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CIEN DÍAS EN UNA ISLA POLAR

Un mando cacereño en la Antártida

El comandante cacereño Joaquín Núñez liderará la misión exterior más lejana y antigua del Ejército. Trece militares darán soporte a la nueva campaña científica en la base española Gabriel de Castilla

 

El comandante Joaquín Núñez ha estado 10 años en unidades de montaña. -

Imaginen pasar cien días a mil kilómetros de la población más cercana, sobre el volcán más activo de la Península Antártica, con un viento constante y una sensación térmica siempre bajo cero, entre pingüinos y leones marinos. Bienvenidos a la base española Gabriel de Castilla, la más alejada del territorio patrio (13.000 kilómetros), en la isla Decepción, donde se desarrolla desde 1988 la Campaña Antártica Española. Se trata de una tierra inhóspita, un lugar excepcional desde el punto de vista científico conocido por la presencia del corsario Sir Francis Drake, de cazadores de focas y balleneros que acabaron en un solo año con 40.000 cetáceos. Militares e investigadores están a punto de embarcarse rumbo a la 38º Campaña Antártica del Ejército de Tierra.

Los científicos llevan en las mochilas ocho proyectos singulares que necesitan desarrollar en estas condiciones únicas. Son investigaciones respaldadas desde el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y el Comité Polar Español, sobre la actividad sísmica en la isla Decepción, la evolución de la cubierta nival o el parasitismo y la alimentación en los pingüinos. Los militares se encargarán de todo el apoyo y la logística (comida, climatización, acompañamiento en las salidas por la isla...) para la supervivencia de estos científicos de distintos países, pero además desarrollarán sus propias investigaciones: doce proyectos de implantación de sistemas de telemedicina táctica, seguimiento de barcos, cartografía mediante drones específicos y robots acuáticos...

ALTAMENTE ESPECIALIZADOS 

Visto así, parece una aventura excepcional. Y lo es, pero también entraña serias complicaciones. La expedición pasará todo el verano austral (por decir ‘verano’) en la Antártida, alejada de resto del mundo. Por ello se han seleccionado 13 militares altamente especializados y cualificados en distintas áreas (Medicina, Comunicaciones...), que suman 41 misiones internacionales y tienen una media de 20 años de veteranía. Estarán liderados por el comandante cacereño Joaquín Núñez Regodón, especialista en misiones de frío y nieve tras permanecer 9 años en unidades de los Pirineos.

Nombrado jefe de campaña, este extremeño de 41 años, casado y con tres hijos, criado en el entorno de la calle Juan XXIII y estudiante de los Licenciados Reunidos y El Brocense, tendrá una responsabilidad excepcional: liderar el equipo en condiciones climáticas adversas, de aislamiento, con medios contados. Su presencia ha motivado que este año la XXXIII Campaña Antártica del Ejército de Tierra se haya presentado en Cáceres, concretamente en la Escuela Politécnica, con la presencia de toda la expedición al completo.

El comandante Joaquín Núñez ha estado 10 años en unidades de montaña

Y allí han revelado que partirán el 8 de diciembre hacia la más antigua de las misiones que desarrolla el Ejército en el exterior. Llegarán en avión hasta Chile para embarcar en Punta Arena en el buque español Hespérides, con varias jornadas de navegación hasta Decepción, en las islas Shetland del Sur. Tendrán que cruzar el temido Mar de Hoces aprovechando el espacio entre las borrascas que lo azotan, superar el difícil acceso a la isla y esperar que no haya banquisa para el desembarco de los contenedores. Solo en alimentación portarán unos 70 kilos de cacao, 85 de café, 720 de pescado, 1.250 de fruta y verdura, y 1.370 de carne, junto con 100 litros de aceite de oliva, 300 de zumo o 625 de leche, además de combustibles, baterías...

Datos que se quedan en mera anécdota ante las dimensiones de la campaña. Nada más llegar, los militares deben reactivar por completo la Base Gabriel de Castilla, «que se mantiene cerrada durante nueve meses, con todas las canalizaciones y hasta el más mínimo aparato sin una gota de agua para que no se congelen durante el invierno austral», explica el comandante. Por ello, en cada campaña siempre repiten dos militares responsables de cerrar la base en la temporada anterior y de volver a reiniciar los distintos sistemas (electricidad, fontanería, vehículos, embarcaciones...) para conseguir su operatividad.

Una imagen de la base. La sensación térmica oscila entre -10º y -15º

POR MARES Y GLACIARES 

Durante tres meses, los trece militares garantizarán que no falte luz, agua, comida o servicios médicos (el facultativo de la base es un capitán que tratará las dolencias y que puede conectar con España por telemedicina si necesita consultar con un especialista). El comandante decidirá la agenda habitual en función del factor clave en la Antártida: la climatología. «En un día normal damos apoyo y seguridad a los proyectos científicos, acompañamos a los investigadores en sus movimientos por el mar o por el glaciar... Pero muchas veces el tiempo no permite navegar o acudir a los puntos de toma de muestras, recogida de datos y cambio de sensores. En esas jornadas nos dedicamos a avanzar trabajos en el interior de la base. La sensación térmica suele estar entre -10º y -15º», explica Joaquín Núñez.

De hecho, el jefe de campaña lleva todo el año preparando la expedición y acudió a la propia base en su última apertura para conocer el terreno, las particularidades y los riesgos. Hay que recordar que la isla es un volcán activo. Las universidades de Granada y Cádiz se encargan de seguir su evolución: sus investigadores son los primeros que desembarcan con el comandante para estudiar las mediciones y autorizar la entrada a la isla. En caso de peligro dan la alarma para abandonar Decepción.

EJEMPLO DE COOPERACIÓN

El número de científicos varía cada año, algunos incluso se relevan en la misma campaña a través del Hespérides. «En la base estamos una media de 30 personas. Constituye un magnífico ejemplo de cooperación entre el Ejército y diferentes instituciones públicas y privadas al servicio de la I+D+i, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación», subraya el comandante.

Tanto el Hespérides (barco de investigación oceanográfica de la Armada) como las dos bases antárticas españolas, Gabriel de Castilla y Juan Carlos I (en la Isla Livingston), forman parte del mapa español de Infraestructuras Científicas y Técnicas Singulares (ICTS), que son excepcionales en su género debido a su carácter estratégico. «Por ello me ilusiona enormemente esta posibilidad única de colaborar con las instituciones científicas españolas y de otros países. En nuestra profesión, la dificultad y el reto suponen una motivación», afirma Joaquín Núñez.

El equipo que viajará hasta la isla Decepción, al completo en la Politécnica

Entre las labores del contingente militar también destaca el mantenimiento de las instalaciones para permitir precisamente la continuidad de la labor científica. Este año habrá un cometido especial: la mejora del muro de contención que protege la base, cuya línea de costa se ha degradado por el efecto de las corrientes marinas. Al margen de los 13 militares de la campaña, otros 7 del Regimiento de Ingenieros de Salamanca viajarán para efectuar estos trabajos, con 230 toneladas de material y herramientas en 10 contenedores.

Y por supuesto, el Ejército ayudará un año más al apadrinamiento de pingüinos en colaboración con la Asociación Pablo Ugarte, contra el cáncer infantil. En suma, una campaña que vuelve a convertir uno de los lugares más fríos del planeta en un hervidero de proyectos, coordinados por un extremeño que supo dominar el hielo y la nieve.

 
 
1 Comentario
01

Por juan,m 14:45 - 01.12.2019

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Suerte y que vaya todo perfecto en esos lares. Grandes profesionales.