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CON 5 AÑOS TOREÓ SU PRIMERA VAQUILLA. SU ELEGANCIA EN LA PLAZA ENAMORÓ AL PÚBLICO DE ESPAÑA Y AMÉRICA

Jairo Miguel, una década como matador de toros

El que fuera el niño torero más famoso de mundo se convierte en el diestro mas joven de la historia de este país en cumplir 10 años en los ruedos. Su mayor deseo es celebrarlo toreando en la plaza de Cáceres

 

Jairo Miguel de Cáceres 8 El torero posa en el Hotel Extremadura para El Periódico. - FRANCIS VILLEGAS

Diez años en los ruedos de España y América y decenas de faenas a sus espaldas lo convierten en el torero más joven de la historia en cumplir una década en los cosos. Jairo Miguel (Cáceres, 1993) no es el niño prodigio que fue. Ahora es un hombre feliz cuyo nombre quedará escrito para siempre en las páginas de la tauromaquia de este país y que anhela celebrar este aniversario como matador en la plaza de toros de su ciudad.

-Usted es de Cáceres...

-Así es. Nací en Cáceres, igual que mi padre, el torero Antonio Sánchez Cáceres. Mi madre, Celia, es de La Habana, de Cuba. Y aquí salió un cubañolo.

-¿Cómo recuerda su infancia?

-Fue una infancia muy bonita. Fui un niño feliz, con unos padres de los que aprendí a saber lo que cuesta cada cosa, aunque fuera un simple juguete, y a darle el valor que merece. Me inculcaron lo afortunado que era frente a aquellos que no tuvieron la misma oportunidad. Nací en General Yagüe y luego nos fuimos a vivir al Edificio Europa, que ahí fue donde empecé a hacer mis pinitos como torero y la vecina de abajo no se lo tomaba muy bien porque subía cada dos por tres a llamarnos la atención. Estudié en Las Carmelitas y luego en el Colegio Internacional San Jorge, de donde me llevé los mejores recuerdos. No olvido los juegos con los amigos en Cánovas, cuando íbamos al cine, al Burguer King...

-Describa el momento en que quiso ser torero...

-Veía a mi padre y sus cosas de torear y recuerdo que siempre andaba tocando sus capotes y sus trajes de torear. Un día me regaló una muleta sin saber lo que aquel regalo causaría en mí, que fue que a los 5 años lo sentara en una mesa y le dijera que quería ser torero. Me puse muy pesado para conseguir que me encerraran con una vaca en la comunión de un amigo que se celebró en el campo donde vivimos. Por pesado mi padre me dijo: «Te la voy a echar, pero por la calda que me has dado, que lo sepas». Y para sorpresa de todo el mundo, formé un lío con las poquitas cosas que sabía, que había visto y que mi padre me había enseñado. Mi padre se sorprendió porque la vaquilla me revolcó alguna que otra vez y yo, lejos de achantarme, siempre hacia adelante. Todos vieron aquello como un juego pero desde el principio lo tomé como algo muy serio, desde niño me decía a mí mismo: ‘Yo soy torero’, porque el toro siempre estuvo en mí.

-¿Y después qué pasa?

-Pues pasa que mi padre se queda un poco en trance y me empieza a tomar más en serio, a enseñarme; hasta que me ve unas aptitutes y actitudes innatas. Y lejos de ser un capricho, yo me había convertido en una esponja. Después de un tiempo mi padre llama a Nacho Matilla, un apoderado que desgraciadamente ya no está entre nosotros, y que fue una persona clave por la amistad que tenía con mi padre y por lo que me ayudó. «Oye Nacho, que mi chico quiere ser torero, lo tienes que ver», le dijo mi padre en una llamada telefónica. «¿Y tu chico qué edad tiene, Antonio?», le preguntó. Y él le contestó: «5 años». Y Nacho exclamó: «¡Tú estás loco, estás chalao!». Mi padre insistió: «Nacho, hazme caso, tienes que verlo, vamos a ir a un tentadero. Que a lo mejor yo estoy equivocado». Nacho se negó. Pero a los pocos días mi padre lo convenció, me llevaron a un tentadero y, claro, cuando ese hombre me vio se echó las manos a la cabeza y le dijo a mi padre: «Pues macho, equivocado no estás».

-Pero no fue fácil...

-No. En España no se puede torear hasta los 16 años, así que iba a los tentaderos, a las ganaderías, con becerritas a modo lógicamente. Tuve la suerte, dentro de mi precocidad, de coincidir con figuras de la talla de Enrique Ponce, El Juli, Manzanares padre e hijo, Finito de Córdoba, El Litri que me ayudó horrores y le estaré eternamente agradecido, César Rincón... Digamos que con todas las figuras actuales me he criado taurinamente en las ganaderías. Mi padre, después de su etapa como matador de toros, ya era empresario taurino y en uno de los pueblos donde organizaba festejos me facilitó mi debut en público en Alcuéscar con 8 años. Allí toreé un becerro con figuras como El Fundi, Óscar Higares, Canales Rivera... Era un minimatador de toros con un becerrito y la gente se enamoró.

