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Adiós a un icono romántico de los 70

Camilo Sesto Superstar

El cantante fallece a los 72 años de un fallo renal dejando un importante legado en la canción comercial

 

Camilo Sesto durane los premios La Musa en el auditorio James L. Knight Center en Miami en 2017. - EFE / GIORGIO VIERA

JORDI BIANCIOTTO epextremadura@elperiodico.com BARCELONA
09/09/2019

El contraste entre su aspecto acaso blandengue y su chorro de voz al servicio de arrolladores melodramas pop fue irresistible para una generación que en los 70 lo aupó como ídolo de fans. Pero, lejos de ser una marioneta del show business, Camilo Sesto fue, al menos en sus buenos tiempos, amo y señor de su obra y su destino; cantante, compositor y productor que dejó un rastro de hitos de la canción moderna como Algo de mí o Vivir así es morir de amor.

Aunque en las dos últimas décadas su figura se saliera de los raíles, hubo un tiempo en que Camilo Blanes (su apellido real; Alcoy, 16 de septiembre de 1946) dominó los recursos de la canción llamada ligera, adjetivo algo corto tratándose de él. Sus composiciones eran vocalmente exigentes y brindaban implicación emocional. Fallecido la madrugada de ayer a los 72 años de un fallo renal, Camilo Sesto deja atrás una peripecia vital que comenzó en 1964 con un grupo yeyé de Alcoy, Los Dayson, que interpretaba versiones de los Beatles y los Stones.

CON MORAL ALCOYANA / Los Dayson se plantaron en Madrid para participar en Salto a la fama (TVE), misión fallida que desalentó a todo el grupo menos a Camilo. Mientras sus colegas volvían cabizbajos a Alcoy, él se quedó y fue a parar a los ya reconocidos Los Botines, aquí manejando canciones propias y accediendo al mundo del cine: Hamelín (1966), protagonizada por Miguel Ríos, y la atolondrada Los chicos del Preu (1967), con Karina.

Juan Pardo le arropó en su despegue como solista (Sesto, porque era el sexto hermano, y sin equis porque con ella ya estaba registrado) con el álbum Algo de mí (1972), abanderado por la canción que le daba título, pelotazo comercial en el que lucía vozarrón a pelo, arrastrando con suspense el arranque del estribillo y cerrando el tema a un teatral ritmo de vals. Incipientes episodios de camilomanía, incluyendo días de cama con lesiones en la espalda al sufrir una avalancha de admiradoras.

Un segundo álbum con Pardo, Solo un hombre, incluyó la muy sentida Amor... amar, con texto de su nueva amiga Lucía Bosé, y desarrolló su estilo de canción romántica invasiva con incursiones góspel-soul, y fue a partir del tercero, Algo más, cuando Sesto comenzó a implicarse como productor.

Con la canción central del álbum representó a España en la OTI en 1973 (logró una meritoria quinta plaza) y deslizó debilidades instrumentales griegas en las que dos años después ahondó en Melina, dedicada a Melina Merkouri. Su paso por la OTI fue el preludio de un vínculo con las audiencias latinoamericanas tan o más estrecho que con la española. De hecho, fue allí donde logró más exitos y su figura y su música tuvo millones de seguidores durante años.

Fue en 1975 cuando pudo modificar cierta imagen de ídolo de fans al asumir el papel protagonista de Jesucristo Superstar, que sería elogiado por el mismo Andrew Lloyd Webber. Misión que asumió como un desafío, en la que aireó otros perfiles como intérprete (el más incendiario en Getsemaní) y que le conectó con cierta sensibilidad underground. La obra, con toda su carga polémica, se estrenó en el Teatro Alcalá-Palace, de Madrid, el 6 de noviembre de 1975, en vísperas de la muerte de Franco.

EL GRAN ÉXITO / Aquel Camilo barbudo, productor de los dos primeros sencillos de Miguel Bosé, dio paso a otros álbumes, entre los que cabe destacar Entre amigos (1977; ahí abrió la puerta a piezas de Juan Carlos Calderón y Albert Hammond) y Sentimientos (1978). Este es el disco de El amor de mi vida, con su matador crescendo final, y de su composición definitiva, Vivir así es morir de amor, de estribillo largo y tormentoso, con coros de su entonces novia Andrea Bronston, Linda Wesley y el futuro eurovisivo Sergio Fachelli.

En los 80, su estrella fue perdiendo brillo en España, si bien vivió algún que otro éxito internacional como la balada perfumada My love, dueto con Audrey Landers (la Afton de Dallas). Estados Unidos parecía augurarle más alegrías y trasladó su residencia de Madrid a Miami. En A voluntad del cielo (1991) recuperó su lengua materna en un tema, El meu cor és d’Alcoi, en honor a su localidad natal, donde bautizó una calle.

Camilo Sesto no llegó a normalizar su carrera en la madurez y dio la sensación de que la gestión de su personaje se le escapó de las manos. Retirado oficialmente en el 2010, ocho años después volvió para lanzar Camilo sinfónico, de la mano de voces como Marta Sánchez y Mónica Naranjo, tratando de sacar brillo una vez más a las canciones de su vida.

La capilla ardiente para velar los restos mortales del cantante se instalará hoy en la sede central de la SGAE de Madrid.

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