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El cazador alienígena

Tres películas y dos ‘crossover’ con ‘Alien’ preceden a esta nueva entrega de una saga entre el fantástico, el terror y la aventura

 

El cazador alienígena -

QUIM CASAS
14/09/2018

El primer Predator (1987), estrenado aquí como Depredador, tenía muchos puntos a favor. Lo dirigía John McTiernan, quien al año siguiente obtendría el éxito de su vida con La jungla de cristal. Lo protagonizaba Arnold Schwarzenegger, quien venía de ser Conan y Terminator en otras tantas sagas ilustres del cine de acción (McTiernan y Schwarzenegger se reencontrarían en 1993 con El último gran héroe, donde intentaron relativizar el fenómeno de los héroes del cine de acción con músculo).

Depredador era en el fondo una producción de serie B pero con ambiciones visuales: sus efectos especiales fueron nominados al Oscar. Pero, sobre todo, ponía en escena un personaje de gran fuerza icónica, el predator del título, un cazador alienígena, atávico y cruel, con trenzas de rasta, armadura fibrosa, casco de acero, visión nocturna y boca retráctil al estilo Alien. El personaje permitía combinar en un solo filme el fantástico, el terror y la aventura.

La acción de Depredador acontece en una selva centroamericana convertida en un espacio ominoso e inquietante al estilo de la jungla de El malvado Zaroff, el clásico centrado en la caza del hombre por el nombre. Aquí es el depredador de otro mundo el que acosa y destroza a un grupo de mercenarios que llegan a la zona para rescatar a unos pilotos capturados por la guerrilla local.

Fue un éxito considerable en una época en la que casi todo lo que tocaba Schwarzenegger se convertía en oro: costó 13 millones de euros y en medio año ya había recaudado cerca de 85 millones en todo el mundo. La secuela, Depredador 2 (1990), dirigida por Stephen Hopkins, no se hizo esperar, aunque sin Schwarzenegger y mayor espíritu de entretenida serie B. Entre medio, la industria del comic book le hincó el diente al personaje. Debutó en viñetas en 1989 con la serie de cuatro números Predator. De entre las 22 series gráficas editadas por Dark Horse destaca especialmente Predator: Hell and hot water (1997), dibujada por Mark Schultz, un portento para evocar mundos feroces y antediluvianos.

En plena efervescencia de los crossovers en los cómics, nada mejor, en pantalla grande, que unir a Predator con Alien, dos fuerzas de la naturaleza frente a frente. Entre uno y otro, los humanos no son más que títeres dispuestos a ser aplastados. El especialista Paul W. S. Anderson dirigió Alien vs. Predator (2004), con combates antológicos en plena Antártida, y Colin y Greg Strause oficiaron la discreta secuela Alien vs. Predator 2 (2007).

Pero el encanto se había diluido pese a generar filmes muy parecidos como Outlander (2008), con Jim Caviezel. Así que tocaba hacer algo más espectacular. La saga de Alien puso en manos de James Cameron Aliens (1986), con la criatura original aumentada al cuadrado. La serie Predator no iba a ser menos. El húngaro Nimród Antal realizó Predators (2010), un relato bárbaro por acumulación que invalida aquello de que cuanto más, mejor.

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