+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Carta al director

 

31/05/2019

LA POLÍTICA ESPAÑOLA

Regeneración

Ángel Morillo Triviño // Castuera (Badajoz)

Regenerar, según la RAE, significa: Dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo; y también: Hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada. Está más que claro: si es preciso una regeneración es porque antes ha habido una degeneración.

Caso claro de este país. Y no ya porque lo diga su actual presidente del Gobierno después de ejercer su derecho al voto a un grupo de periodistas, sino porque, muy sencillamente, con los datos económicos, sociales y de todo tipo, esta España está totalmente degenerada como producto del saqueo a que ha sido sometida por las clases elitistas y por la política de salón de todos sus representantes en todas las instituciones del Estado.

Aún a pesar de eso que dijo un tal Talleyrand: «Nadie puede sospechar cuantas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta de dinero». O como dijo Henry Ford: «Si hubiera preguntado a mis clientes que necesitaban, habrían dicho un caballo mejor». Es decir, los españoles tenemos mucha culpa de la situación a que hemos llegado, debido, principalmente, a nuestra conocida abulia para exigir lo que nos corresponde y no preocuparnos por lo que estaba y está sucediendo: corrupción política desenfrenada y expolio ilimitado del establishment financiero y la riqueza de las minorías selectas o rectoras sin que nadie haga nada por regenerarlo. De ahí lo que señaló (como ya cité en otro escrito) lord Macaulay: «Aquel que desee conocer hasta qué punto se puede debilitar y arruinar un gran Estado, debe estudiar la historia de España». Y una última cita, esta de Fénelon, para comprender mejor nuestra situación y nuestra forma poco escrupulosa de solidaridad entre nosotros mismos: «Los que nunca han sufrido no saben nada; no conocen ni el bien ni el mal; ni conocen a los hombres ni se conocen a sí mismos».

Desde hace más de un siglo, muchos españoles vienen arrastrando la injusticia y la intolerancia de quienes los gobiernan. Antes por las anarquías, después por el régimen, y ahora, y esta sí que es ya intolerable, por la democracia. Por eso que llaman democracia, pero que, obviamente, dicta mucho de serlo mientras no se regenere la clase política con una ley electoral que sea un poquito solamente más proporcional que la que tenemos. Porque ya me contaran ustedes que democracia es esta en la que yo me tengo que tragar al señor o señora totalmente para mí desconocidos, que los partidos políticos, por sumisión incondicional y por otros temas inconfesables, me colocan en una lista cerrada hecha a su conveniencia.

Se ha comprobado preguntando en la calle como había una mayoría de personas que ni tan siquiera conocían el nombre de su alcalde (salvo pequeñas poblaciones, evidentemente), y mucho más, en este caso con los pueblos pequeños incluidos, al presidente de su comunidad. No digamos ya a ministros y otros cargos como presidente del Congreso o del Senado. O sea, un desastre de democracia educativa. Y cuando en la democracia falla la educación y la formación e instrucción, falla todo el sistema democrático y se convierte en una dictadura blanda que permite el expolio político y financiero que los españoles estamos consintiendo sin darle la mayor importancia. Aunque ya haya once millones de trabajadores pobres y la pobreza alcance cuotas tan elevadas como más del 40% de sus habitantes en el caso de Extremadura. Así pues, señor Sánchez, tiene razón: Hace mucha falta una regeneración... política, sobre todo.