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Villanueva de la Vera vive su fiesta de interés turístico regional

Los vecinos y comarcanos ajustician un año más al Peropalo y queman su cuerpo

La diversión y el colorido de los trajes tradicionales dieron esplendor a la fiesta. El último día se empezó a celebrar durante la madrugada del lunes al martes

 

El jinete, a lomos del burro, se dispone a transmitir la condena al Peropalo a los vecinos. - TONI GUDIEL

Un vecino mimetiza al burro con una boina típica de la zona. - TONI GUDIEL

Un año más, los vecinos y vecinas, jóvenes y mayores, de Villanueva de la Vera, y comarcanos, ajusticiaron al Peropalo y quemaron su cuerpo al atardecer, no sin antes haber disfrutado con la fiesta en torno a esa figura que tanto significa para los habitantes de la localidad verata.

Todo comenzó antes del amanecer con el último despertar del Peropalo y su paseo por las calles de Villanueva. Los vecinos no quisieron perdérselo, ya que tendrán que esperar hasta el año que viene para vivir intensamente esos momentos que cada año son únicos e irrepetibles.

Tras ese despertar llegó ‘La corrida de las elecciones’, cuando el Peropalo fue condenado a muerte por el tribunal popular. Su sentencia fue comunicada a los vecinos por un jinete a lomos de un burro y lo celebraron con disparos de salvas, como manda la tradición. Tampoco faltaron los detractores del uso del burro para este momento, como cada año, tanto en plena fiesta como por las redes sociales. Pero como ya dijo el alcalde, Antonio Caperote, «a los críticos con la fiesta solo les digo una cosa: que vengan», sentenció. Y así podrán comprobar como, en ningún momento, el animal es maltratado y, es más, al final de este acto un veterinario controla que el burro esté en perfecto estado.

Ya por la tarde, la plaza y las calles principales se llenaron de color gracias a los trajes tradicionales de mujeres y hombres que se engalanaron para el ritual de ‘El paseo’ de los capitanes en el que se portó la bandera y se cantaron coplas. De ahí se pasó al ‘Ofertorio de las calabazas’, pues una vez de vuelta a la plaza se recogieron las aportaciones económicas que los vecinos y visitantes quisieron entregar. Curioso es que toda persona que dio su aportación recibió el aporreo de los calabaceros, que eran los quintos del año.

En los últimos compases de la tarde se procedió a la ‘Jura de bandera’. Uno de los últimos actos de la fiesta fue el último paseo al Peropalo con el capitán y la capitana y se hizo un gran círculo en la plaza Mayor. Todo culminó, al atardecer, con el manteo del cuerpo del Peropalo y su quema poco después.

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