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Cartas al director

 

15/10/2019

SOCIEDAD

Ser amable no cuesta tanto

Natalia Gala

Estudiante

Ya sea porque estamos agobiados con la rutina o porque vivimos en una sociedad en la cual siempre tenemos mucha prisa, se está perdiendo cada vez más el respeto y la cordialidad con las personas.

El otro día me encontré con una situación que me hizo reflexionar. De vez en cuando practico senderismo por la montaña y cada vez que me cruzo con alguien le saludo con un: «Buenos días» de la mejor manera posible. Sin embargo, el pasado domingo me encontré con un grupo de cuatro jóvenes que subían la montaña escuchando música a un volumen muy fuerte e iban hablando con gritos, sin ser conscientes. Cuando les saludé, a pesar de que se dieron cuenta, no recibí ningún tipo de respuesta por parte de ninguno de ellos.

Podría poner muchos más ejemplos y no acabaría nunca, pero no me quiero quedar con la sensación de que no hay manera de remediar estas situaciones. Si todos ponemos un poco de nuestra parte para intentar ser más amables a la hora de pagar en el mercado, por ejemplo, o simplemente dar las gracias cuando nos aguantan la puerta de una tienda, el día a día se nos haría más fácil y difundiríamos un poco de bienestar entre todos nosotros.

COMPROMISO

¿Nadie vela por Greta Thunberg?

Izaskun Fernández

Auxiliar de enfermería

Podríamos presentar a Greta Thunberg como una adolescente comprometida con las consecuencias del cambio climático en nuestro planeta. Una casi niña que recorre el mundo concienciando a personas e instituciones del peligro que entraña para la población esta «crisis climática», como ella lo llama. Que se entrevista con líderes políticos y da conferencias en las que reprende a todos con gran vehemencia. Una casi niña que parece estar siempre enfadada, que mira con antipatía, frunciendo el ceño, a los que ella entiende que no comparten sus ideales. Una casi niña que llora en un discurso en la ONU responsabilizando a los líderes mundiales de «haberle robado su infancia». Una casi niña que, con independencia de que sus argumentos para reducir el cambio climático estén o no cargados de razón, no se debe obviar que es una menor.

No entiendo cómo los adultos que rodean a Greta no velan por su salud y su equilibrio emocional, pero sin embargo no tienen ningún pudor en utilizarla para intereses personales. ¿Qué pasará cuando se convierta en un juguete roto y no sepa gestionar sus emociones? ¿No hay nadie que vele por Greta Thunberg antes de que sea demasiado tarde?