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Cartas al director

 

Fernando Ramón Sánchez
10/03/2019

EL REJUVENECIMIENTO

El curioso caso de Benjamín Button

Pepe Extremadura // Cantautor extremeño

Acabo de ver por tercera vez en televisión la película El curioso caso de Benjamín Button interpretada por Brad Pitt. Benjamín Buttón es un hombre nacido en Nueva Orleans, que nace con 80 años y su reloj biológico va retrocediendo haciéndose cada vez más joven.

Tras ver la película, me vino a la memoria un suceso ocurrido hace años, que me sorprendió, sobremanera. Sucedió en Estados Unidos. Resulta que un laboratorio descubrió una solución hormonal que una vez inyectada consigue un rejuvenecimiento de 20 años.

De modo y manera que si usted recibe ese elixir por vía intravenosa, se encuentra de pronto hecho un lindo y hermoso bebé si tiene 20 años, hecho un prometedor veinteañero si tiene 40 y hecho un maduro cuarentón si ya ha alcanzado los 60.

La idea a primera vista puede parecer excelente, pero plantea algunos problemas de importancia. Por ejemplo, si usted pasa de los 20 años al estado de bebé, tendrá que volver a tomar papillas, a llevar aparatosos dodotis y a aguantar los besos empalagosos de sus tías más cariñosas. ¿Merece la pena?

Y si usted tiene 40 años y pasa a los 20, tendrá que volver a examinarse, tendrá que volver a buscar trabajo, a seducir muchachitas en flor y, por supuesto, a combatir el molesto e incomodo acné. ¿Merece la pena?

Y no hablemos si usted ha cumplido la edad venerable de 60 años y se encuentra con 40, sin derecho a jubilación, con la necesidad de luchar día a día por su porvenir y el de los suyos y soportando además la crisis de identidad que, según dicen, aqueja a los cuarentones.

¿Merece la pena pasar por todo esto? Yo pienso que no. Por eso, he querido advertirles de los peligros que podrían correr, por si alguno de ustedes tiene la intención de inyectarse la hormona del rejuvenecimiento y a los demás, entre los cuales me incluyo, sugerirles que disfruten de su edad actual en lugar de añorar lo que ya pasó para siempre. Pero si pesar de todo lo que aquí he manifestado, hay alguien tan terco que decide no hacerme caso, que se lleve un chupete en el bolsillo, no vaya a ser que a la enfermera se le vaya la mano en la dosis.

8 DE MARZO

Respeto mutuo

Lourdes Camps // Barcelona

Ser feminista no significa ser anti-hombres como popularmente se cree.

Ser feminista es creer y confiar en la mujer y sus capacidades. Hombre y mujer poseen una igualdad absoluta y a la vez son complementarios, no rivales, porque los dos tienen la misma dignidad como persona y, por tanto, los mismos derechos fundamentales. Ninguno tiene superioridad respecto al otro aunque sus evidentes diferencias físicas, fisiológicas y psíquicas les lleven a desempeñar roles distintos en la sociedad. La clave para una convivencia pacífica donde se valoren las características de una y otro es el respeto mutuo y la reciprocidad.