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tribuna abierta

Retirada al Aventino

 

MARCELINO CARDALLIAGUET Profesor
02/02/2019

Una de las más famosas colinas de la antigua Roma, de aquellas que formaron la Liga del Septimontium para establecer la urbe, fue el Aventino; por un hecho sorprendente que hoy nos parecería normal y corriente, demostrando que la Historia se repite; o, al menos, que se enrosca sobre sí misma, por las mismas causas y con las mismas consecuencias, a pesar del transcurso de los siglos.

Descontentas las clases plebeyas de la vieja Roma con los abusos y desaires de los patricios, decidieron en asamblea declararse en huelga general y retirarse pacíficamente el monte Aventino, abandonando todas las tareas y trabajos que solamente ellos realizaban; con lo cual la urbe apareció sucia, embarrada, con sus foros y vías llenos de podredumbre maloliente que ensuciaba las sandalias de los orgullosos Patres Patriae, y apestaba incluso en los barrios más pudientes.

Así no eran posibles los desfiles de lictores, portando los lábaros e insignias de cónsules o pretores; cuando se trasladaban ostentosamente a las curias o a las basílicas en las que se reunía el Senado o se debatían las leyes de la urbe. Tampoco podían recorrer Roma los devoti o servos de los altos funcionarios – ediles o tribunos- de las más destacadas ‘gens’ patricias; y la seguridad de las calles era más que discutible.

Hoy, esta situación se repite con insistencia, en todas las grandes urbes de nuestro mundo moderno y los trabajadores de todos los sectores ciudadanos: médicos, abogados, jueces, taxistas, mujeres y jubilados, se echan a la calle para reclamar y exigir derechos o retribuciones que compensen con justicia y equidad sus desvelos y trabajos.

Los habitantes de la antigua urbe ya se dieron cuenta de que una «ciudad» no es solamente el conjunto de sus edificios, de sus vías y calles, de sus plazas y jardines; la belleza de sus monumentos o la «urbanidad» de sus vecinos y residentes. Sino también una serie de servicios públicos, bien organizados y financiados, que hicieran posible la convivencia, la tranquilidad y la libertad de sus habitantes. «Civilizar consiste en enseñar a convivir solidariamente a los miembros de cualquier tribu», decía un viejo maestro de Historia- y para ello hay que enseñar educación.

Los patricios romanos acabaron aceptando las reivindicaciones de los plebeyos: Siempre habría en la ciudad un ‘tribuno de la Plebe’ –con túnica praetexta y autoridad en la curia municipalis- que cuidara de todos los servicios necesarios para la vida ciudadana; con capacidad para derramar impuestos entre los vecinos residentes con los que sostener las cuadrillas de ‘servos municipii’, como encargados de mantenerlos y mejorarlos.

Desde aquella lejana época de inicios de la civilización ha habido muchas retiradas al Aventino; sobre todo en ciudades democráticas, como lo fue la República de Roma -SPQR -. Pero los acuerdos para mejorar los servicios públicos municipales parecen cada vez más difíciles de establecer; porque ahora ya no son servicios, sino negocios; y los intereses que los animan, ya no solo dependen de los plebeyos que los desempeñan, sino de las empresas que los subcontratan y de los concejales –ediles– que redactan los concursos de explotación.

Entonces, los propios ediles se hicieron con cuadrillas de siervos –‘esclavos’ – para que trabajaran incesantemente de sol a sol, simplemente por su alimentación y alojamientos. La esclavitud era legal y estaba respaldada por el Derecho Romano. Actualmente se siguen utilizando esclavos mal pagados, con contratos abusivos y con salarios miserables que no respalda ningún ‘derecho’; pero que las ‘reformas laborales’ han dado la apariencia de legalidad.

 
 
1 Comentario
01

Por PePe. 7:42 - 02.02.2019

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Magnífico y de agradecer las lecciones que nos trae de historia de la antigua Roma, el Profesor. La historia indudablemente se repite y los humanos prefieren sufrir en sus pellejos, lo que otros vivieron y nos contaron, lo único que de manera más sostificada y mucho más agravada. Al menos en la situación de los esclavos, con muchos trabajadores. En detrimento de trabajadores, que no son capaces de satisfacer con sus salarios, la casa y su alimentación, cuestiones estas garantizadas para los esclavos. Con respecto a lo que se ha convertido la gestión municipal, toda una fotografía. El poder económico se percató enseguida, una vez esquilmado los negocios bancarios, que el mejor negocio y en situación de sacarle el jugo, estaba en gestionar ellos los impuestos, con el viejo discurso que ellos, son los eficaces. Eficacia que se puede reconocer, con la creación de una nueva clase trabajadora, precaria y sin derechos, la versión moderna de la esclavitud.