-Y vinieron multas...

-Así es, porque toreé en más de un festival. Y dentro de que era un riesgo, podía más el romanticismo de vivir algo extraordinario; pero hubo sitios que no lo vieron así y me denunciaron con 3.000 y pico de euros cada multa.

-Era imbatible al desaliento...

-Sí. Y ahí se empieza a gestar la idea de América porque allí los menores de 16 años podían torear. Y un día sale. Marché a Colombia el primer viaje para una corrida mixta. La historia se repite, todos los medios de comunicación se volcaron, México se hizo eco de esa noticia recordando mi caso como extraordinario y comparándolo como el del maestro Juli, que también pasó por mi misma situación. Así se empieza a crear una realidad. Ya había pasado de ser el juego de un niño a ser un proyecto de torero.

-Y el momento de mayor repercusión mediática llega con la cogida de Aguascalientes...

-Tenía 14 años y ya era figura máxima de los novilleros en América. Toreé alrededor de 70 novilladas y hasta pasé durante tres tardes por la Monumental de México. Y cuando todo estaba empezando a sonreírme por mis triunfos, en uno de los cosos más importantes del mundo, el de Aguascalientes, me sorprende el bautismo de sangre: la cornada casi mortal que recibí y la polémica que se creó sobre si era apropiado que un niño toreara, si mis padres eran unos locos, si yo era un inconsciente, en fin, tantas y tantas habladurías que hicieron que el nombre de Jairo Miguel diera la vuelta al mundo, desde The New York Times, la BBC y todas las televisiones del mundo.

-¿Cómo recuerda aquella cornada del toro Hidrocálido?

-Siempre se me relaciona con ese episodio y no lo puedo obviar porque es mi historia, aunque haga que se pierda un poco de nitidez sobre mi trayectoria. Recuerdo aquella tarde con ilusión porque esa novillada me la había ganado a sangre, sudor y lágrimas. Todo lo tenía de cara y en el segundo toro salí a por todas, con la mala fortuna que me coge el toro de rodillas y me pega un cornadón bestial. Sentía que la vida se me iba.

-Describa la cornada...

-Me metió el pitón por la parte izquierda del costado, entre las costillas, que se abrieron, y cortó el pulmón. Sacó un trozo de pulmón fuera de la caja torácica, que mi padre agarró con sus manos. No la olvido.

-Pero usted toreaba porque quería, era su vocación...

-A la gente nos pueden obligar a muchas cosas, pero a jugarnos la vida, no, ni por la mayor riqueza del mundo. Lo hago porque lo siento. Y ahora, que ya soy un hombre, siento que donde llega mi máxima expresión como ser humano es toreando.

-Y tomó la alternativa...

-En Aguascalientes, mi plaza talismán, nombre que llevó el toro de mi alternativa, Talismán. Y me convertí en el matador de toros más joven de la historia y hoy, a mis 24 años, soy el más joven en cumplir una década en los ruedos. Eso es la pera limonera. Tengo muchas cosas por decir. Y sí, tengo una página escrita en la tauromaquia.

-Ha pasado por muchas plazas...

-Sí. He pasado dos veces por Las Ventas, las dos premiadas, y por cientos de plazas de España y América. Pero tengo una espina, y es que en 10 años la plaza en la que menos he toreado es la de mi tierra. Nueve temporadas y solo tres tardes y todas con puerta grande, la primera con Perera y Ferrera. Mi sueño siempre fue tomar la alternativa en mi tierra, con toros de Zalduendo, con mi padre como padrino y Enrique Ponce como testigo. Pero no pudo ser. Y no cabría más felicidad en mi cuerpo que celebrar mis 10 años ante mis paisanos. Porque siempre he ido por todo el mundo con este estandarte: ‘Cacereño, extremeño y español’.

-Se le ve feliz...

-Estoy a caballo entre Madrid y Cáceres y estoy inmerso en este proyecto tan bonito e ilusionante como es este año para mí, lleno de planes y sorpresas con empresas de España y América. De este año espero ser feliz y lo estoy consiguiendo viviendo mi sueño.

   
2 Comentarios
02

Por hurdano 19:40 - 18.01.2018

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Paseante, no tienes ni idea de lo que dices, pero con gente como tu es mejor no discutir. En España no se puede torear con menos de 16 años, pero luego se permite que niños don 10, o 12 años, se jueguen la vida practicando ciertos deporte de altísimo riesgo y de mucha velocidad, claro que los españoles somos unos quijotes, si en toreo se hubiera inventado en ciertos paises, lo enseñarían en los colegios.

01

Por EL PASEANTE 16:42 - 18.01.2018

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Aqui lo tenéis, siempre contra la ley, un tipo que disfruta matando animales por el placer de torturar. Y tan feliz. Esta es la ley que tenemos en este país de pandereta.