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La 67ª edición del festival de cine de San Sebastián

‘Blackbird’, o la eutanasia como folletín

La película inaugural del certamen solo lució reparto y afectación lacrimógena

 

Sam Neill, ayer tras la presentación de ‘Blackbird’ en San Sebastián. - EFE / JUAN HERRERO

NANDO SALVÀ
21/09/2019

Los festivales de cine a veces se ven cegados por las estrellas. En otras palabras: la presencia de un puñado de caras conocidas en una película puede llegar a resultar tan persuasiva como para hacer que los programadores de un certamen se dejen convencer por ella hasta el punto de pasar por alto su absoluta falta de razón de ser. Solo teniendo eso en cuenta se explica que la ficción encargada de abrir la 67ª edición del Festival de San Sebastián sea el drama familiar Blackbird, dirigido por Roger Michell y cuyo reparto encabezan Susan Sarandon, Kate Winslet, Mia Wasikowska y Sam Neill.

Remake de la película danesa Corazón silencioso (2014) –ganadora en su día, ojo, del premio a la mejor película en este festival–, observa a una mujer aquejada de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que reúne a sus seres queridos en su imponente casa junto a la playa para pasar con ellos un último fin de semana antes de suicidarse. En ese elegantísimo escenario único se juntan tantas figuras estereotípicas –una enferma terminal adicta al sarcasmo, un marido fiel que sufre en silencio, una hija reprimida que choca con su descarriada hermana, un adolescente que finalmente sale del cascarón– y tantos remilgos narrativos que, en manos de Michell, un relato presuntamente diseñado para celebrar la vida acaba resultando en una película dramáticamente muerta.

exhibición de intérpretes / «Nuestra intención no eshacer proselitismo o propaganda», afirmó ayer el director ante la prensa. «En ningún momento hemos pretendido invitar a la gente a que salga a la calle a manifestarse en defensa de la eutanasia». Sobre el papel, es un posicionamiento ético irreprochable. El problema es que, como resultado de él, Blackbird es una película tan orgullosa de su propio tacto y su supuesta sofisticación a la hora de abordar tamaña tragedia familiar que al final, a su manera, acaba mostrando tanta afectación como el más lacrimógeno de los folletines.

Y lo que debería ser una reflexión de dinámicas familiares complejas se queda en una mera exhibición de un puñado de intérpretes visiblemente convencidos de estar yendo a por el Oscar, y una colección de planos elegantemente iluminados cuya única utilidad real es darnos ideas para redecorar el salón.

Y ayer también compareció ante la prensa el guatemalteco Jayro Bustamante, el único cineasta que presenta dos películas en la sección Horizontes Latinos: Temblores, una opresiva historia sobre homosexualidad reprimida y La llorona, que aborda el conflicto armado de Guatemala.

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