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Mark Forsyth

«Bajamos del árbol para ser buscadores de alcohol»

 

«Bajamos del árbol para ser buscadores de alcohol» - OXFORD UNIVERSITY

KIKO AMAT epextremadura@elperiodico.com BARCELONA
22/10/2019

«Cada vez que salimos de un pub en busca de un kebab grasiento», me suelta Mark Forsyth (Londres, 1977) , «estamos repitiendo lo que un antepasado nuestro hizo hace millones de años». Es todo un consuelo. Gracias a Una borrachera cósmica (Editorial Ariel) podemos culpar al determinismo evolutivo de lo que, visto desde fuera, solo parecería una atroz liada pos-licor café. Tras empaparse (ejem) de este completo, a la par que jocoso, libro, ustedes renacerán en connoisseurs de la borrachera. Conocerán a fondo sus usos y abusos, modos y modas. Zanjarán debates a base de proverbios sumerios («no conocer la cerveza no es normal») y perorarán sobre saloons del Lejano Oeste como si hubiesen estado allí, bota campera en riel de latón, tirando monedas a la barra sin contarlas antes, ni preguntar cuánto cuesta la copa.

--Los humanos estamos diseñados para beber. Nada de lo que sucedió anoche en la tasca es mero azar.

--Los humanos somos el segundo mejor bebedor del mundo animal (el primero es la musaraña arborícola de Malasia). El alcohol proporciona una cantidad enorme de energía. Si lo que quieres es extraer el mayor número posible de calorías de la cebada, es mejor hacer cerveza que pan. Nuestros hígados mutaron para que pudiésemos beber más que cualquier otro simio. Producimos una enzima específica. Bajamos del árbol para mutar en buscadores de alcohol.

--Tu libro resuelve un enigma milenario: ¿por qué beber da tanta hambre?

--Es paradójico: estás consumiendo energía, pero esa energía te hace desear ingerir más energía. La respuesta es que, hace diez millones de años, si te topabas con fruta pasada, lo razonable era comértela toda de una sentada y almacenar la energía sobrante en tu cuerpo. Eso explica también por qué somos tan buenos en detectar el alcohol. Así como los tiburones pueden detectar pequeñas cantidades de sangre en el agua, nosotros olemos el alcohol a distancia. Cada trago te proporciona alcohol, que activa una neurona que te hace sentir más hambriento. Es un imperativo evolutivo.

--La evolución explica también por qué nos gusta libar en grupo.

--Sí. Un humano borracho es una presa fácil para un depredador, pero veinte humanos borrachos son una amenaza.

--La revolución agrícola no empezó por un antojo de muesli.

--No. Queríamos alcohol. Necesitábamos vitamina B. Si empiezas a cultivar la tierra quiere decir que has dejado de cazar, y de repente te falta una vitamina esencial que viene de la carne. Sin ella morirías. Pero esa vitamina se halla en la cerveza, y en abundancia.

--Los egipcios no querían catas civilizadas, sino mamarse y vomitar.

--Los egipcios eran muy bebedores. Los antropólogos distinguen entre culturas secas y culturas húmedas. En algunas culturas se bebe hasta perder la razón, en otras la bebida se incorpora al día de un modo civilizado.

--Pisparse es bueno con relativa moderación.

--El peligro reside en tu marco de referencia cultural. Yo soy inglés, y en mi país la bebida se relaciona con la agresividad. El alcohol no solo te afecta de un modo distinto dependiendo de tu cultura, sino que también interviene el tipo de alcohol que consumes. Los ingleses que beben vino tienen menor tendencia a buscar greña, porque lo asocian a la sofisticación continental. Pero si les sirves cerveza inglesa a hombres portugueses (experimento real), verás cómo se vuelven hostiles, pues asocian la lager a los hooligans que veranean en sus costas.

--Jesús de Nazaret no era ajeno a la ocasional lubricación de gollete.

--Todas las fuentes indican que Jesucristo bebía. Lucas afirmó: «Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: ‘Mirad, un hombre glotón y bebedor de vino’». San Pablo dijo «la gente nos llama borrachos, pero no lo somos». Los primeros cristianos tenían fama de borrachines. Pablo tuvo que advertir (en Corintios) que el vino era para la comunión, no para ponerse pedo. Uno puede entender la confusión: Jesús proveyó a los invitados a las bodas de Caná de 450 litros de vino. Importa poco si se trata de una alegoría. La historia prueba que los cristianos veían el vino como algo bueno.

--Por culpa de cierto genocida austríaco, los abstemios no gozan de simpatía universal.

--Los abstemios tienen un deseo de autocontrol que, a ojos de cualquier bebedor, les convierte en sospechosos. Desde la antigua Grecia existe el convencimiento de que en el vino hallarás al verdadero hombre. Platón pensaba que si podías confiar en un colega cuando estaba borracho, podías confiar en él en cualquier circunstancia. Los germanos tomaban todas sus decisiones políticas borrachos, bajo el pretexto de que su estado de embriaguez les volvía honestos. Los persas discutían de negocios dos veces: una borrachos y la otra sobrios. Si llegaban a la misma conclusión, sellaban el pacto.

--Los romanos infligieron sobre la raza humana toda esa cháchara de taninos y añadas relacionadas con el vino que tantas sobremesas ha torpedeado.

--Las sesiones de cogorza romana eran de lo más desagradables. Estaban basadas en estatus social y en humillar al pobre. Tenían vino de distinta calidad en la misma mesa. Si eras chusma, te daban el vino malo, así de sencillo. Esa es otra razón por la que mi libro no habla de alcohol, sino de borrachera. No quería adentrarme en todo eso del terroir y las uvas. Para mí, la borrachera es lo misterioso de todo este asunto, no la fermentación del mosto. Para bien o para mal, el mundo experimentado en completa sobriedad nunca ha sido, ni será, suficiente.