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Cáceres noche

¿Y si quitamos la Cruz de los Caídos?

 

¿Y si quitamos la Cruz de los Caídos? -

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Cáceres es noche: ¿Y si quitamos la Cruz de los Caídos?.

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Para qué andarme con remilgos? Yo haría con la Cruz lo mismo que con el Valle de los Caídos: quitarlos de en medio. Esta apreciación tan taxativa la realizo después de haber leído con enorme interés la crónica que El Periódico Extremadura publicó el 10 de mayo de 1938, el día en que Pilar Primo de Rivera, jefa nacional de la Falange Española y Tradicionalista de las JONS, inauguró el monolito que desde entonces no se ha movido de la plaza de América, nada menos que hace ya 81 años.

Pilar, que era la hermana de José Antonio, fue nombrada por el ayuntamiento Huésped de Honor de Cáceres. Llegó el 8 de mayo y permaneció por aquí cuatro días más. El Cinema Norba (ese, desgraciadamente, sí que pasó a mejor vida), se convertía una vez más en foro político para recibirla. La visita a la patrona, el desfile en la plaza Mayor (sí, así, sin anestesia) y una comitiva íntima en el Hotel Álvarez pusieron colofón a su periplo cacereño.

Aquel 10 de mayo, a las ocho y media de la tarde, Pilar Primo de Rivera llegó a la plaza de América para asistir a la inauguración. No se hicieron invitaciones personales y se consideraron invitadas todas las autoridades y representaciones oficiales, así como el clero, capellanes e «instituciones religiosas que en la jerarquía espiritual de la Nueva España tienen puestos de honor en los actos de la vida pública», decía textualmente nuestro diario.

La ceremonia fue brevísima. Consistió en la inauguración del monumento por Pilar Primo de Rivera, bendición del mismo por el obispo y el rezo de un responso, de rodillas y en voz alta, por todos los concurrentes, «en memoria de los cacereños caídos por Dios y por la patria». La Cruz está construida con sillares de mármol y tiene una altura de 12,50 metros y una sección de 0,80 metros. Los brazos miden tres metros, y cuatro y medio el zócalo.

Rodeaba entonces a la Cruz un jardín de pensamientos (diabólica metáfora) de forma circular y un amplio acerado con cuatro grandes farolas. En el frontispicio de la Cruz, que mira al paseo de Cánovas y sobre el basamento, con letras de bronce dorado, figuraba una inscripción, rodeada por una corona de laurel que decía: ‘18 de julio de 1936’. En el otro frente, que miraba hacia la carretera de Mérida y también en el basamento, se leía la inscripción de ‘Saludo a Franco; ¡Arriba España!’. Ambas leyenda, afortunadamente, fueron eliminadas.

MIRAR DE REOJO / Es curioso que después de lo leído, ningún alcalde de esta ciudad haya quitado del centro de Cáceres la Cruz de los Caídos. Todos han tenido más miedo que Pinocho en una hoguera y han evitado la polémica. Yo, a la única que le he oído hablar con claridad sobre este asunto ha sido a Leonor Flores, cuando era consejera de Cultura. En 2007 propuso convertir en un gran bulevar el eje comprendido entre el puente de Aldea Moret y el parque de Calvo Sotelo. Su idea hubiera supuesto la desaparición de la Cruz, trasladarla a otra zona y levantar en su lugar un auditorio al aire libre, aunque esa opción hubiera dependido de un concurso internacional de ideas, que se habría convocado para transformar la salida sur de la capital cacereña en una gran avenida. Después de aquello a Leonor Flores, que siempre ha sido valiente y nunca ha tenido pelos en la lengua, le cayeron a chuzos, y el proyecto, como tantos otros, durmió, lamentablemente, en el sueño de los justos.

Desde su origen, la Cruz de los Caídos ha sido el centro de la capital. En ella estaban el Parador de Carmen y el de la Esperanza, situado en la plaza de los Maestros. Era entonces la Cruz de los Caídos y su entorno el nudo de comunicación más importante de Cáceres, por su cercanía a la estación de trenes, que estaba en Los Fratres. Allí abrieron los almacenes de Abad, los de Santos Pérez, y el Fielato, una especie de aduana además de lugar hasta el que los niños acudían a llevar los borreguitos pascuales para sus correspondientes revisiones.

A su alrededor florecieron importantes negocios como el almacén de piensos de los Muriel, popularmente conocidos como los Siriri, los Santos, los Gabino Díez, los talleres de Díaz y del Chispa, o el inolvidable comercio de Galiche, con su cizalla para cortar el bacalao, la taberna de Tejada con sus tradicionales pistolas, o los bares de Vigara, El Retorno, la pensión de las Brígidas o la ya más moderna Cafetería América, puntos de referencia de los transportistas que a modo de los estibadores de los puertos acudían a ellos para informarse de los mejores lugares para cargar, o de a quien contratar para descargar sus mercancías.

AL RICO HELADO / Hoy, en la Cruz de los Caídos Juanvic vende flores, en el quiosco de prensa de Valentín no falta El Periódico Extremadura, y hay helados artesanos en Laura, una heladería propiedad de Manuel León, que lleva nueve años en la Cruz y tiene 30 de experiencia en el sector. En Granier celebran el Día de la Magdalena (te venden tres por 1,50). Allí están los autobuses y los taxistas (ole por ellos que acompañan hasta el portal y el piso a las mujeres para evitar agresiones), y hay un montón de sucursales bancarias (qué le vamos a hacer). Ah, bueno, y está Stradivarius, y a un paso Mario Marieta, de Augusto Diez, más conocido como Pino, que regenta desde hace cinco años este local especializado en arroces, guisos, ceviches y steak tartar.

Sin embargo, hay algo que me rechina: ver ese mamotreto de Cruz, que me parece la peor oda al más lamentable episodio de la historia de España. Me dirán lo que quieran sus defensores, opinarán lo que deseen sus detractores. Argumentarán que eso siempre ha estado ahí, que aunque la retiren todo el mundo seguirá llamándole la Cruz. Pero yo, erre que erre, para mí es una piedra que simboliza una guerra de vencedores y, sinceramente, me parece un horror y un atentado a la memoria.

No sé si Luis Salaya se atreverá a quitar la Cruz de los Caídos, intuyo que no. Si no lo ha hecho ningún alcalde, ¿va a ser él el primero en meterse en este berenjenal? Estaría bien que lo hiciera, claro que sí, porque si derribaron el Parador del Carmen, el de la Esperanza y en lugar de Caja Extremadura pusieron Liberbank y no pasó nada, ¿por qué no quitar de una vez esa piedra de la deshonra?