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"La Madrila antiguamente era insufrible"

Juan Casado JUBILADO

 

"La Madrila antiguamente era insufrible" - Foto:P. C.

27/07/2014

Tiene 86 años. Sevillano, llegó en el año 1957 a la ciudad y formó su familia en Cáceres. Juan Casado ha vivido posiblemente la peor época en cuanto a contaminación acústica se refiere en la capital cacereña. Actualmente vive en la Madrila, en el mismo bloque que su hija, sin embargo, durante el boom del botellón su residencia se encontraba en la calle Doctor Fleming, donde ha vivido durante mucho tiempo situaciones complicadas a causa del ruido, sobre todo, nocturno.

"Me acuerdo que antiguamente, debajo de mi casa pusieron un bingo y vaya las 'nochecitas' que nos daba. Se formaba un bullicio muy desagradable y bastante frecuente por las noches", recuerda. "El que perdía no, pero el que salía ganando parecía que no pensaba mucho en los vecinos".

Actualmente la situación ha cambiado drásticamente para mejor. Hoy en día hay muchos bares que han sido cerrados y se encuentran todavía sin fecha prevista para nueva apertura. Asimismo, la clientela también ha perdido poder adquisitivo debido a la crisis que continúa afectando al país. "No tiene nada que ver con lo que había antiguamente. Los sábados a lo mejor sí que se escucha más jaleo, pasamos algunos días con más ruido del deseable pero nada grave. Vienen muchachos al parque, charlan y beben en la zona de los columpios, a veces pueden dar voces pero tampoco es para quejarse. La situación ha cambiado mucho desde hace unos años, gracias a dios", cuenta.

El principal problema para Casado no son los bares hoy en día, son las motos. Tanto por el ruido que emiten como por las molestias que originan. "Las aparcan de cualquier manera, en la misma acera, y molestan porque bloquean el paso a los peatones", descubre.

En cambio, dicha situación difiere mucho de la que se producía no hace mucho. "Antes la gente dejaba los coches en la plaza, también sobre la acera, y a la hora de volver a casa se formaban unos atascos complicadísimos. Se oían pitos porque algún coche no podía salir, gritos... la gente no era consciente de que a lo mejor eran las cinco de la madrugada", recuerda.