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EL CREADOR DEL DETECTIVE RICARDO CUPIDO PARTICIPA EN BCNEGRA

Bebés robados y poder

El escritor extremeño Eugenio Fuentes. que ambienta ‘Piedras negras’ en Toledo, en plena burbuja inmobiliaria, ha roto la estructura típica del género negro sin renunciar a la crítica social y la autocrítica

 

Intriga y psicología humana 8 El escritor extremeño Eugenio Fuentes, ayer en Barcelona. - RICARD CUGAT

ANNA ABELLA epextremadura@elperiodico.com BARCELONA
29/01/2019

El tráfico de bebés en España «se produjo en la guerra y siguió durante toda la dictadura», recuerda Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) sobre uno de los temas de Piedras negras (Tusquets), séptima entrega del detective Ricardo Cupido, donde una nieta cumple el encargo póstumo de su abuela de buscar al hijo que le robaron al dar a luz, en 1938, siendo una republicana en zona nacional. «Me sorprendió descubrir algo que abría una puerta brutal al robo de niños: que hasta el 2011 no se cambió una ley que decía que si un niño moría en las 24 horas siguientes al parto no tenía condición de persona jurídica», señala el autor cacereño, que hoy participa en una mesa redonda de BCNegra.

«Robar un niño es algo tan dañino para una madre, que es muy injusto que pueda prescribir. Hay alevosía, está planificado, saben a quién van a venderlo», opina. Fiel a su novelística, no se queda en la intriga y profundiza en la psicología humana. «Me llevó a escribir de ello lo que contó el familiar de un amigo. Encontró a un adulto que fue robado de niño y no quiso saber nada de sus padres biológicos y no se creía la historia, quizá por cobardía, por miedo a la realidad...».

En Piedras negras, los asesinatos se hacen esperar. «Quiero romper la estructura típica del género negro, de aparición del cadáver en el primer capítulo y detective en el segundo, porque tengo la sensación de que en la novela policiaca servimos el mismo plato una y otra vez y vamos cambiando la guarnición». Y lo hace sin renunciar a la «crítica social y la autocrítica» ambientándola en el 2004, «el año de los atentados del 11-M, el de la primera noticia sobre Facebook» y en plena burbuja inmobiliaria y de codicia desatada. «Era el momento del exceso, del despilfarro, de los aeropuertos sin aviones, de obras públicas que costaban el doble de lo presupuestado y el doble de tiempo en acabarse sin saber quién era el responsable. No solo los políticos y especuladores son culpables, muchos caímos en el espejismo y el señuelo de creer que podíamos tener tres coches y casas enormes», lamenta.

La trama viaja del ficticio Breda (léase pueblo de Extremadura, donde vive Cupido) a Toledo. «Tiene, como Barcelona, un territorio para construir muy acotado, donde se valora mucho el metro cuadrado y que favorece la especulación urbanística. Y en ella se mantienen aún los poderes fácticos y la ortodoxia religiosa y militar tradicionales».

Pues otro motor del crimen es «el querer mantener los resortes del dominio, del ordeno y mando». «El poder me produce alergia -confiesa-. He visto a personas excelentes que se corrompen tras unos años en el poder. Para evitarlo debe haber transparencia y hay que ponerle límites, y no solo al político. Nadie debería estar 30 años dirigiendo un hospital o un colegio porque acaban creyendo que es su cortijo», avisa.

Transmite también «la impunidad del poderoso» -«Muy pocos están pagando. La mayoría se van de rositas. No existe la justicia poética»- y el abismo entre ricos y pobres: «Como dice Tony Judt en Algo va mal, una sociedad es más feliz cuanto más corta es la distancia entre clases sociales. Y en el 2004 se potenciaba que los ricos se hicieran más ricos. Y los pobres se han hecho más pobres». Lo constata con la perspectiva de los 15 años transcurridos. «Lo que no ha cambiado es la condición humana. Igual que antes de Cristo, seguimos amando y odiando al prójimo por las mismas razones. Mis novelas son de tormentos interiores».

Esta destila otro mensaje. «Se acaba una generación con unos recuerdos de la guerra y una sabiduría muy valiosos que algunos no quieren que se recuerden. Mi madre murió de alzhéimer y me arrepiento de no haberle preguntado más. Existe un desprecio por el pasado. Vivimos tan atolondrados que lo urgente no nos deja ver lo más importante. Hay que recordar la historia porque eso es una purga contra las falsedades políticas que la manipulan».