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50 AÑOS DE UNA EDITORIAL CLAVE

Anagrama celebra su medio siglo mientras se dirime el destino de su archivo

Tanto la Biblioteca de Cataluña como la Nacional de Madrid suspiran por la documentación del sello fundado por Jorge Herralde

 

El editor Jorge Herralde, en el archivo de Anagrama. - SERGI CONESA

ELENA HEVIA
25/09/2019

Este jueves en los corrillos literarios, no se hablará de otra cosa que del que es sin duda el gran acontecimiento editorial del año, que se celebra esa misma noche, con el boato 'chic' que se le supone. Es la fiesta con la que Anagrama celebra su 50 aniversario y en la que acogerá a buena parte de sus autores, con Richard Ford, Emmanuel Carrère, Hanif Kureizhi, Irvine Welsh, Delphine de Vigan y Yasmina Reza como cabezas de cartel, hasta reunir a 500 invitados.

Pero hay un aspecto más soterrado en esa historia de la que toca hablar hoy. Próximo al emplazamiento donde se encuentran las oficinas de Anagrama en el viejo Sarrià está almacenado su archivo, un testimonio inestimable de la trastienda y cocina de un sello que es parte indisoluble de la educación sentimental y cultural de cualquier lector en castellano. A primera vista no se diría que aquello sea una cueva de Alí Babá documental pero una mirada más atenta -cartas, fotografías, documentos, pero no manuscritos, que no se conservaron por falta de espacio- revela que verdaderamente merece ser ese objeto de deseo por el que están suspirando tanto la Biblioteca de Cataluñaa en Barcelona como la Nacional en Madrid.

Mientras desoja la margarita, Jorge Herralde, zorro viejo, se deja querer pero mantiene las distancias. La directora de la biblioteca catalana, con un presupuesto fuertemente reducido, Eugènia Serra, constata dos reuniones con el editor en un ambiente "cordial" y pese al tropezón de este verano, en el que Herralde aseguró que el archivo debía acabar en un lugar que no fuera un "cementerio de libros", asegura tener un programa de acogida de fondos editoriales lo suficientemente "satisfactorio" como para garantizar "la conservación y la visibilidad de los documentos".

"No tengo el menor interés económico, lo único que quiero es que se hagan las cosas bien. Tanto Carlo Feltrinelli el propietario del 99% de la editorial como yo deseamos que esté depositado en un lugar accesible, que se puedan realizar exposiciones temáticas, por ejemplo. Que sea un organismo vivo". Lo que se desprendería de esa premisa es que en estos momentos la Biblioteca Nacional parte como caballo ganador para acoger el legado.

El diario íntimo del 'duque'

Con dos años de trabajo todavía por delante, de momento el archivo se encuentra en fase de catalogación, realizada con mimo por Lali Gubern y Susana Castaño, y en el día D de Anagrama la cifra es de 2.756 expedientes de un total de 53.000 hojas catalogadas desde 1968 al 2001. Y hay tantísimo material que las documentalistas encuentran incluso algunas joyas olvidadas. Es el caso, por ejemplo, de la correspondencia de Herralde con el en un principio sacerdote y editor Jesús Aguirre, que colgó hábitos y profesión para autoproclamarse duque de Alba al casarse con Cayetana.

Estos días en los que la figura de Aguirre parece haber resurgido en su peor formato gracias a las memorias de su hijastro Cayetano Martínez de Irujo, las cartas adquieren una gran actualidad. Así, el 26 de octubre de 1981 Herralde le envía una carta al sinuoso Aguirre para pedirle un prólogo de un libro "cuyas sutilezas, abismos y meandros" le han hecho pensar "obligada e irrevocablemente" en él. Tras algunas largas, el duque postizo declina su oferta. "A última hora improvisé un prólogo del gran Manganelli, que me gusta bastante, pero claro no es lo mismo", le responde el editor y aprovecha para ofrecerle la publicación "convenientemente expurgadísima" del diario intimo que Aguirre le confesó que llevaba y que presumiblemente, de aparecer algún día, podría ser una bomba editorial.

Esa es solo una de las perlas que esconde el archivo en la que en el futuro se podría consultar una carta de Juan Benet dándose de baja como jurado del Premio Anagrama de ensayo por su escaso entusiasmo por él. "Me pidió que no diera difusión a esta carta, pero diría que pasados 40 años la confidencialidad ha prescrito", dice Herralde. Otra, absolutamente conmovedora es la misiva que Carmen Martin Gaite dedicó a su editor como un acto de amor. Es difícil imaginar al punzante editor como "un ser benéfico", como lo llama la escritora, pero emociona: "Contigo, no sé, me siento protegida. De 'Los usos amorosos' para acá, me ha ido viniendo poco a poco la luz sobre tantas sombras. Las ganas de vivir".

La historia de Anagrama

Prueba de la voluntad de Herralde de que sus papeles no se conviertan en algo inane es el encargo que le ha hecho a Jordi Gràcia para que elabore la historia de la editorial a partir de los archivos que a buen seguro verá la luz en unos dos años. Para el crítico, este es el punto de partida de un trabajo necesario que en un futuro podría ampliarse ambiciosamente a una necesaria historia de la edición española todavía por escribir. De momento, ahí estará la de Anagrama. "No solo ha sido una editorial muy brillante con excelentes resultados literarios, publicitarios y de imagen sino la artífice de la infraestructura cultural de una sociedad democrática, modernizada, rebelde e insumisa. Así que somos mejores después de Anagrama que antes de Anagrama", asegura Gràcia con su proverbial apasionamiento.