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Cartas al director

 

30/10/2019

HABLEMOS DE DEMOCRACIA

A propósito de las elecciones

Pepe Extremadura

Cantautor. Cáceres

Ahora que vamos a tener que padecer de nuevo el calvario de las insufribles y empalagosas elecciones, bendito sea el pueblo español por su santa paciencia en soportar los mensajes engañosos de tanto político charlatán y gestores de sonrisa ‘Profiden’ que lanzan sin parar promesas ilusionantes a sabiendas de que serán incapaces de cumplir. Solo hay que mirar alrededor para darnos cuenta de lo que nos espera. Si son incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos, como van a ser capaces siquiera de intentar resolver algunos de nuestros problemas. ¡A la vista está¡

Si miramos al PSOE, al que discrepa se le fulmina de inmediato. Pongamos por caso a Tomás Gómez y Miguel Carmona entre otros. Si pasamos al PP: a Soraya Sáenz de Santamaría, Fátima Báñez o Carlos Floriano. Si nos vamos a Ciudadanos: Javier Nart, Francesc de Carreras, etc. Si pasamos a Podemos, más de lo mismo: Ramón Espinar, Carolina Bescansa, Manuela Carmena o Íñigo Errejón. Pero sin dejar a Errejón y a su Mas Madrid, la número dos de su candidatura a las elecciones, Clara Serra, acaba de dimitir por discrepancias con el líder. Sin olvidarnos de los de Vox, que tiene montado en Cáceres un guirigay de escándalo entre la presidenta del partido y el concejal Teófilo Amores; y en Badajoz, la crisis se ha cerrado en falso. Como verán, se divisa un panorama desolador. Dicho esto, creo que sería conveniente recordar la importancia que se deriva del concepto democracia, porque desgraciadamente a los que gobiernan se les olvida tan a menudo.

En primer lugar, hay que tener presente que en las dictaduras la discrepancia política se resuelve con la cárcel o con la muerte para el que discrepa del poder. Pero en los sistemas democráticos, el guante que se usa para neutralizar al disidente que pone en duda la verdad oficial es mucho más blanco. Se hace ver que el disidente es una especie de entrañable chiflado, un verso libre, cuyo paso no va al ritmo de los tiempos, que pertenece al pasado y que no concuerda con las conquistas de la modernidad.

Detrás de tan hábil estratagema se encuentra el descarado propósito de uniformar a la opinión pública. Sin sucumbir al mal gusto de utilizar medidas más represivas. Tal vez no hayamos llegado a los extremos sombríamente descritos por Orwel, pero ‘El Gran Hermano’ está ahí y extraordinariamente hace bien su trabajo.

Es posible que de cada diez personas, nueve opinen de una manera y solo una de forma contraria. Pero también es posible que sea ese ciudadano desesperado el que tenga razón. Olvidarlo es no haber entendido nada de lo que significa el concepto democracia.