundo año pasa por una preparación vibratoria de cuerpo completo y el tercero plantea una actuación de fuerza de índole isométrico.

Este proyecto ha sido financiado por la Junta de Extremadura dentro de un concurso competitivo del Programa Regional de Investigación y Desarrollo. Lo ejecuta el llamado Gaedaf o Grupo de Avances en Entrenamiento Deportivo y Acondicionamiento Físico, que forma parte de la Red Hipoxsport constituida, bajo el paraguas del Consejo Superior de Deportes, por varias universidades, centros de alto rendimiento y empresas privadas. Además de Timón, trabajan el profesor Guillermo Olcina, las doctoras Marta y Alba Camacho Cardeñosa, el doctor Ismael Martínez Guardado, la clínica Alejo Leal y el enfermero José María Villa Andrada.

Entre los alumnos, Enrique Arias. Tiene 72 años, fue agricultor, legionario y después se hizo maestro. Natural de Valdefuentes, ha sido maratoniano hasta cumplir los 52 y muy pronto, anuncia, «si Dios me da fuerzas», correrá 50 kilómetros junto a compañeros legionarios. «Todo el mundo dice que no aparento 72. Estoy contentísimo».

Margarita Sánchez Molano ha sido maestra desde los 20 años. Tiene 70. «Las pruebas son fáciles y muy efectivas», sostiene. «El deporte ayuda a mantenerte ágil y a tener mejor calidad de vida». Carmen Márquez, de 66, maestra jubilada, es otra alumna. «Los años los vas cumpliendo y si lo haces con una actividad física y mental se van perdiendo más despacio las facultades que si estás sentada en casa en el sofá». Carmen camina 10 o 15 kilómetros al día, pero el entrenamiento de hipoxia le ha servido para poner en tensión nuevos músculos. «Me agacho con más facilidad. Tengo una nieta de 2 años; me dice: ‘Abu, tírate’, y ahora me tiro al suelo con ella y me cuesta mucho menos trabajo levantarme».

Teodoro Delgado Serván, de 69 años, ejerció como docente. «De 0 a 10 estos ensayos me aportan 20; quiero decir que es lo mejor que le puede pasar a una persona de nuestra edad». Opina que «mentalmente el deporte nos ayuda a rejuvenecer. La movilidad, la destreza motriz, el equilibrio, todas esas cosas que vamos perdiendo con la edad, aquí me doy cuenta de que terminamos recuperándolas». Y cita el componente de sociabilidad que tiene el estudio. «Los primeros días éramos unos desconocidos, nos mirábamos todos muy serios y ahora es prácticamente una fiestecilla», agrega en un receso antes de volver a la burbuja de la hipoxia, la mejor fórmula contra el paso del tiempo.